Créer un blog Présentation

Nom du blog :
hermanogitano
Description du blog :
Las enseñanzas de la Biblia a la luz - El conocimiento que lleva a vida eterna
Catégorie :
Blog Religion
Date de création :
27.12.2007
Dernière mise à jour :
04.05.2008
RSS

Rubriques

>> Toutes les catégories <<
· Como caer en la idolatria sin darnos cuenta ? (5)
· Creencias falsas (7)
· Desenmascarando a las religiones falsas (22)
· El amor de Jehova Dios (2)
· Evangelio (5)
· Falsedad del Catolicismo (10)
· Jesucristo (4)
· Las enseñansas de la Biblia a la luz (43)
· Manantial de "agua viva" (9)
· Paginas de la Biblia (11)
· Profecias Biblicas (3)
· Que Biblia es la verdadera ? (1)
· Russell y Rutherford (5)
· Similitudes entre religiones (3)
· Testigos Cristianos de Jehová (48)
· Testimonio (3)
· Texto a reflexionar (9)
· Textos similares en la Biblia Catolica y la TNMSE (5)
· Veracidad de la Biblia (8)
· ¡ Despertad ! (12)

Navigation

Accueil
Livre d'or hermanogitano
Créer un blog
Contactez-moi !
Faites passer mon Blog !
Mes blogs et sites préférés

Billets les plus lus

· El nombre divino: su uso y significado
· Como identificar a las religiones falsas
· La cruz. Cristiana o pagana?
· Las potencias mundiales en la Biblia
· Las enseñansas de la Biblia a la luz
· Que es la "gran ramera" ?
· “Babilonia la Grande ha caído!”
· La verdad acerca del Padre, el Hijo y el espíritu santo
· Jesus en un madero. Falsedad o verdad ?
· Los Catolicos y la virgen.

Statistiques



Ajoutez aux favoris 20 derniers commentaires

blessings!
01.05.2008
Fais gaffe !!! mon frere
26.04.2008
oups... ;)
21.04.2008
OUI
21.04.2008
Salut !
20.04.2008
Gracias
04.04.2008
muy hermoso !
04.04.2008
He bien...
03.04.2008
???
03.04.2008
hello
31.03.2008
Oups . LOL
30.03.2008
yes
30.03.2008
...
30.03.2008
re
30.03.2008
que bonito !
30.03.2008
hola !
30.03.2008
Hola
29.03.2008
no quiero hacerlo evangelista
29.03.2008
hola hermano
29.03.2008
y tambien...
28.03.2008
RSS

Blogs 21 à découvrir :

· messagers
· lavoixdelaphilosophienaturelle
· doxayechua
· orthodoxie
· clameurs
· newsathee
· verbes
· oummi
· eer
· theresa

¡“El Primero y el Último”!

Posté le 08.04.2008 par hermanogitano
En la profecía de Isaías 44:6 Jehová Dios dice: “Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios.” Y en Isaías 48:12, 13 dice: “Yo soy el Mismo. Yo soy el primero. Además, soy el último. Además, mi propia mano colocó el fundamento de la tierra, y mi propia diestra extendió los cielos.” También, en el alfabeto griego la primera letra se llama Alfa y la última letra Omega (O Grande); y por eso Jehová Dios de nuevo da énfasis al hecho de que es “el Primero y el Último” diciendo, en Revelación 1:8: “‘Yo soy el Alfa y la Omega,’ dice Jehová Dios, ‘El que es y que era y que viene, el Todopoderoso.’ Y en Revelación 22:13 él dice: “Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin.” Por lo tanto, al hablar de sí mismo como “el Primero y el Último,” ¿está el Señor Jesucristo alegando que es Jehová Dios el Todopoderoso? De ninguna manera, sino que está refiriéndose a sí mismo como el “Primero y el Último” en otro sentido, con relación a otra cosa. ¿Cómo se explica eso?

Esto era con relación a la muerte y la vida. El glorificado Jesucristo en el cielo era entonces, como dice, “el viviente.” Pero, ¿y antes de eso? “Llegué a estar muerto,” dice. Eso fue cuando llegó a ser hombre y vivió por treinta y tres años y medio aquí abajo en la Tierra. Sus enemigos entonces le dieron muerte fijándolo en un madero fuera de Jerusalén. Pero al tercer día el “Rey de la eternidad, incorruptible, invisible, el único Dios,” resucitó a Jesucristo de entre los muertos. (1 Timoteo 1:17) Desde entonces en adelante el resucitado Señor Jesucristo podía decir: “¡Mira! vivo para siempre jamás.” (Revelación 1:17, 18) Al resucitar fue vestido con inmortalidad en la región celestial de espíritus, y por lo tanto ya no puede morir. (1 Pedro 3:18, Val; HA; 1 Corintios 15:45-54; Romanos 6:9) Al morir Jesucristo en la Tierra fue al Hades, que es el sepulcro común de la humanidad. Al tercer día Jehová Dios usó la ‘llave del Hades’ y dejó salir a su Hijo fiel y lo restauró a la vida, para que viva para siempre, inmortal.—Hechos 2:22-36; 13:33-37; 26:23.

¿Podemos ver ahora por qué, con relación a esto, Jesucristo podía hablar de sí mismo como “el Primero y el Último”? Él fue el primero a quien Jehová Dios el Todopoderoso levantó directamente, sin otra agencia, de entre los muertos, no para vivir un poquito de tiempo más y entonces volver a morir, sino para vivir para siempre. Por eso el apóstol Juan podía llamarlo “Jesucristo, ‘el Testigo Fiel,’ ‘El primogénito de los muertos.’” (Revelación 1:5) Además, él fue el primero que fue resucitado de la muerte humana a la vida como espíritu en la región celestial. El propósito de Jehová Dios el Todopoderoso no es el de levantar a otros de la muerte directamente, sin alguna agencia, ni siquiera de la muerte humana a la vida espiritual, celestial. Por esa razón Jesucristo es también “el Último” en tener esta intervención divina directa. ¿Es que no habrá, pues, ninguna otra resurrección de entre los muertos que la de Jesucristo? No, sino que desde entonces en adelante Dios usará a su Hijo resucitado para levantar a todos los demás por los cuales él dio su vida humana perfecta en sacrificio.—Juan 5:21-29.

Esto explica por qué Jesús, después de decir: “¡Mira! vivo para siempre jamás,” añadió las palabras: “Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” Jehová Dios le ha encargado a Jesús desde entonces en adelante el empleo de esa llave de la muerte y esa llave del Hades. Él es a quien Jehová Dios usará para soltar a la humanidad de la muerte que ha heredado de su primer padre humano pecaminoso, Adán, y también del sepulcro común de la humanidad, es decir, el Hades, al cual la generalidad de la humanidad va al morir.

Muy apropiadamente Jesús podía decir: “Yo soy la resurrección y la vida. El que ejerce fe en mí, aunque muera, llegará a vivir; y todo el que vive y ejerce fe en mí no morirá jamás.” (Juan 11:25, 26) Jesús, cuando estuvo en la Tierra como hombre de carne y sangre, también dijo: “A menos que coman la carne del Hijo del hombre y beban su sangre, no tienen vida en ustedes. El que se alimenta de mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día; porque mi carne es verdadero alimento, y mi sangre es verdadera bebida. . . . Así como me envió el Padre viviente y yo vivo a causa del Padre, así también el que se alimenta de mí, sí, ese mismo vivirá a causa de mí. Este es el pan que bajó del cielo. . . . El que se alimenta de este pan vivirá para siempre.”—Juan 6:53-58.

Debido a que el glorificado Jesucristo está vivo de entre los muertos para siempre y tiene poder para eliminar la muerte y el sepulcro a los cuales la humanidad pecaminosa está sujeta, había base sólida para que él dijera al apóstol Juan: “Por lo tanto escribe las cosas que viste, y las cosas que son y las cosas que se efectuarán después de éstas.” (Revelación 1:19) Jesucristo, con vida para siempre y habiendo recibido gran poder, se encargará de que todas las cosas que deben acontecer según el propósito de Jehová Dios ‘se efectúen después de éstas.’

Cristo es el Hijo de Dios y es inferior a él

Posté le 08.04.2008 par hermanogitano
Esto es lo que dice la Biblia Catolica : "Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco." (Mateo 3:17)

Tambien, la TNMSE dice : “¡Mire! También hubo una voz desde los cielos que decía: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado." (Mateo 3:17)

Como pudiera ser que Jesus fuera Dios en la tierra si al mismo tiempo otro que estaba en el cielo decia que ese era su hijo ?
Puede usted explicarlo ? Verdad que no?
Pues vemos bien que la trinidad no se puede ni siquiera explicar.
______________________________
Esto es lo que dice la Biblia Catolica : "...porque el Padre es más grande que yo." (Juan 14:28)

Tambien, la TNMSE dice : "...porque el Padre es mayor que yo.” (Juan 14:28)

Aqui, otro texto mas prueba la falsedad de la trinidad.
Como pudiera Jesus siendo Dios en la tierra, ser menor que su padre ?
______________________________
Esto es lo que dice la Biblia Catolica : "Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre." (Mateo 24:36)

Tambien, la TNMSE dice : "Respecto a aquel día o la hora, nadie sabe, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre." (Mateo 24:36)

Eso es prueba tambien de la falsedad de la doctrina de la trinidad.

Veamos otra :

Esto es lo que dice la Biblia Catolica : "Pero él, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios;" (Hechos 7:55)

Tambien la TNMSE dice : “Mas él, estando lleno de espíritu santo, miró con fijeza al cielo y alcanzó a ver la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios,” (Hechos 7:55)

Como pudiera estar Jesus a la diestra de Dios si en realidad Jesus mismo fuera Dios?
No pudiera ser que Jesus estuviera a la diestra de Dios y Dios a la diestra de Jesus verdad ?

Aumento de testigos Cristianos de Jehova

Posté le 07.04.2008 par hermanogitano
Se puede notar que desde 1985 hasta 2005, la cifra doblo en cuanto a evangelizadores del Reino.

Tambien hubo un aumento extraordinario desde 1985, pues, aunque algunos abandonaron la fe en 1975, el numero de proclamadores aumento mucho.

En cuanto a 2007, hubo 6.957.854 publicadores en 236 paises y territorios.
17.672.443 fue el numero de los asistentes a la conmemoracion, todos reunidos en 101.376 congregaciones.

Hechos 5:38-39 “. . .No se metan con estos hombres, sino déjenlos (porque si este proyecto o esta obra proviene de hombres, será derribada; 39 pero si proviene de Dios, no podrán derribarlos); de otro modo, quizás se les halle a ustedes luchadores realmente contra Dios”.”

“Vayan [...] y hagan discípulos”

Posté le 07.04.2008 par hermanogitano
El agricutor se encara con un grave problema. Algunos meses antes aró sus tierras y sembró las semillas. Bajo su atenta mirada aparecieron los primeros brotes, y con felicidad vio llegar las plantas a su madurez. Ahora ve recompensado todo su arduo trabajo, pues es el momento de cosechar. El problema es que no da abasto para recoger la cosecha. Y como el tiempo del que dispone para recolectar el valioso fruto es limitado, toma la acertada decisión de contratar trabajadores y enviarlos a los campos.

En la primavera del año 33, el resucitado Jesús se encara con una dificultad parecida. Las semillas de la verdad que sembró durante su ministerio en la Tierra han producido una abundante cosecha, y hay que recoger a una gran cantidad de personas que desean ser sus seguidores (Juan 4:35-38). ¿Qué medidas toma? En una montaña de Galilea, poco antes de ascender a los cielos, Jesús encarga a sus discípulos que consigan más trabajadores, diciéndoles: “Vayan, por lo tanto, y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos [...], enseñándoles a observar todas las cosas que yo les he mandado” (Mateo 28:19, 20).

Es en esta misión donde radica precisamente la clave para ser un auténtico seguidor de Cristo. Examinemos, pues, las siguientes tres preguntas: ¿Por qué mandó Jesús conseguir más trabajadores? ¿Cómo preparó a sus discípulos para que pudieran encontrarlos? ¿Qué tiene que ver eso con nosotros?

Cuando Jesús inició su ministerio en el año 29, sabía que no completaría la obra que estaba emprendiendo. El corto tiempo que le quedaba en la Tierra limitaba la cantidad de territorio que podría abarcar, así como la cantidad de personas a las que llevaría el mensaje del Reino. Es verdad que predicó mayormente a judíos y prosélitos, “las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 15:24). Pero, aun así, aquellas “ovejas perdidas” se hallaban dispersas por todo Israel, país con una extensión de miles de kilómetros cuadrados. Además, con el tiempo sería necesario anunciar las buenas nuevas en el resto del mundo (Mateo 13:38; 24:14).

Consciente de que después de su muerte quedaría mucho por hacer, Jesús dijo a sus once apóstoles fieles: “Muy verdaderamente les digo: El que ejerce fe en mí, ese también hará las obras que yo hago; y hará obras mayores que estas, porque yo estoy siguiendo mi camino al Padre” (Juan 14:12). Puesto que el Hijo regresaría al cielo, sus seguidores —no solo los apóstoles, sino también sus futuros discípulos— tendrían que continuar con la obra de predicar y enseñar (Juan 17:20). Jesús reconoció humildemente que las obras de estos serían “mayores” que las suyas. ¿En qué sentido? De tres maneras. Veamos cuáles son.

En primer lugar, los seguidores de Jesús abarcarían más territorio. Su testimonio llega hoy hasta los confines del mundo, mucho más allá de las fronteras dentro de las que él predicó. En segundo lugar, llegarían a más personas. Al pequeño grupo que Jesús dejó en la Tierra se sumaron rápidamente miles y miles de discípulos (Hechos 2:41; 4:4). En la actualidad ascienden a millones, y cada año se bautizan centenares de miles. Y en tercer lugar, los discípulos cristianos predicarían durante más tiempo, hasta nuestros días, casi dos mil años después de que terminara el ministerio de Jesús, que duró tres años y medio.

Al decir que sus seguidores harían “obras mayores”, Jesús manifestó su confianza en ellos, ya que les estaba encomendando una tarea que consideraba de suma importancia, a saber, predicar y enseñar “las buenas nuevas del reino de Dios” (Lucas 4:43). Jesús estaba convencido de que cumplirían fielmente su encargo. ¿Qué significado tiene este hecho para nosotros? Cuando participamos en el ministerio con celo y devoción, demostramos que él no se equivocó al confiar en sus seguidores. ¿No es este un gran privilegio? (Lucas 13:24.)

Jesús preparó de manera extraordinaria a sus discípulos para el ministerio. Ante todo, les dio un ejemplo perfecto (Lucas 6:40). En el capítulo anterior analizamos su actitud hacia el ministerio. Pues bien, pensemos por un momento en aquellos que lo acompañaron en sus viajes de predicación. Estos lo vieron predicar dondequiera que había gente: junto a lagos y colinas, en ciudades y plazas de mercado, y en casas particulares (Mateo 5:1, 2; Lucas 5:1-3; 8:1; 19:5, 6). También observaron su laboriosidad: se levantaba temprano y se mantenía ocupado hasta bien entrada la noche. Sin duda alguna, el ministerio no era para él un simple pasatiempo (Lucas 21:37, 38; Juan 5:17). Seguramente, ellos percibieron que la motivación de Jesús era el profundo amor que sentía por la gente; tal vez pudieron ver en su rostro la compasión que sentía en el corazón (Marcos 6:34). ¿Qué efecto cree usted que produjo en ellos el ejemplo de Jesús? ¿Qué efecto habría producido en usted?

Como seguidores de Cristo, copiamos su ejemplo en nuestro ministerio. Por eso hacemos el máximo esfuerzo a fin de dar un “testimonio cabal” (Hechos 10:42). Al igual que Jesús, vamos a los hogares de las personas (Hechos 5:42). Y si es necesario, adaptamos nuestro programa de actividades diarias para visitarlas cuando haya más probabilidades de hallarlas en su casa. Además, predicamos con discreción en lugares públicos —como calles, parques y tiendas—, así como en el lugar de empleo. Seguimos “trabajando duro y esforzándonos” en nuestro ministerio porque lo tomamos muy en serio (1 Timoteo 4:10). El amor sincero y profundo por nuestros semejantes nos mueve a seguir buscando oportunidades para predicarles a cualquier hora y en cualquier lugar (1 Tesalonicenses 2:8).

Otra forma en que Jesús capacitó a los discípulos fue dándoles instrucciones detalladas. Antes de enviar a predicar primero a los doce apóstoles y después a los setenta discípulos, celebró con ellos lo que pudiéramos llamar sesiones de preparación (Mateo 10:1-15; Lucas 10:1-12). Tal adiestramiento fue muy eficaz, pues según Lucas 10:17, “los setenta volvieron con gozo”. Examinemos dos de las importantes lecciones que enseñó Jesús, teniendo presente que sus palabras han de entenderse dentro del marco de las costumbres judías en tiempos bíblicos.

En primer lugar, Jesús enseñó a sus discípulos a confiar en Jehová. Les ordenó: “No consigan oro, ni plata, ni cobre para las bolsas de sus cintos, ni alforja para el viaje, ni dos prendas de vestir interiores, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su alimento” (Mateo 10:9, 10). Los viajeros acostumbraban llevar una bolsa para el dinero en el cinto, un morral o alforja para las provisiones y un par extra de sandalias. Al mandar a sus discípulos que no se preocuparan por tales cosas, Jesús en realidad les estaba diciendo: “Tengan plena confianza en que Jehová les proveerá lo necesario”. ¿Cómo haría Jehová eso? Impulsaría a quienes aceptaran las buenas nuevas a que los recibieran con hospitalidad, una cualidad muy común en Israel (Lucas 22:35).

En segundo lugar, Jesús enseñó a sus discípulos a evitar las distracciones innecesarias. “No abracen a nadie en saludo por el camino”, les dijo (Lucas 10:4). ¿Estaba enseñándoles a ser descorteses o antipáticos? ¡Por supuesto que no! Lo que sucedía era que en aquellos tiempos el saludo no se limitaba a un simple “hola”, sino que incluía múltiples formalidades y largas conversaciones. Cierto biblista comenta: “Los saludos entre los orientales no consistían —como sucede en las culturas occidentales— en una leve inclinación de cabeza o en extender la mano, sino en muchos abrazos, reverencias y hasta el acto de postrarse en tierra, todo lo cual requería mucho tiempo”. Al decir a sus discípulos que evitaran saludar de la manera acostumbrada, Jesús en cierto modo estaba diciéndoles: “No pierdan ni un minuto porque el mensaje que llevan es urgente”.

Nosotros también tomamos a pecho las instrucciones que Jesús dio a los discípulos del siglo primero. Depositamos nuestra total confianza en Jehová al realizar nuestro ministerio (Proverbios 3:5, 6). Sabemos que, si seguimos “buscando primero el reino”, nunca careceremos de lo indispensable para la vida (Mateo 6:33). Por todo el mundo hay predicadores del Reino de tiempo completo que dan fe de que la mano de Jehová nunca se queda corta, ni siquiera en los momentos más difíciles (Salmo 37:25). Reconocemos asimismo la necesidad de evitar las distracciones, pues si nos descuidamos, este mundo puede desviarnos fácilmente de nuestro objetivo (Lucas 21:34-36). Ahora no es momento para distraernos: hay vidas en juego, y el mensaje que llevamos es urgente (Romanos 10:13-15). Mantener vivo en el corazón el sentido de urgencia impedirá que las distracciones de este mundo nos roben el tiempo y la energía que sería mejor emplear en el ministerio. No olvidemos que el tiempo es corto, y la cosecha, abundante (Mateo 9:37, 38).

Con las palabras “Vayan [...] y hagan discípulos”, el resucitado Jesucristo dejó en manos de sus seguidores una gran responsabilidad. Él no estaba pensando solamente en los discípulos que se habían congregado en la montaña de Galilea aquel día primaveral. Su encargo fue predicar a “gente de todas las naciones”, y esta obra seguiría efectuándose “hasta la conclusión del sistema de cosas”, por lo que evidentemente todos sus seguidores, incluidos nosotros, debemos participar en ella. Analicemos con más detalle el mandato que Cristo dio en Mateo 28:18-20.

Antes de encomendar la misión de hacer discípulos, Jesús dijo: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y sobre la tierra” (versículo 18). ¿Tiene Jesús realmente tanta autoridad? ¡Claro que sí! Él es el arcángel, y capitanea miríadas y miríadas de ángeles (1 Tesalonicenses 4:16; Revelación 12:7). Como “cabeza de la congregación”, tiene autoridad sobre sus discípulos en la Tierra (Efesios 5:23). Además, gobierna desde 1914 como Rey Mesiánico en el cielo (Revelación 11:15). Incluso posee autoridad sobre la sepultura, pues tiene el poder de resucitar a los muertos (Juan 5:26-28). Al referirse primero a su gran autoridad, Jesús indica que lo que va a decir a continuación no es una sugerencia, sino un mandato; y puesto que la fuente de tal autoridad no es él, sino Dios mismo, lo más sabio es obedecerle (1 Corintios 15:27).

Ahora Jesús pasa a explicar la misión en sí, la cual comienza con una sola palabra: “Vayan” (versículo 19). Como vemos, él quiere que seamos nosotros quienes vayamos y llevemos a otros el mensaje del Reino. Para cumplir con esta encomienda podemos usar diversos métodos. Por ejemplo, predicamos de casa en casa, lo cual es una de las formas más eficaces de tener contacto personal con la gente (Hechos 20:20). También creamos oportunidades para dar testimonio informalmente, pues estamos deseosos de entablar conversaciones sobre las buenas nuevas en cualquier momento oportuno del día. Y aunque los métodos en sí varían según las necesidades y circunstancias locales, hay una cosa que no cambia: todos ‘vamos’ y buscamos hasta descubrir quién es merecedor (Mateo 10:11).

Entonces, Jesús pasa a explicar cuál es el objetivo de nuestra misión: “[Hacer] discípulos de gente de todas las naciones” (versículo 19). ¿Cómo lo logramos? Pues bien, un discípulo es un aprendiz, alguien a quien se enseña. Pero hay algo más implicado en hacer discípulos. Cuando ayudamos a alguien a estudiar la Biblia, no queremos que simplemente llene su mente de conocimiento. Queremos que se convierta en un seguidor de Cristo. Por eso, siempre que podemos, resaltamos el ejemplo de Jesús, para que el estudiante aprenda a verlo como su Maestro y Modelo, imite su modo de vida y haga la misma obra que él hizo (Juan 13:15).

Un elemento fundamental de la misión se expresa con la frase: “Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del espíritu santo” (versículo 19). El bautismo es el paso más importante que da un discípulo en su vida, pues es una demostración clara de que se ha dedicado a Dios sin reservas; de ahí que sea un paso esencial para la salvación (1 Pedro 3:21). Al discípulo bautizado que sigue haciendo todo cuanto puede en el servicio a Jehová le esperan infinitas bendiciones en el venidero nuevo mundo. ¿Ha ayudado usted a alguien a hacerse discípulo bautizado de Cristo? Si así es, habrá comprobado que no hay otra cosa que cause más gozo en el ministerio cristiano (3 Juan 4).

Jesús explica la siguiente parte de la misión al decir: “Enseñándoles a observar todas las cosas que yo les he mandado” (versículo 20). Los cristianos enseñamos a los nuevos a obedecer los mandatos de Jesús, entre ellos amar a Dios y al prójimo y hacer discípulos (Mateo 22:37-39). Les enseñamos gradualmente a explicar las verdades bíblicas y a defender su fe, que va aumentando de día en día. Cuando reúnen los requisitos para participar en la predicación pública, los acompañamos y les mostramos con nuestras palabras y ejemplo cómo hacerlo de manera efectiva. Ahora bien, la instrucción que damos a los nuevos discípulos quizá continúe después de su bautismo, pues es probable que necesiten ayuda para hacer frente a las dificultades que se presentan al seguir a Cristo (Lucas 9:23, 24).

Las palabras finales de la misión encomendada por Jesús son muy alentadoras: “¡Miren!, estoy con ustedes todos los días hasta la conclusión del sistema de cosas” (Mateo 28:20). Jesús reconoce lo importante que es nuestra labor, y sabe que quienes se oponen a veces reaccionarán con hostilidad (Lucas 21:12). Pero no hay por qué temer, pues nuestro Líder no espera que hagamos nuestra tarea solos, sin auxilio de ningún tipo. ¿No nos consuela saber que contamos con el apoyo de Aquel que tiene “toda autoridad [...] en el cielo y sobre la tierra”?

Jesús prometió a sus discípulos que los acompañaría en su ministerio a lo largo de los siglos, hasta “la conclusión del sistema de cosas”. Tenemos que seguir cumpliendo con la misión que Jesús nos encargó hasta que llegue el fin. Este no es el momento de aflojar el paso. Ahora mismo se está recogiendo una abundante cosecha espiritual; son muchos los que abrazan las buenas nuevas. Como seguidores de Cristo, determinémonos a cumplir con la importante misión que se nos ha encomendado; sí, resolvámonos a emplear nuestro tiempo, energías y recursos para cumplir el mandato de Cristo: “Vayan [...] y hagan discípulos”.

[Notas]

La bolsa del cinto era probablemente un cinturón con un bolsillo incorporado que se usaba para llevar monedas. La alforja era una bolsa más grande, generalmente de cuero, que se colgaba del hombro y en la que se llevaba comida u otras provisiones.

El profeta Eliseo le dio la misma orden a su criado, Guehazí, cuando lo envió a la casa de una mujer cuyo hijo había muerto: “En caso de encontrarte con alguien, no debes saludarlo” (2 Reyes 4:29). Se trataba de una misión urgente y no había tiempo que perder.

Puesto que la mayoría de sus seguidores se hallaban en Galilea, quizás fue en la ocasión narrada en Mateo 28:16-20 cuando el resucitado Jesús se apareció “a más de quinientos hermanos” (1 Corintios 15:6). Es posible, pues, que hubiera centenares presentes cuando Jesús encomendó la misión de hacer discípulos.

Considerando con sumo cuidado al que ha aguantado

Posté le 07.04.2008 par hermanogitano
La presion a la que se enfrenta es muy intensa. Jesús nunca ha sentido tanta angustia mental y emocional. Se encuentra en las últimas horas de su vida en la Tierra, y se dirige, acompañado de sus discípulos, a un lugar conocido: el jardín de Getsemaní. Ya se han reunido allí a menudo, pero esta noche necesita estar un rato a solas. Jesús se separa de ellos, se adentra en el jardín y, arrodillándose, empieza a orar. Son tan fervientes sus oraciones y es tan profunda su aflicción que su sudor se hace “como gotas de sangre que [caen] al suelo” (Lucas 22:39-44).

¿Por qué está tan afligido? Es verdad que sabe que poco después va a sufrir dolor físico extremo, pero esa no es la razón por la que se siente así. Sobre él pesan asuntos mucho más importantes. Le preocupa profundamente el nombre de su Padre; además, es consciente de que el futuro de la familia humana depende de su fidelidad. Sabe lo vital que es que aguante; si falla, el nombre de Jehová quedará deshonrado. Pero no falla. Más tarde, ese mismo día, cuando está por exhalar su último suspiro, el hombre que ha sido el mayor ejemplo de aguante en la Tierra exclama triunfante: “¡Se ha realizado!” (Juan 19:30).

La Biblia nos insta a “consider[ar] con sumo cuidado y atención al que ha aguantado”, es decir, a Jesús (Hebreos 12:3). Ante esto, surgen varias preguntas importantes: ¿Qué situaciones penosas aguantó? ¿Qué le ayudó a resistir? ¿Cómo podemos copiar su ejemplo? Pero antes de dar respuesta a estos interrogantes, examinemos lo que implica el aguante.

De vez en cuando, todos somos afligidos “por diversas pruebas” (1 Pedro 1:6). Ahora bien, el hecho de que alguien pase por una prueba, ¿significa forzosamente que está aguantando? En realidad, no. El sustantivo griego que se traduce “aguante” significa “la acción de permanecer firme [...] frente a los males que acosan”. Hablando del aguante al que se refieren los escritores de la Biblia, cierto estudioso en la materia explica: “Es el espíritu que puede sobrellevar las cargas por su esperanza inflamada, no por simple resignación [...]. Es la cualidad que mantiene a un hombre firme contra los elementos. Es la virtud que puede transmutar en gloria a la desgracia más grande, porque, más allá del dolor, ve la meta”.

Por lo tanto, aguantar no es solo cuestión de sufrir penalidades porque no hay manera de evitarlas. En sentido bíblico implica firmeza, mantener la debida actitud mental, sin perder la esperanza ante la adversidad. A modo de ilustración, pensemos en dos hombres que están presos en condiciones semejantes, pero por motivos muy distintos. Uno es un delincuente común que cumple su condena con resentimiento y amargura. El otro es un cristiano que, aunque ha sido encarcelado por su lealtad, permanece fiel y mantiene una actitud positiva porque ve en su situación una oportunidad de demostrar su fe. Difícilmente consideraríamos al malhechor un modelo de aguante, ¿verdad? Sin embargo, el cristiano leal sería para nosotros un ejemplo perfecto de esta invaluable cualidad (Santiago 1:2-4).

El aguante es indispensable para alcanzar la salvación (Mateo 24:13). Sin embargo, no nacemos con esta cualidad tan necesaria; tenemos que cultivarla. ¿Cómo? “La tribulación produce aguante”, afirma Romanos 5:3. Efectivamente, si de veras queremos desarrollar aguante, no podemos huir temerosos ante las pruebas de fe; al contrario, tenemos que hacerles frente. El aguante es el resultado de afrontar y vencer las pruebas grandes y pequeñas que se nos presentan a diario. Cada prueba que superamos nos fortalece para resistir la siguiente. Desde luego, no adquirimos aguante por nuestra propia cuenta, sino que “depend[emos] de la fuerza que Dios suministra” (1 Pedro 4:11). A fin de ayudarnos a permanecer firmes, Jehová nos ha dado la mejor ayuda disponible: el ejemplo de su Hijo. Analicemos el intachable historial de aguante de Jesús.

Al aproximarse el fin de su vida en la Tierra, Jesús aguantó una crueldad tras otra. Aparte de la gran tensión mental que experimentó la última noche, piense en las desilusiones que debió de sufrir y en las humillaciones que soportó. Traicionado por uno de los suyos y abandonado por sus amigos más allegados, fue sometido a un juicio ilegal por el tribunal religioso más importante del país, cuyos miembros se burlaron de él, le escupieron y le dieron puñetazos. Sin embargo, aguantó todo con imperturbable dignidad y fortaleza (Mateo 26:46-49, 56, 59-68).

En sus últimas horas de vida, Jesús experimentó gran dolor físico. Fue flagelado de una manera tan brutal que —según se dice— los azotes le causaron “profundos cortes en forma de tiras y una considerable pérdida de sangre”. Luego fue clavado en un poste, ejecutado de un modo que producía “una muerte lenta con el máximo dolor y sufrimiento”. Piense en el terrible martirio que debió de haber sufrido cuando le hincaron largos clavos en las manos y los pies (Juan 19:1, 16-18). Imagínese el indescriptible dolor que soportó cuando alzaron el madero y todo el peso de su cuerpo quedó suspendido de los clavos, con su espalda desgarrada rozando la áspera superficie del poste. Y Jesús soportó este despiadado tormento a la vez que llevaba sobre sí una pesada carga emocional, como se mencionó al comienzo del capítulo.

Como seguidores de Cristo, ¿qué cosas pudiera tocarnos aguantar? Jesús dijo: “Si alguien quiere venir en pos de mí, [...] tome su madero de tormento y sígame de continuo” (Mateo 16:24). La expresión “madero de tormento” simboliza aquí el sufrimiento, la vergüenza y hasta la misma muerte. Seguir a Cristo no es fácil. Las normas cristianas nos hacen diferentes, y el mundo nos odia porque no somos parte de él (Juan 15:18-20; 1 Pedro 4:4). Aun así, estamos dispuestos a tomar nuestro madero de tormento, sí, estamos listos para sufrir —y hasta morir— antes que dejar de seguir a nuestro Modelo (2 Timoteo 3:12).

Hubo otras situaciones difíciles a las que Jesús se enfrentó durante su ministerio: las causadas por las imperfecciones de quienes lo rodeaban. Recordemos que él fue el “obrero maestro” cuando Jehová creó la Tierra y todas las formas de vida que la pueblan (Proverbios 8:22-31). Por lo tanto, sabía bien que Jehová se proponía que los seres humanos reflejaran sus cualidades y gozaran de la vida en salud perfecta (Génesis 1:26-28). Sin embargo, ya en la Tierra, Jesús vio desde otra perspectiva los estragos causados por el pecado, pues él mismo era un hombre, capaz de experimentar los sentimientos y emociones humanos. ¡Qué triste debió de sentirse al comprobar por sí mismo cuánto se había alejado la humanidad de la perfección que en su día tuvieron Adán y Eva! La situación le suponía una prueba. ¿Se desanimaría y se daría por vencido? ¿Consideraría a los seres humanos un caso perdido? Veamos lo que hizo.

En cierta ocasión, Jesús se afligió tanto al ver lo insensibles que eran los judíos que lloró abiertamente. Sin embargo, ¿logró la indiferencia de aquel pueblo que su celo se apagara o que dejara de predicar? Todo lo contrario: siguió “enseña[ndo] diariamente en el templo” (Lucas 19:41-44, 47). En otra ocasión, cuando vio que los fariseos lo vigilaban para ver si curaba a un hombre en sábado, se sintió “cabalmente contristado” por su duro corazón. Pero ¿se dejó intimidar por aquellos santurrones? En absoluto. De hecho, curó al hombre allí, ¡en el mismo centro de la sinagoga! (Marcos 3:1-5.)

Las debilidades de sus discípulos más cercanos también debieron de ser una prueba para Jesús. Como vimos en el capítulo 3, estos manifestaron un deseo constante de conseguir prominencia (Mateo 20:20-24; Lucas 9:46). Más de una vez, Jesús los aconsejó sobre la necesidad de ser humildes (Mateo 18:1-6; 20:25-28). Pero les costaba aplicar su consejo. De hecho, en la última noche que él estuvo con ellos se produjo “una disputa acalorada” sobre quién era el más importante (Lucas 22:24). ¿Se dio por vencido Jesús pensando que eran un caso perdido? Claro que no. Paciente como siempre, mantuvo una actitud positiva y confiada, y centró su atención en las cosas buenas que tenían. Sabía que en el fondo amaban a Jehová y que de verdad querían hacer la voluntad divina (Lucas 22:25-27).

Es posible que nosotros pasemos por pruebas similares a las de Jesús. Por ejemplo, quizás nos encontremos con personas que son indiferentes o hasta contrarias al mensaje del Reino. ¿Nos desanimará su actitud negativa, o seguiremos predicando con celo? (Tito 2:14.) Las imperfecciones de nuestros hermanos en la fe también pueden representar una prueba. Una palabra irreflexiva o un acto desconsiderado por parte de ellos puede herir nuestros sentimientos (Proverbios 12:18). ¿Dejaremos que sus defectos nos hagan pensar que son un caso perdido, o seguiremos soportando sus faltas y concentrándonos en sus buenas cualidades? (Colosenses 3:13.)

¿Qué contribuyó a que Jesús se mantuviera firme y siguiera fiel a Jehová a pesar de todos los padecimientos, humillaciones y desilusiones que sufrió? Cabe destacar dos factores importantes. En primer lugar, miró hacia arriba, por así decirlo, para apelar al “Dios que suministra aguante” (Romanos 15:5). En segundo lugar, miró hacia adelante al centrar la atención en los resultados que obtendría si aguantaba. Analicemos estos dos factores por separado.

Aunque Jesús era el Hijo perfecto de Dios, no confió en sus propias fuerzas para aguantar, sino que acudió a su Padre celestial por ayuda. El apóstol Pablo escribió: “Cristo ofreció ruegos y también peticiones a Aquel que podía salvarlo de la muerte, con fuertes clamores y lágrimas” (Hebreos 5:7). Observe que Jesús “ofreció” no solo peticiones, sino también ruegos. El término ruego se refiere a una súplica especialmente sincera e intensa; significa implorar ayuda. La palabra “ruegos”, en plural, indica que Jesús le imploró a Jehová en más de una ocasión. De hecho, en el jardín de Getsemaní, él oró con fervor una y otra vez (Mateo 26:36-44).

Jesús tenía plena confianza en que Jehová escucharía sus ruegos, pues sabía que su Padre es el “Oidor de la oración” (Salmo 65:2). Durante su existencia prehumana, el Hijo primogénito había visto al Padre contestar las oraciones de sus siervos fieles. Él estaba en los cielos cuando Jehová envió a un ángel para responder a la oración sincera del profeta Daniel, incluso antes de que terminara de orar (Daniel 9:20, 21). ¿Cómo, entonces, no iba a contestar el Padre a su Hijo unigénito cuando este le abriera su corazón “con fuertes clamores y lágrimas”? Jehová respondió a las súplicas de su Hijo y mandó a un ángel para que lo fortaleciera y así pudiera resistir la prueba (Lucas 22:43).

Para no rendirnos ante las adversidades, nosotros también tenemos que mirar hacia arriba, por así decirlo, pues es necesario que alcemos los ojos al cielo, al Dios que “imparte poder” (Filipenses 4:13). Si el Hijo perfecto de Dios sintió la necesidad de implorar ayuda a Jehová, ¡cuánto más tendremos que hacerlo nosotros! Como Jesús, tal vez tengamos que suplicarle a Jehová en repetidas ocasiones (Mateo 7:7). Aunque no esperamos recibir una visita angelical, de una cosa sí estamos seguros: nuestro amoroso Dios responderá a las plegarias del cristiano leal que “persiste en ruegos y oraciones noche y día” (1 Timoteo 5:5). Sean cuales sean las pruebas que afrontemos —la mala salud, la muerte de un ser querido o la persecución—, Jehová nos responderá cuando le pidamos con fervor que nos conceda sabiduría, valor y fuerzas para aguantar (2 Corintios 4:7-11; Santiago 1:5).

El segundo factor que hizo posible que Jesús aguantara es que él miró hacia adelante, más allá del sufrimiento, a lo que le aguardaba. “Por el gozo que fue puesto delante de él aguantó un madero de tormento”, dice la Biblia (Hebreos 12:2). El ejemplo de Jesús ilustra el vínculo que existe entre la esperanza, el gozo y el aguante. Pudiéramos resumirlo así: la esperanza conduce al gozo, y el gozo, al aguante (Romanos 15:13; Colosenses 1:11). Jesús tenía ante sí perspectivas maravillosas. Sabía que con su fidelidad contribuiría a vindicar la soberanía de su Padre y podría recomprar a la humanidad del pecado y la muerte. Además, abrigaba la esperanza de ser Rey y Sumo Sacerdote, lo que traería mayores bendiciones a los seres humanos obedientes (Mateo 20:28; Hebreos 7:23-26). Al concentrarse en las perspectivas y la esperanza que tenía por delante, Jesús sintió un gozo infinito, y ese gozo, a su vez, le ayudó a aguantar.

Al igual que Jesús, debemos dejar que la esperanza, el gozo y el aguante obren juntos en favor de nosotros. “Regocíjense en la esperanza”, instó el apóstol Pablo. Y añadió: “Aguanten bajo tribulación” (Romanos 12:12). ¿Está usted pasando ahora mismo por una prueba severa de su fe? Entonces, mire hacia adelante. No pierda de vista el hecho de que su aguante alabará el nombre de Jehová. Mantenga una visión clara de la valiosa esperanza del Reino. Transpórtese al cercano nuevo mundo de Dios e imagínese disfrutando de las bendiciones del Paraíso. Verá que siente un gran gozo mientras espera con ilusión el cumplimiento de las maravillosas promesas de Jehová, entre ellas la vindicación de su soberanía, la eliminación de la maldad en la Tierra y el fin de la enfermedad y la muerte. Y con ese gozo en su corazón podrá aguantar cualquier prueba que le sobrevenga. Así es: comparada con el cumplimiento de la esperanza del Reino, toda tribulación que padezcamos en este mundo es ciertamente “momentánea y liviana” (2 Corintios 4:17).

Jesús sabía que ser seguidor suyo conllevaría dificultades, que exigiría aguante (Juan 15:20). Estaba listo para marcar el camino, consciente de que su ejemplo animaría a otros (Juan 16:33). Por supuesto, él fue el ejemplo perfecto de aguante, mientras que nosotros estamos muy lejos de la perfección. Entonces, ¿qué espera Jehová de nosotros? Pedro explica: “Cristo sufrió por ustedes, dejándoles dechado para que sigan sus pasos con sumo cuidado y atención” (1 Pedro 2:21). La manera como él se enfrentó a las pruebas es un “dechado”, es decir, un modelo o ejemplo que imitar. El historial de aguante que se labró puede compararse a “pasos”, o pisadas. Aunque somos incapaces de seguirlos a la perfección, sí podemos seguirlos “con sumo cuidado y atención”.

Resolvámonos, por lo tanto, a seguir el ejemplo de Jesús lo mejor que podamos. No olvidemos nunca que cuanto más atentamente sigamos sus pisadas, mejor preparados estaremos para aguantar “hasta el fin”, ya sea el fin de este viejo mundo o el fin de nuestra vida actual. No sabemos qué llegará primero, pero sí sabemos esto: Jehová premiará nuestro aguante por toda la eternidad (Mateo 24:13).

[Nota]

El vocablo griego traducido “dechado” significa literalmente “escrito debajo”. El apóstol Pedro es el único escritor de las Escrituras Griegas Cristianas que lo utiliza. Según se dice, esta palabra alude a “la muestra de letras o trazos que se escribía en un cuaderno para que los escolares la copiaran con la mayor fidelidad posible”.

El León que es de la tribu de Judá

Posté le 07.04.2008 par hermanogitano
Una violenta muchedumbre sale en busca de Jesús. Los hombres van armados con espadas y con palos, y los acompaña una tropa de soldados. Alentados por un mismo propósito malvado, cruzan las oscuras calles de Jerusalén y se encaminan hacia el monte de los Olivos, en el valle de Cedrón. Aunque es noche de luna llena, portan lámparas y antorchas. ¿Para qué? ¿Para alumbrar el camino porque las nubes ocultan la luz de la luna? ¿O será que piensan que su presa está escondida entre las sombras? Una cosa es cierta: quien crea que Jesús se va a asustar no lo conoce.

Aunque conoce el peligro que se avecina, Jesús no se mueve de donde está. La muchedumbre se acerca, con Judas a la cabeza. Este, que había sido uno de los amigos de confianza del Maestro, lo traiciona descaradamente identificándolo con un saludo hipócrita y un beso. Jesús permanece tranquilo. Dando un paso al frente, pregunta: “¿A quién buscan?”. “A Jesús el Nazareno”, responden ellos.

Cualquiera retrocedería aterrorizado ante semejante multitud armada. Quizás eso es lo que ellos esperan que haga el hombre que tienen delante. Pero Jesús no se acobarda, no huye, no se escuda en una mentira. Simplemente dice: “Soy yo”. Su porte revela tanta serenidad y valentía que los hombres retroceden asombrados y caen al suelo (Juan 18:1-6; Mateo 26:45-50; Marcos 14:41-46).

¿Cómo podía Jesús enfrentarse a una situación tan peligrosa sin perder ni un solo momento la compostura ni el dominio de sí mismo? La respuesta se resume en una sola palabra: valor. Pocas virtudes son tan admiradas o tan esenciales en un líder, y en esto ningún hombre jamás ha igualado —y mucho menos sobrepasado— a Jesús. En el capítulo anterior aprendimos sobre su humildad y mansedumbre, cualidades por las que se le llamó apropiadamente “el Cordero” (Juan 1:29). Sin embargo, su valor lo hace merecedor de una designación muy distinta. La Biblia dice del Hijo de Dios: “¡Mira! El León que es de la tribu de Judá” (Revelación 5:5).

Se suele asociar al león con la valentía. ¿Se ha encontrado usted cara a cara con un león adulto alguna vez? En tal caso, lo más probable es que haya estado separado de él por una valla protectora en el zoológico. Con todo, la experiencia puede ser sobrecogedora. Al mirar a la cara a este corpulento y fiero animal, mientras él nos clava los ojos, difícilmente nos lo imaginemos huyendo despavorido de algo. La Biblia dice que el león “es el más poderoso entre las bestias, y que no se vuelve atrás de delante de nadie” (Proverbios 30:30). Así de valeroso es Cristo.

Examinemos tres aspectos en los que Jesús ha demostrado un valor como el del león: al defender la verdad, al promover la justicia y al afrontar oposición. Veremos también que todos —seamos valientes por naturaleza o no— podemos imitarlo y manifestar esa cualidad.

En este mundo dominado por Satanás, “el padre de la mentira”, hace falta valor para defender la verdad (Juan 8:44; 14:30). Jesús no esperó a ser adulto para hacerlo, como lo revela cierto episodio de su vida. A los 12 años estuvo separado de sus padres después de celebrar la fiesta de la Pascua en Jerusalén. Tras buscarlo desesperadamente por tres días, María y José al fin lo hallaron en el templo. ¿Qué estaba haciendo? Estaba “sentado en medio de los maestros, [...] escuchándoles e interrogándolos” (Lucas 2:41-50). Piense en el ambiente en que se desarrolló aquella conversación.

Según los historiadores, algunos de los guías religiosos más ilustres se quedaban en el templo después de las fiestas para enseñar a la gente en alguno de sus amplios atrios. Las personas se sentaban a sus pies, escuchando y haciendo preguntas. Estos maestros eran hombres muy instruidos. Tenían profundos conocimientos de la Ley mosaica, así como del sinfín de complejas leyes y tradiciones humanas que se habían multiplicado con los años. ¿Cómo se hubiera sentido usted allí en medio de ellos? ¿Intimidado? No es para menos. ¿Y si tuviera apenas 12 años? Muchos niños son tímidos (Jeremías 1:6). Algunos tratan por todos los medios de pasar inadvertidos en la escuela, pues tienen miedo de que sus maestros les hagan una pregunta o que los elijan para hacer algo, miedo de pasar vergüenza o de hacer el ridículo.

Sin embargo, ahí estaba Jesús, sentado en medio de aquellos expertos, interrogándolos valerosamente sobre cuestiones profundas. Y no solo eso, pues el relato añade: “Todos los que le escuchaban quedaban asombrados de su entendimiento y de sus respuestas” (Lucas 2:47). Aunque la Biblia no especifica de qué habló en esa ocasión, es seguro que no repitió las falsedades que eran tan populares entre aquellos maestros religiosos (1 Pedro 2:22). Por el contrario, Jesús defendió la verdad de la Palabra de Dios, y todos los que lo oyeron sin duda se maravillaron de ver a un niño de 12 años expresarse con tanta inteligencia y valor.

En la actualidad, una cantidad innumerable de jóvenes cristianos sigue las pisadas del Maestro. Es verdad que no son perfectos, como lo fue Jesús, pero sí copian su ejemplo porque no esperan a ser adultos para defender la verdad. Ya sea en la escuela o en su comunidad, enseñan con respeto la verdad a los demás, haciéndoles preguntas con tacto y escuchando su respuesta (1 Pedro 3:15). Como grupo, han ayudado a compañeros de clase, maestros y vecinos a hacerse seguidores de Cristo. ¡Cuánto debe complacerle a Jehová el valor de estos jóvenes! Su Palabra los asemeja a gotas de rocío: refrescantes, agradables y numerosos (Salmo 110:3).

En su vida adulta, Jesús siguió defendiendo la verdad con valor. De hecho, su ministerio empezó con una confrontación que muchos calificarían de aterradora. Tuvo que enfrentarse a Satanás —el más fuerte y peligroso de todos los enemigos de Jehová—, pero no en calidad de poderoso arcángel, sino como un simple hombre de carne y hueso. Jesús rechazó al Diablo y refutó su aplicación tergiversada de unas palabras inspiradas por Dios. El encuentro terminó con la enérgica orden de Jesús: “¡Vete, Satanás!” (Mateo 4:2-11).

Así, Jesús marcó el objetivo que seguiría su ministerio, a saber, defender con valentía la Palabra de su Padre contra los intentos de torcerla o manipularla. En ese entonces —al igual que ahora— reinaba la deshonestidad religiosa, como se hace evidente por lo que Jesucristo les dijo a los líderes espirituales de su día: “Invalidan la palabra de Dios por la tradición suya que ustedes transmitieron” (Marcos 7:13). Aunque el pueblo reverenciaba a aquellos hombres, Jesús no tuvo reparos en denunciarlos como guías ciegos e hipócritas (Mateo 23:13, 16). ¿Cómo podemos copiar su valeroso ejemplo?

Desde luego, debemos recordar que, a diferencia de Jesús, nosotros no podemos leer los corazones ni tenemos autoridad para juzgar; pero sí podemos defender la verdad con el mismo valor que él. Por ejemplo, cuando ponemos al descubierto las falsedades religiosas —las mentiras que con tanta frecuencia se han enseñado acerca de Dios, sus propósitos y su Palabra—, iluminamos a un mundo sumido en las tinieblas por la propaganda de Satanás (Mateo 5:14; Revelación 12:9, 10). Ayudamos a la gente a librarse de la esclavitud a las doctrinas falsas que le llenan el corazón de un temor enfermizo y envenenan su relación con Dios. ¡Qué privilegiados somos al observar el cumplimiento de la promesa de Jesús: “Conocerán la verdad, y la verdad los libertará”! (Juan 8:32.)

La Biblia predijo que el Mesías aclararía a las naciones “lo que es la justicia” (Mateo 12:18; Isaías 42:1). No cabe duda de que Jesús comenzó esa labor cuando estuvo en la Tierra. Siempre trató a los demás de manera justa y equitativa, lo que exigió gran valor de su parte. Por ejemplo, se negó a adoptar actitudes contrarias a las Escrituras, como los prejuicios y el fanatismo que predominaban a su alrededor.

Cuando los discípulos lo encontraron hablando con una mujer de Samaria en el pozo de Sicar, se asombraron. ¿Por qué? Porque en aquel entonces los judíos en general detestaban a los samaritanos, un sentimiento que venía de muchos años atrás (Esdras 4:4). Y a eso se sumaba el desprecio que los rabinos sentían hacia las mujeres. Sus leyes, puestas por escrito tiempo después, disuadían a los hombres de hablar con ellas y hasta insinuaban que las mujeres no merecían que se les enseñara la Ley de Dios. Las samaritanas en particular eran consideradas inmundas. Pasando por alto tales prejuicios, Jesús le enseñó abiertamente a esta mujer —que llevaba una vida inmoral—, e incluso le reveló que era el Mesías (Juan 4:5-27).

¿Ha estado usted alguna vez en compañía de gente cargada de prejuicios? Es muy probable que hagan bromas despectivas sobre personas de otra raza o nación, o que hablen con desdén de los miembros del sexo opuesto, o que menosprecien a los que tienen una posición social o económica inferior. Quienes somos seguidores de Cristo, por nuestra parte, evitamos esas detestables actitudes y nos esforzamos por erradicar del corazón todo rastro de prejuicio (Hechos 10:34). Así que todos nosotros debemos cultivar el valor necesario para obrar con justicia a este respecto.

El valor también llevó a Jesús a luchar por la pureza del pueblo de Dios y por todo lo relacionado con la adoración pura. En los comienzos de su ministerio entró en el templo de Jerusalén y se horrorizó al ver a los mercaderes y cambistas comerciando allí. Lleno de justa indignación, echó fuera a estos hombres codiciosos junto con sus mercancías (Juan 2:13-17). Un episodio similar se produjo al final de su ministerio (Marcos 11:15-18). Aunque con estas acciones Jesús debió de ganarse la enemistad de hombres poderosos, no por ello vaciló. ¿Por qué? Porque desde niño llamaba al templo la casa de su Padre, y lo hacía de todo corazón (Lucas 2:49). Que se profanara el lugar donde se adoraba a Jehová era una injusticia que no podía tolerar. El celo por la adoración verdadera le dio el valor necesario para hacer lo que debía.

A los cristianos también nos interesa mucho la pureza del pueblo de Dios y todo lo que tiene que ver con la adoración pura. Por eso, si vemos que un hermano en la fe comete un pecado grave, no hacemos la vista gorda, sino que le hablamos con valor o nos aseguramos de que los ancianos de la congregación lo sepan (1 Corintios 1:11). Los ancianos pueden ayudar a quienes están enfermos espiritualmente y tomar medidas para preservar la pureza de las ovejas de Jehová (Santiago 5:14, 15).

Ahora bien, ¿debemos llegar a la conclusión de que Jesús combatió la injusticia social del mundo en general? Es verdad que vivió rodeado de injusticias. Su país se hallaba ocupado por una potencia extranjera, Roma, la cual oprimía a los judíos con una fuerte presencia militar, les imponía altos impuestos e interfería en la religión. No es de extrañar, por lo tanto, que muchos hayan querido que Jesús interviniera en la política (Juan 6:14, 15). Una vez más, su valor entró en acción.

Jesús explicó que su Reino no era parte del mundo. Con su ejemplo, instruyó a los discípulos para que se mantuvieran al margen de los conflictos políticos de su día y se dedicaran, más bien, a predicar las buenas nuevas del Reino de Dios (Juan 17:16; 18:36). Cuando una muchedumbre fue a arrestarlo, enseñó una impactante lección de neutralidad. Sucedió que, impulsivamente, el apóstol Pedro sacó la espada e hirió a un hombre. Su reacción es muy comprensible, pues si acaso alguna vez pareció justificada la violencia, fue aquella noche, cuando se atacó al inocente Hijo de Dios. No obstante, Jesús fijó la pauta que sus discípulos habrían de seguir hasta el día de hoy, diciendo: “Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman la espada perecerán por la espada” (Mateo 26:51-54). Los seguidores de Cristo necesitaron valor para mantener una actitud pacífica, y lo mismo necesitamos hoy. Gracias a su neutralidad cristiana, el pueblo de Dios tiene un historial intachable en lo referente a las guerras, matanzas, revueltas y otros incontables actos violentos que se han producido en nuestra época. Tal testimonio histórico constituye un verdadero homenaje a su valor.

El Hijo de Jehová sabía de antemano que enfrentaría fuerte oposición en la Tierra (Isaías 50:4-7). Las repetidas amenazas de muerte de que fue objeto culminaron en el episodio relatado al principio de este capítulo. ¿Cómo pudo mostrarse tan valeroso ante semejantes peligros? Pues bien, ¿qué estaba haciendo poco antes de que la muchedumbre lo apresara? Estaba orando con fervor a Jehová. ¿Y qué hizo Jehová? La Biblia dice que Jesús “fue oído favorablemente” (Hebreos 5:7). De hecho, Jehová envió a un ángel del cielo para confortar a su valeroso Hijo (Lucas 22:42, 43).

Poco después de haber sido fortalecido, Jesús les dijo a los apóstoles: “Levántense, vámonos” (Mateo 26:46). Deténgase a pensar por un instante en el valor encerrado en esas palabras. “Vámonos”, dijo, sabiendo que le pediría a la multitud que dejara ir a sus amigos, sabiendo que ellos lo abandonarían y huirían, sabiendo que se encararía solo a la mayor prueba de su vida. Nadie estuvo con él cuando se enfrentó a un juicio ilegal e injusto, a las burlas, a la tortura y a una muerte atroz. Sin embargo, no perdió el valor ni por un momento durante esta terrible experiencia.

¿Actuó Jesús de forma temeraria e imprudente? De ningún modo, pues la temeridad y la imprudencia poco tienen que ver con el auténtico valor. Es más, él enseñó a sus seguidores a ser cautelosos y evitar con prudencia el peligro para seguir haciendo la voluntad de Dios (Mateo 4:12; 10:16). Sin embargo, en esta ocasión Jesús entendía que no había manera de retroceder. Sabía cuál era la voluntad de su Padre y estaba resuelto a serle fiel. El único camino era seguir adelante y afrontar las pruebas que vinieran.

¡Cuántas veces los cristianos han seguido valientemente los pasos de su Maestro! Muchos se han mantenido firmes pese a las burlas, la persecución, los arrestos, los encarcelamientos, la tortura y hasta la muerte. ¿De dónde obtienen el valor estos seres humanos imperfectos? No proviene de ellos. Tal como Jesús recibió ayuda del cielo, así también la reciben sus seguidores (Filipenses 4:13). Por eso, nunca tema lo que el futuro pueda depararle. Resuélvase a ser fiel a Jehová, y él le dará el valor que necesita. Siga sacando fuerzas del ejemplo que nos puso nuestro Caudillo, Jesús, quien dijo: “¡Cobren ánimo!, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

[Nota]

Los historiadores han señalado que las tumbas de los rabinos eran tan veneradas como las tumbas de los patriarcas y los profetas.

“El camino y la verdad y la vida”

Posté le 07.04.2008 par hermanogitano
¿Ha estado usted perdido alguna vez? Puede que recuerde ocasiones en las que, yendo a visitar a amigos o familiares, no lograba dar con la dirección. Al ir avanzando por caminos desconocidos, ¿se detuvo en algún momento a pedir ayuda? Imagínese que, en una situación como esa, se encuentra con una persona bondadosa que no se limita a explicarle cómo llegar, sino que le dice: “Mejor sígame, que lo acompaño”. ¡Qué gran alivio!

Pues bien, en cierto sentido, eso es lo que ha hecho Jesús por los seres humanos. Por cuenta propia, ninguno de nosotros podría hallar el camino que nos acerca a Dios. Como hemos heredado la imperfección y el pecado, todos nos encontramos perdidos, “alejad[o]s de la vida que pertenece a Dios” (Efesios 4:17, 18). Y justamente por eso necesitamos orientación y guía. Pero Jesús, nuestro bondadoso Modelo, no solo nos aconseja y dirige. Como vimos en el capítulo 1, nos hace esta invitación: “Ven, sé mi seguidor” (Marcos 10:21). Además, nos da una razón muy convincente para aceptar su ofrecimiento. En una ocasión dijo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Veamos algunas razones por las que solo podemos acercarnos al Padre a través del Hijo. Luego, con estas razones presentes, examinemos de qué maneras demuestra él que es “el camino y la verdad y la vida”.

La razón principal por la que nos acercamos a Dios a través de Jesús es que Jehová otorgó a su Hijo un papel de suma importancia.* El Padre lo convirtió en la figura central, el elemento clave en el desarrollo de todos Sus propósitos (2 Corintios 1:20; Colosenses 1:18-20). Para comprender la función tan importante que realiza, hemos de reflexionar sobre lo que ocurrió en el jardín de Edén, donde nuestros primeros padres se unieron a la rebelión de Satanás contra Jehová (Génesis 2:16, 17; 3:1-6).

La rebelión de Edén planteó una cuestión de trascendencia universal: ¿gobierna Dios a sus criaturas de una manera justa y buena? Para zanjar esta cuestión, Jehová decidió enviar a la Tierra a un hijo espiritual perfecto. Este hijo realizaría una misión de máxima importancia: entregaría su vida para vindicar la soberanía de Jehová y servir de rescate para salvar a la humanidad. Al mantenerse fiel hasta la muerte, haría posible que se resolvieran todos los problemas creados por la rebelión de Satanás (Hebreos 2:14, 15; 1 Juan 3:8). Ahora bien, Jehová contaba con millones y millones de ángeles, todos ellos perfectos (Daniel 7:9, 10). ¿A cuál elegiría para realizar esta misión de tanta trascendencia? A su “Hijo unigénito”, quien llegó a ser conocido como Jesucristo (Juan 3:16).

¿Debería sorprendernos la elección de Jehová? ¡En lo más mínimo! El Padre tenía confianza absoluta en su Hijo unigénito. Siglos antes de enviarlo a la Tierra, Jehová anunció que su Hijo se mantendría fiel en medio de sufrimientos de toda clase (Isaías 53:3-7, 10-12; Hechos 8:32-35). Pensemos en las implicaciones de esta predicción. Como todas las criaturas inteligentes, el Hijo estaba dotado de libre albedrío, es decir, de la capacidad de elegir lo que haría con su vida. Aun así, Jehová confiaba tanto en él que profetizó que le sería leal. ¿En qué se basaba tal confianza? En el conocimiento. Jehová lo conoce a la perfección y sabe cuánto desea agradarle (Juan 8:29; 14:31). Además, el Hijo ama al Padre, y Jehová siente lo mismo por él (Juan 3:35). Ese amor mutuo forja entre ellos un vínculo inquebrantable de unión y confianza (Colosenses 3:14).

En vista del papel tan importante que tiene el Hijo, así como de la confianza que su Padre ha depositado en él y del amor que los une a ambos, ¿debería extrañarnos que solo sea posible acercarse al Padre mediante Jesús? Sin embargo, hay otra razón por la que el Hijo es el único que puede conducirnos al Padre.

Para acercarnos a Jehová, tenemos que cumplir algunas condiciones (Salmo 15:1-5). Y nadie conoce mejor que el Hijo las normas divinas que hay que cumplir para tener la aprobación de Dios. Jesús dijo: “Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre, y nadie conoce plenamente al Hijo sino el Padre, ni conoce nadie plenamente al Padre sino el Hijo, y cualquiera a quien el Hijo quiera revelarlo” (Mateo 11:27). Veamos por qué razón Jesús podía afirmar, con todo derecho y sin ninguna exageración, que ‘nadie conoce plenamente al Padre sino el Hijo’.

Dado que el Hijo es “el primogénito de toda la creación”, conoce a Jehová más íntimamente que nadie (Colosenses 1:15). Imagínese la relación tan estrecha que se desarrolló entre ambos durante todo el tiempo que estuvieron solos: desde que Jesús —la primera creación— fue formado, hasta que se crearon otros espíritus (Juan 1:3; Colosenses 1:16, 17). Pensemos en la maravillosa oportunidad que tuvo el Hijo al estar junto a su Padre, aprendiendo lo que pensaba sobre las cosas, su voluntad, sus normas y su manera de actuar. Sin duda, no es una exageración afirmar que Jesús lo conoce mejor que nadie. Gracias a esta relación tan estrecha, Jesús pudo revelar de una manera única cómo era la personalidad de su Padre. Ninguna otra persona podría haberlo hecho así.

Las enseñanzas de Jesús mostraron que conocía muy bien lo que Jehová piensa, lo que siente y lo que espera de quienes lo adoran.** Además, reveló al Padre de otra manera muy profunda. Jesús dijo: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre también” (Juan 14:9). En efecto, él lo imitó a la perfección en todo lo que dijo e hizo. Así que cuando leemos en la Biblia detalles sobre Jesús, como la fuerza y encanto que tenían sus palabras, la compasión que lo movía a curar a la gente y la empatía que lo llevaba a derramar lágrimas al ver el sufrimiento ajeno, podemos imaginarnos muy bien a Jehová haciendo lo mismo (Mateo 7:28, 29; Marcos 1:40-42; Juan 11:32-36). Las palabras y acciones del Hijo revelaron a la perfección la forma de actuar y la voluntad del Padre (Juan 5:19; 8:28; 12:49, 50). Por lo tanto, si queremos la aprobación de Jehová, tenemos que obedecer las enseñanzas de Jesús y seguir su ejemplo (Juan 14:23).

En vista de que Jesús conoce tan profundamente a Jehová y lo imita a la perfección, no es de extrañar que Jehová decidiera utilizarlo como un medio para llegar a él. Puesto que ya hemos analizado las bases para entender por qué solo es posible llegar a Jehová mediante Jesús, examinemos ahora el significado de estas palabras de Cristo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

Ya hemos aprendido que únicamente podemos acercarnos a Dios a través de Jesús. Analicemos ahora, con más detenimiento, qué significa este hecho para nosotros. Jesús es “el camino” en el sentido de que tan solo mediante él es posible llegar a disfrutar de la aprobación de Dios. ¿Por qué razón? Jesús se mantuvo fiel hasta la muerte, entregando así su vida como sacrificio (Mateo 20:28). De no ser por el rescate, nunca podríamos acercarnos a Dios. El pecado crea una barrera entre Jehová y los seres humanos, ya que él es santo y no puede aprobar el pecado (Isaías 6:3; 59:2). Pero el sacrificio de Jesús eliminó esa barrera: proporcionó la expiación del pecado que se necesitaba (Hebreos 10:12; 1 Juan 1:7). Cuando aceptamos el medio que Dios ha dispuesto mediante Cristo y ciframos fe en él, obtenemos el favor de Jehová. No hay ninguna otra manera de llegar a estar “reconciliados con Dios” (Romanos 5:6-11).***

Además, Jesús es “el camino” en otro sentido: en lo que tiene que ver con las oraciones. En efecto, solo mediante él podemos dirigir nuestras peticiones sinceras a Jehová con la seguridad de que las oirá favorablemente (1 Juan 5:13, 14). El propio Jesús así lo indicó: “Si le piden alguna cosa al Padre, él se la dará en mi nombre. [...] Pidan y recibirán, para que su gozo se haga pleno” (Juan 16:23, 24). Es apropiado que, en el nombre de Jesús, oremos a Jehová y le llamemos “Padre nuestro” (Mateo 6:9). Ahora bien, Jesús también es “el camino” en el sentido de que es nuestro ejemplo a seguir. Como ya hemos visto, él imitó a la perfección a su Padre. Por eso, su ejemplo nos muestra cómo tenemos que vivir a fin de agradar a Jehová. Así que para poder acercarnos a Jehová, tenemos que seguir las pisadas de Cristo (1 Pedro 2:21).

Cuando declaraba la palabra profética de su Padre, Jesús fue siempre fiel a la verdad (Juan 8:40, 45, 46). En su boca nunca hubo engaño (1 Pedro 2:22). Hasta sus enemigos reconocían que enseñaba “el camino de Dios de acuerdo con la verdad” (Marcos 12:13, 14). No obstante, la afirmación “Yo soy [...] la verdad” no se refería tan solo al hecho de que Cristo daba a conocer la verdad al hablar, predicar y enseñar. Había mucho más implicado.

Recordemos que, siglos antes, Jehová había inspirado a los escritores de la Biblia para que incluyeran en ella multitud de profecías sobre el Mesías, o Cristo, en las que se aportaban muchos detalles sobre su vida, ministerio y muerte. Además, la Ley de Moisés contenía ‘sombras’, es decir, modelos proféticos en los que aparecía prefigurado el Mesías (Hebreos 10:1). ¿Cumpliría Jesús todas las profecías sobre él? Para ello tendría que ser fiel hasta la muerte. ¿Lo lograría? Solo de ese modo quedaría probado que Jehová es el Dios que pronuncia profecías auténticas. ¡Qué peso tan grande llevaba Jesús sobre sus hombros! Por su manera de vivir —sí, por cada una de sus palabras y acciones—, Jesús probó que eran totalmente ciertos aquellos modelos proféticos (2 Corintios 1:20). Por lo tanto, Jesús era “la verdad” en persona. Era como si mediante él se hubiera hecho realidad la palabra profética de Jehová (Juan 1:17; Colosenses 2:16, 17).

Jesús también es “la vida”, pues solo mediante él podemos recibir “la vida de verdad” (1 Timoteo 6:19, Nuevo Testamento, de José María Valverde). Las Escrituras señalan: “El que ejerce fe en el Hijo tiene vida eterna; el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él” (Juan 3:36). ¿Qué implica ejercer fe en el Hijo de Dios? En primer lugar, estar convencidos de que sin él no podemos obtener la vida. Y luego, demostrar la fe con obras, continuar aprendiendo de él y hacer todo lo posible por seguir su enseñanza y ejemplo (Santiago 2:26). Por consiguiente, ejercer fe en el Hijo de Dios nos lleva a la vida eterna, sea como espíritus inmortales en el cielo —en el caso de los cristianos ungidos del “rebaño pequeño”—, o en un paraíso terrestre, en el caso de la “gran muchedumbre” de “otras ovejas” (Lucas 12:32; 23:43; Revelación 7:9-17; Juan 10:16).

¿Y las personas que ya han muerto? ¿Podrán volver a vivir? Claro que sí, pues Jesús también es “la vida” para ellas. Poco antes de levantar a su amigo Lázaro de la tumba, Jesús le dijo lo siguiente a Marta, la hermana del difunto: “Yo soy la resurrección y la vida. El que ejerce fe en mí, aunque muera, llegará a vivir” (Juan 11:25). Jehová le ha confiado al Hijo “las llaves de la muerte y del Hades”, lo que le concede la facultad de resucitar a los muertos (Revelación 1:17, 18). Utilizando estas llaves, Jesús glorificado abrirá las puertas del Hades (la sepultura colectiva de la humanidad) y liberará a todos los que se encuentren en su interior (Juan 5:28, 29).

“Yo soy el camino y la verdad y la vida.” Con esta declaración tan sencilla, Jesús resumió el propósito de su vida y ministerio en la Tierra. Estas palabras tienen un gran significado para nosotros. Recordemos que a continuación él agregó: “Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). En realidad, sus palabras son tan válidas hoy como cuando las pronunció. Por ello, podemos tener la certeza absoluta de que si seguimos a Jesús, nunca estaremos perdidos. Él, y solo él, nos mostrará el camino para llegar “al Padre”.

Hacemos bien en seguir a Jesús, pues —como hemos visto— él desempeña un papel de vital importancia y es la persona que conoce más profundamente al Padre. Pero, como analizamos en el capítulo anterior, para ser un verdadero seguidor de Jesús, no basta con las palabras y los sentimientos: hacen falta obras. Seguir las pisadas de Cristo exige amoldar nuestra vida a su enseñanza y ejemplo (Juan 13:15). Y este libro nos ayudará a hacerlo.

En los próximos capítulos haremos un estudio detallado de la vida y ministerio de Jesús. Este libro está dividido en tres secciones. En la primera haremos un repaso de la forma de ser y de actuar de Jesús. En la segunda examinaremos su ejemplo de celo al predicar y enseñar. Y en la tercera repasaremos las diversas maneras en que manifestaba amor. Además, a partir del capítulo 3 veremos un recuadro titulado “¿Cómo podemos seguir a Jesús?”. Contiene citas bíblicas y preguntas para que reflexionemos sobre las formas de imitar a Jesús de palabra y obra.

Gracias a Jehová, no tenemos por qué estar perdidos ni alejados de él por culpa del pecado heredado. Jehová ha pagado un precio muy grande: amorosamente nos ha enviado a su Hijo para que nos enseñe cómo tener una buena relación con Él (1 Juan 4:9, 10). ¡Cuánto nos beneficiaremos si respondemos a su inmenso amor aceptando de todo corazón la invitación que nos hace Jesús: “Sé mi seguidor”! (Juan 1:43.)

[Notas]

* En armonía con el importantísimo papel que él desempeña, la Biblia asigna al Hijo un buen número de nombres y títulos proféticos (véase el recuadro de la pág. 23).

** Nótense, por ejemplo, las palabras de Jesús que aparecen en Mateo 10:29-31; 18:12-14, 21-35; 22:36-40.

*** En Juan 14:6 se usa el pronombre personal “yo” y el artículo definido “el”, lo que destaca que la posición de Jesús es única, ya que él —y nadie más— es el camino exclusivo para acercarnos al Padre.

Ex - sacerdotes Católico Romanos

Posté le 05.04.2008 par hermanogitano
El valor de estos testimonios se agiganta por el hecho de haber sido emitidos por hombres que no sólo han pertenecido a la Iglesia Católica, sino que han sido ministros sacerdotales de la misma. En estos hombres es inútil la hipótesis frecuentemente utilizada respecto a “su desconocimiento de lo que la Iglesia es y enseña”. Y a modo de respuesta al argumento agregado por el sitio Encuentra.com en el escrito del Sr. Alejo Fernández, todos ellos han estudiado TODO lo que allí se alega como “necesario para poder hablar de Dios”.

Habiendo estipulado la autoridad de sus palabras, escuchémosles...

Luis Padroza
Ex-sacerdote católico :
“...«He descubierto que no hay base en el Evangelio para los dogmas de la Iglesia Católica Romana..». Tal afirmación de labios del Reverendo Padre Luis Padrosa, vestido con su sotana sacerdotal, dejaron casi mudo de asombro al pastor evangélico Samuel Vila, cuyo consejo buscó el sacerdote en esa primera entrevista memorable...” Luis Padrosa escribe: «Las razones de mi gran decisión son muchas. Después de vivir 43 años como católico romano sincero, 15 de intensa preparación eclesiástica, 10 como sacerdote y popular orador frente a multitudes, y 23 de vida religiosa en la orden jesuita, he llegado a la convicción de que la Iglesia Católica Romana no es la verdadera Iglesia de Cristo Jesús. Trece años de intenso estudio de apologética me han traído a esta inquebrantable convicción. Conozco los argumentos de ambos lados, los he analizado a todos...»

Franco Maggiotto
Ex-sacerdote católico :
"...Para entender el poder de la iglesia de Roma en todos sus dogmas uno debe entender la esencia de su idea central: el Magisterio. Es decir, el Papa y los obispos que están en obediencia al mismo, han utilizado todos los medios posibles para aumentar su poder. Dios, las Sagradas Escrituras, y Cristo, se han esfumado de su seno. La jerarquía se ha adornado con el honor y el poder que pertenecen solamente a Dios en su Palabra y en su Cristo. Las consecuencias de esta monstruosa herejía para toda la humanidad son incalculables. La clave para la interpretación de la iglesia de Roma es la constitución jerárquica de la iglesia que encuentra expresión en el Segundo Concilio Vaticano De Ecclesia. Este documento presenta con extrema claridad la interpretación romana de la iglesia como la extensión de la encarnación de Cristo en quien lo humano y lo divino se fusionan y mezclan. Esto permite que se defina como "misterio" a la iglesia católica, lo cual la pone fuera de cualquier crítica: "La sociedad provista de los órganos jerárquicos y el Cuerpo místico de Cristo..., la Iglesia terrestre y la Iglesia enriquecida con los bienes celestiales, no deben ser consideradas como dos cosas distintas, sino que más bien forman una realidad compleja que está integrada de un elemento humano y otro divino" (De Ecclesia, párrafo 8). Así, la iglesia romana se vuelve "por naturaleza" y por su "misma esencia, y en su jerarquía y con sus dogmas, 'infalible" y en consecuencia es esencialmente "incapaz" de la conversión e inaccesible a la misma, porque lo infalible jamás puede arrepentirse ni convertirse. Como ejemplo, basta con pensar en la identificación de Cristo con el Papa. Las promesas -de naturaleza espiritual- hechas por Jesús a sus ministros (es decir sus siervos) se han transformado tranquilamente en prerrogativas para justificar la autoridad y el poder de la jerarquía. ¿Se puede pensar que en esas condiciones haya todavía lugar para el señorío del Padre y de Jesucristo y del Espíritu Santo en la iglesia? En lugar de eso se afirma que hay poder en un hombre, el Papa, adornado con el poder de Dios, y se lo debe ver tan infalible como a Cristo mismo.
Por otra parte vemos una gran multitud de gente que, si no cree eso "ciegamente" (es decir si no renuncian a la posesión de una fe propia, incluso cuando está fundada en las Escrituras) se los considera enemigos de Dios. En la iglesia romana efectivamente el Papa posee "pleno poder supremo y universal que puede ser siempre libremente ejercido". El "Sumo sacerdote", no es entonces Cristo, sino el obispo de Roma, cuya persona y función son exaltadas por la figura de Cristo mismo. Cuando Jesús nos pregunta hoy día. "¿Quién dices que soy?" deberíamos responder: "¡El Papa de Roma!". Doy otro ejemplo que nos puede ayudar a entender cómo la clave del "dogma" central de Roma es la sed de poder, y cómo, para obtenerlo, la teología católica ha sacrificado a Dios, a Cristo y al Espíritu Santo y a todo el mundo. ¿Por qué eleva la iglesia romana la figura de María de tal modo que contrasta con la sobria figura que nos da el Nuevo Testamento de ella? Es porque la Mariología es la proyección de la idea que la jerarquía católica tiene de sí misma. Todo lo que la iglesia católica considera que es, se ve representado en María. Las prerrogativas que proclama la jerarquía que tiene María, coinciden con las prerrogativas que la misma jerarquía se atribuye a sí misma. La progresiva exaltación de María en el catolicismo romano no es otra cosa que consecuencia y síntoma de la progresiva exaltación de la jerarquía. Al venerar a María como colaboradora en la obra de salvación y como compañera de Dios, como mediadora de la gracia y madre de todos, la jerarquía católica romana sólo está expresando la idea que tiene de sí misma de ser colaboradora, compañera de Dios, mediadora y madre: y en María, es el Papa quien se está presentando para ser adorado por los fieles. Algunos tienen la esperanza de que el movimiento bíblico en el seno del catolicismo producirá la muerte natural de la Mariología. Pero en realidad la Mariología sólo puede caer si la Iglesia Católica Romana estuviera dispuesta a renunciar a la idea que tiene de sí misma. En consecuencia, la Mariología es un ejemplo objetivo de cómo la jerarquía romana falsifica la verdad cristiana para construir su poder totalitario e idólatra... La consecuencia es que el Evangelio se ve vaciado de su contenido original y lo que se propaga es una religiosidad vacía. Los "fieles" son aquellos privados de toda verdad objetiva y llevados, en virtud de esa religiosidad vacía, a una obediencia ciega a los deseos de la jerarquía..."

Anthony Pezzotta
Ex-sacerdote católico :
“...Cuando estudiaba teología en Inglaterra comencé a tener serias dudas acerca de algunas doctrinas de mi iglesia, las que encontraba difícil de reconciliar con las Escrituras. Estas dudas siguieron preocupándome aún después de mi ordenación, pero luchaba por suavizarlas sumergiéndome en mis estudios y enseñando algunas asignaturas. Mi agenda era tan apretada que quedaba poco tiempo para la investigación o la oración. Después de diez años de ese trabajo duro, tuve que volver a mi hogar en Italia para pasar un año de descanso y recuperación. Pero entonces resurgieron las dudas y aumentaron en número, lo mismo que mi determinación por encontrar soluciones satisfactorias a las doctrinas que afligían mi espíritu. Leí incesantemente y medité profundamente las palabras de nuestros grandes teólogos, pero todas mis dudas persistían. Si usted cree que es salvo por su fe en Cristo, y acepta su Palabra como máxima autoridad, no es un católico romano, sino un protestante, aunque no le guste el término protestante. La salvación por fe y la sola autoridad de las Escrituras son la base misma de la fe bíblica, contra la salvación por obras y sacramentos y la autoridad de la tradición católica. En conclusión, me gustaría que supieran cuántos católicos simplemente tienen una atadura sentimental a su iglesia, a la que han sido entrenados a llamar “Santa Iglesia Madre”. Esta expresión común refleja su idea de que creen que deben su vida espiritual a la iglesia, porque ella los hizo creyentes por medio del bautismo y los mantiene espiritualmente vivos por medio de los otros sacramentos. Bíblicamente, no es la iglesia la que nos hace, sino que nosotros, los creyentes, hacemos a la iglesia. Y como es por gracia mediante la fe que nos convertimos en piedras vivas de Su Iglesia, Cristo es el verdadero Edificador...”

Hugh Farrel
Ex-sacerdote católico :
“...La rutina del seminario es tan estricta que uno rara vez tiene tiempo para la verdadera reflexión. Es verdad que hay un tiempo cada mañana separado para la meditación. Pero se leen los temas a considerar y si se permite que la mente divague, uno corre el riesgo de estar en pecado venial. El programa diario de vida está tan bien pensado por la iglesia de Roma que gradualmente destruye la propia personalidad y uno es moldeado según un patrón diseñado por la iglesia de Roma para adecuarse a su propósito – la completa renuncia a uno mismo. A pesar de la gran estima en que el laicado de la iglesia romana tiene al sacerdote, las autoridades eclesiásticas lo consideran meramente un número en su plan para la conquista del mundo por la Iglesia Católica Romana. En consecuencia, si el sacerdote ha de servir a su propósito, debe recibir un lavado cerebral a fondo. También, cuando surge alguna duda en relación con alguna importante doctrina enseñada por la iglesia de Roma, debe ser rechazada, porque mantener una duda así (voluntariamente) es señal de que Dios puede estar quitándole a uno la vocación sacerdotal y poniendo en peligro su salvación eterna.[...] Según las enseñanzas de la Iglesia romana, el sacerdote, no importa lo indigno que pueda ser él personalmente, incluso si acabara de hacer un pacto con el diablo, tiene el poder de cambiar los elementos del pan y el vino en el cuerpo, sangre, y la DIVINIDAD reales de Cristo. Basta con que pronuncie las palabras de consagración adecuadamente y tenga la intención de consagrarlos, Dios debe bajar al altar y entrar y tomar los elementos. Cuanto más pensaba en este poder pretendido por la iglesia romana para los sacerdotes, menos creía en él. Vez tras vez iba a mi Padre Confesor y le contaba sobre esas dudas. La única respuesta era que tenía que tener paciencia. Me decía que, incluso, si no creía en nada de lo que enseñaba la Iglesia romana, lo mismo podría ser sacerdote, mientras enseñara fielmente lo que ellos quería que enseñara. Decía: “Tu propia fe personal no tiene nada que ver con esto. Eres simplemente una herramienta en manos de la Iglesia Madre para la propagación de la fe. Sé fiel a la fe Católica romana y al final todo saldrá bien...”.[...] Finalmente perdí completamente la fe en la iglesia romana y sus dogmas inventados...”

Herman Hegger
Ex-sacerdote católico :
“...Después de siete años como sacerdote fui promovido a Profesor de Filosofía en el Seminario Católico Romano en Brasil. Sin embargo, ya habían comenzado a asaltarme serias dudas. ¿Qué hice cuando surgieron estas dudas? Nunca las retuve voluntariamente. Me negaba a considerar la idea de que la doctrina de mi iglesia en realidad podía estar errada. Si por un momento hubiera aceptado la posibilidad de error en la doctrina de mi iglesia, inmediatamente hubiera sido culpable de pecado mortal, según las enseñanzas de Roma. Esta prohibición absoluta de la duda o el cuestionamiento de la doctrina de la iglesia de Roma es la fuente de su gran poder. Los protestantes se preguntan cómo es posible que los eruditos estudien las Escrituras sin descubrir el Evangelio puro. La respuesta radica en el simple hecho de que la mente del católico romano no es libre; está siempre bajo la amenaza del fuego inextinguible si se desvía de Roma. El instante mismo en que siquiera considera como genuina posibilidad la idea de que la visión reformada de la Biblia podría ser correcta, el abismo del rechazo se abre a sus pies. El católico romano está seguro de que Dios está listo para decir las palabras: “¡Apártate de mí, maldito!”.“..se nos enseñaba que la suposición de que el protestantismo pudiera tener razón sólo podía provenir del diablo..” En nuestro libro de texto, la Theologia Maralis, de Aertnijs Damen, XII, Nº 323, había leído que el hombre que sostiene obstinadamente que las verdades de la fe son dudosas, es un completo hereje y en consecuencia ha perdido la fe. Estaba confrontado con la elección entre dos modos de vida: podía seguir siendo un católico romano y pasar por la vida como un mentiroso; o podía ser fiel a mis más profundas convicciones y dejar la iglesia. Elegí lo segundo. Fue un momento terrible cuando, con toda sinceridad, me sentí obligado a negarme a someter mi mente a los pronunciamientos doctrinales de Roma. Hasta ese momento, la Iglesia Católica Romana había sido mi apoyo, la roca sobre las que había edificado mis convicciones. Ahora veía que había edificado mi casa sobre la arena...”

Charles Berry
Ex-sacerdote católico :
“...A los 19 años entré en la orden de los Hermitas de San Agustín y durante los diecisiete años siguientes viví bajo la regla de San Agustín, donde progresé desde postulante, a novicio, profesante y finalmente sacerdote... Pocos de nosotros nos quejábamos si la comida era pobre, el descanso insuficiente o la disciplina degradante e inhumana, porque sentíamos que ese era el precio que debíamos pagar para llegar a ser hombres de Dios. La obediencia a la autoridad era el punto que dominaba nuestra vida. No solamente renunciábamos al derecho de nuestras posesiones, ambiciones y vidas privadas; renunciábamos también a nuestra mente e intelecto y a los pensamientos privados. Se nos decía que Dios nos hablaba directamente por intermedio de la palabra de nuestros superiores y que cualquier duda o titubeo para aceptar su control completo era un grave pecado contra Dios...”

Benigno Zuñiga
Ex-sacerdote católico :
“...Había sido educado por los padres Jesuitas y decidí convertirme en monje jesuita a los dieciséis años. Estudié en Perú, Ecuador, España y Bélgica y más tarde fui ordenado sacerdote. Enseñé en colegios católicos por años, tuve una firme posición como profesor de un seminario, como capellán de la armada y como sacerdote de dos de las principales parroquias de mi país. Como sacerdote de parroquia me dispuse a hacer oposición a los protestantes del área. Los trataba como herejes, y enseñaba a mi gente de que ellos tenían las normas morales más bajas posibles. Como algunos de los protestantes apelaban continuamente a la Biblia como fuente de autoridad, decidí escribir un libro exponiendo su errores a la luz de la Biblia. Al estudiarla capítulo por capítulo por un período de 3 años, recibí un tremendo golpe al descubrir que el equivocado era yo. Lejos de estar en condiciones de refutar a los herejes, me encontré yo mismo siendo refutado por mi propia Biblia católica romana. Con frecuencia, cuando estudiaba, me encontraba derramando lágrimas al pensar que había estado siguiendo sumisamente ideas humanas en lugar de las enseñanzas de Dios...”

Cipriano Valdés
Ex-sacerdote católico :
“...Cuando llegué a la edad de 12 años, llamé a la puerta del Seminario Diocesano en Chilapa, en el Estado de Guerrero. Durante 5 largos años estudié el latín de Cicerón y Virgilio. Por 3 años mi mente fue llenada de la filosofía de los escritores griegos. Con gran cuidado me sometieron a la enseñanza de teología donde aprendí los dogmas del romanismo. Finalmente, el 18 de octubre de 1951, el día de San Lucas el Evangelista, fui ordenado sacerdote. En ese día, mediante la imposición de las mandos del obispo, se me otorgaron los poderes increíbles, engañosos y falsos que la Iglesia Católica Romana pretende dar a un hombre para engañar a otros. Se me otorgó la capacidad de perdonar los pecados de los hombres, tanto adentro como afuera del horrible confesionario. En ese día recibí el poder de sacrificar a Cristo una y otra vez en un altar a mi gusto y antojo. Ahora podía librar almas del Purgatorio, un lugar inventado por Roma, mediante un ritual mentiroso y lucrativo. Esta es la innegable enseñanza de la Iglesia Romana de que antes de ir al cielo, las almas de los hombres deben pasar a través de dicho lago de fuego. ¡Cuán lejos de la verdad!¡Qué horror! No obstante, eso es lo que yo creía como resultado de la obra penetrante y meticulosa en Dogmática y Teología Moral...”

Robert V. Julien
Ex-sacerdote católico :
“...¿Porqué dejé la Iglesia Católica Romana y su sacerdocio? La gente me hace esa pregunta y yo respondo de la siguiente manera: “Porque Dios me dijo que la dejara”. No miento. Dios no me habló con voz audible. Me habló por medio de Su Palabra escrita en el libro del Apocalipsis donde dice claramente: “Salid de ella, pueblo mío...” (Apocalipsis 18:4). El Cristo verdadero está llamando a su gente a salir del catolicismo romano. Por supuesto, los que no son su pueblo, es decir, no son sus ovejas, no pueden recibir ese mandamiento. “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Juan 10:27). Antes de que Dios me salvara por su gracia, ningún hombre me hubiera podido persuadir a salir del romanismo. Pero cuando Él me salvó y me reveló su gran amor por mí, y escuché su voz amable y suave por primera vez, me resultó fácil obedecer su mandato de salir y seguirlo. Yo lo amo así, porqué Él me amó primero...”

John Preston
Ex-sacerdote católico :
“...No hay nada impresionante en mi conversión, ningún cambio repentino o suceso milagroso que me empujara a abandonar la Iglesia Católica Romana y entregarme a Cristo. Fue sólo la silenciosa y continua obra de la gracia de Dios y el descubrimiento diario de las equivocaciones de un sistema que se llama erróneamente Católico y Cristiano...”
“...no puedo pasar por alto la forma en que preparan a los candidatos para la profesión religiosa y para el sacerdocio. Toda preparación está centrada en las obras, en hacer cosas. La salvación depende enteramente de lo que uno hace, no de lo que hizo Jesús. Nos merecemos la vida eterna o la condenación para siempre. Jesús no es más el “autor y consumador de nuestra fe”, “el alfa y el omega”, “el principio y el fin”. Nuestras acciones, nuestros méritos, nuestras oraciones, nuestras limosnas y nuestras penitencias nos llevan al cielo, no Jesús. Es por eso que durante mis dos años en el noviciado se me sugería que me azotara el cuerpo desnudo, besara el piso del comedor o los pies de alguno de los
sacerdotes...”

Mariano Rughi
Ex-sacerdote católico
“...En el seminario donde yo vivía no seguíamos una estricta vida monástica, aunque teníamos que realizar ciertas penitencias y sacrificios que incluían ayuno y abstinencia y teníamos que ir al confesionario y practicar meditación además de participar de las fiestas religiosas. Se nos enseñaba que a pesar de todo eso no podíamos estar seguros de nuestra salvación ya que uno de los Dogmas de la iglesia es que cualquiera que afirma estar seguro de su salvación, con seguridad está perdido.
Nuevamente me daba cuenta de que la iglesia se contradecía a sí misma, pero no me atrevía a decírselo a nadie en esa época, de modo que seguí luchando con mis dudas sin ayuda. Luego, un día, estando profundamente preocupado, sentí que debía hablar con mi confesor. Su respuesta fue rápida y abrupta: “Muchacho, esos pensamientos son sólo tentaciones del diablo...” Me pareció claro que la iglesia romana estaba tratando de pervertir la verdad al decir que las convicciones del Espíritu Santo eran obra del diablo.
Un día, durante una conversación íntima con un monje franciscano, tuve una revelación que me sacudió. Descubrí que él estaba pasando por las mismas experiencias penosas que yo había pasado en relación con la seguridad de la salvación. Comencé a preguntarme: “Si la iglesia de Roma es la verdadera Iglesia de Cristo, ¿cómo es que uno de sus mejores seguidores, un hombre de vida íntegra y disciplinada, no tiene seguridad de su salvación y sufre de intensa confusión espiritual?” Mis dudas se reavivaron y me encontré en otra crisis espiritual, pero una que esta vez me llevó, más adelante, a la liberación. La consecuencia inmediata de esta crisis fue que la misa, el confesionario y otras obligaciones sacerdotales se convirtieron en una gran carga para mi...”

Renato Di Lorenzo
Ex-sacerdote católico :
"...Durante mi estadía en Roma había pasado tiempo rastreando mis pasos por las enseñanzas de la Iglesia Católica y comparándolas con las enseñanzas de la Biblia. Comencé a comprender que se citaba la Biblia en forma errónea y simplemente para sustentar la enseñanza de la Iglesia. Se me había enseñado a creer en la Iglesia Católica sobre la base de que solamente podría hallar a Cristo por medio de la Iglesia. La obediencia a Cristo, de acuerdo con la enseñanza católica, significaba sujeción al sustituto de Cristo en la tierra, es decir el Papa. Sin embargo, mientras leía los Evangelios, vi que esa enseñanza era contraria a la Biblia. Todo nacimiento implica esfuerzo y dolor. Veinte años de vida monástica, unido a mi formación teológica católica y a mi carácter obstinado, significaron grandes impedimentos en mi búsqueda y hallazgo de Dios. Pero finalmente me rendí al Señor en una entrega infantil y simplemente dije: "Señor, creo".

Enrique Fernández
Ex-sacerdote católico :
"...Comencé a estudiar el Nuevo Testamento, especialmente Hechos y Hebreos. Al hacerlo, creció en mí la convicción de que la Iglesia Católica Romana se había desviado de la Biblia, que su sacerdocio había usurpado el lugar de Cristo. Durante mis cuatro años de estudios teológicos, nunca había leído seriamente la Biblia. En mi caso, las Sagradas Escrituras se consultaban solamente como un libro de texto en el estudio del Dogma Católico. Conocía solamente aquellas partes de la Biblia que se incluían en la misa y en los textos del breviario romano. Roma afirma que el Catolicismo está centrado en Cristo, pero en realidad le ha dado la espalda..."

John Zanon
Ex-sacerdote católico :
"..En un intento por demostrar lo acertado que estaba yo en pertenecer a la Iglesia Católica Romana, y lo equivocados que estaban quienes se mantenían afuera, comencé a leer la Biblia fervientemente y en oración. Cuanto más leía, más oraba a Dios, y más claramente comprendía lo equivocada que estaba la Iglesia de Roma. Llegué a comprender que mi celo y mis buenas obras como sacerdote no me podían salvar, porque había leído en la Biblia: "Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8-9) Esto sacudió mi fe en las enseñanzas católicas romanas. Hasta ese momento había aceptado ciegamente todas las enseñanzas de Roma. Un católico no tiene alternativa: o acepta las doctrinas de Roma sin cuestionarlas, o queda excomulgado. Comencé a comprender que todas esas doctrinas de la llamada única iglesia verdadera, no eran otra cosa que inventos de Roma..."

Creencias de los TJ basandosé en la Biblia Catolica

Posté le 05.04.2008 par hermanogitano

"Algunas creencias de los testigos Cristianos de Jehova, basandomé en la Biblia Catolica"

La Biblia es la Palabra de Dios y es la verdad (2 Tim. 3:16,17; Juan 17:17)

La Biblia es más confiable que la tradición (Mat. 15:3; Col. 2:8)

El nombre de Dios en las escrituras hebreoarameas (Sal. 83:18; Isa. 42:8)

En el caso de las escrituras griegas, el hecho que Jesus citara versiculos como Deuteronomio 8:3 prueba que en las escrituras griegas tambien estuvo escrito el nombre divino.

Cristo es el Hijo de Dios y es inferior a él (Mat. 3:17; Juan 14:28; 1 Cor. 11:3)

Cristo fue la primera creación de Dios (Col. 1:15; Rev. 3:14)

Cristo murio en un madero y no en una cruz (1 Ped. 2:24)

Cristo ofreció su vida humana como rescate por las personas obedientes (Mat. 20:28)

Cristo fue levantado de entre los muertos como espíritu inmortal (1 Ped. 3:18, Rom. 6:9)

La presencia de Cristo es espiritual (2 Cor. 5:16)

Ahora estamos en el ‘tiempo del fin’ (Mat. 24:3-14; 2 Tim. 3:1-5; Luc. 17:26-30)

La Tierra nunca será destruida ni quedará despoblada (Ecl. 1:4; Isa. 45:18; Sal. 78:69)

Dios destruirá el sistema de cosas actual en la batalla de Har–Magedón (Rev. 16:14, 16; Sof. 3:8;Dan. 2:44;Isa. 34:2; 55:10, 11)

Solo hay un camino que conduce a la vida (Mat. 7:13, 14; Efe. 4:4, 5)

El alma humana deja de existir en el momento de la muerte (Ecl. 9:5, 10; Sal. 6:5; 146:4; Juan 11:11-14)

La esperanza para los muertos es la resurrección (1 Cor. 15:20-22; Juan 5:28, 29; 11:25, 26)

El Seol es la sepultura común de la humanidad (Job 14:13; Rev. [Apoc.] 20:13, 14)

Solo un pequeño rebaño de 144.000 personas va al cielo para gobernar con Cristo (Luc. 12:32; Rev. 14:1, 3; 1 Cor. 15:40-53; Rev. 5:9, 10)

El nuevo pacto se hizo con el Israel espiritual (Jer. 31:31; Heb. 8:10-13)

La congregación Cristiana se edifico sobre Cristo (Efe. 2:20; Isa. 28:16; Mat. 21:42; Mr 9:33-35; 1Pe 2:4-8) *

Las oraciones deben dirigirse solo a Jehová por medio de Cristo (Juan 14:6, 13, 14; 1 Tim. 2:5)

No deben usarse imágenes religiosas (Éxo. 20:4, 5; Lev. 26:1; 1 Cor. 10:14; Sal. 115:4-8)

El cristiano debe mantenerse separado del mundo (Sant. 4:4; 1 Juan 2:15; Juan 15:19; 17:16)

Hay que obedecer las leyes humanas que no contradigan las de Dios (Mat. 22:20, 21; 1 Ped. 2:12; 4:15)

Introducir sangre en el cuerpo por la boca o las venas viola las leyes divinas (Gén. 9:3, 4; Lev. 17:14; Hech. 15:28, 29)

No debe haber una clase clerical ni deben usarse títulos especiales (Mat. 23:8-12; 20:25-27; Job 32:21, 22)

Los cristianos dan testimonio público de la verdad bíblica de buena gana (Rom. 10:10; Heb. 13:15; Isa. 43:10-12)

No debe predicarse el celibato ni la prohibicion de comer algunas cosas en dias especiales (1 Timoteo 4:1-5 )

* Nota : También es digno de mención que Agustín (354-430 E.C.), llamado generalmente “San Agustín”, en un tiempo creía que Pedro era la masa rocosa, pero más tarde cambió de punto de vista. Escribió: “No se deriva la piedra de Pedro, sino Pedro de la piedra, como Cristo no viene de cristiano, sino cristiano de Cristo. Por eso dice el Señor: Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; porque Pedro había dicho: Tú eres Cristo, Hijo de Dios vivo. Sobre esta piedra que él confesó, edificaré mi Iglesia. (Tratados sobre el Evangelio de San Juan, 124, 5.)

¿Cómo influyen en nosotros las criaturas espirituales?

Posté le 04.04.2008 par hermanogitano
Normalmente, conocer a alguien implica saber algunas cosas sobre su familia. De igual modo, conocer a Jehová Dios implica tener cierta información sobre su familia celestial. Esta se compone de ángeles, pues la Biblia los llama “hijos de Dios” (Job 38:7). Pero ¿cómo los utiliza Jehová para realizar su propósito? ¿Han cumplido alguna función en la historia de la humanidad? ¿Influyen los ángeles en nuestra vida? Si así es, ¿cómo?

La Biblia menciona a los ángeles cientos de veces. Analicemos algunas de ellas para conocerlos mejor. ¿Qué origen tienen los ángeles? Colosenses 1:16 responde: “Por medio de [Jesucristo] todas las otras cosas fueron creadas en los cielos y sobre la tierra”. Así pues, todos los seres espirituales llamados ángeles fueron creados individualmente por Jehová Dios mediante su Hijo primogénito. ¿Cuántos ángeles hay? La Biblia indica que hay cientos de millones y que todos ellos son poderosos (Salmo 103:20).

La Palabra de Dios, la Biblia, nos informa que cuando Jehová creó la Tierra, “todos los hijos de Dios empezaron a gritar en aplauso” (Job 38:4-7). Este pasaje bíblico nos enseña que los ángeles ya existían mucho antes de la creación del hombre, pues existían incluso antes de la creación de la Tierra. También muestra que los ángeles tienen sentimientos, porque dice que “gozosamente clamaron a una”. Note que “todos los hijos de Dios” se alegraron “a una”, es decir, a la vez. Así que en aquel entonces, todos los ángeles formaban parte de una sola familia que servía unida a Jehová.

Desde que observaron la creación de nuestros primeros padres, las criaturas espirituales fieles han demostrado mucho interés en la creciente familia humana y en el cumplimiento del propósito de Dios (Proverbios 8:30, 31; 1 Pedro 1:11, 12). Sin embargo, con el paso del tiempo han visto cómo la mayor parte de la humanidad ha decidido no servir a su amoroso Creador. Sin duda, esto ha entristecido a los ángeles fieles. Por otra parte, cuando regresa a Jehová aunque sea una sola persona, “surge gozo entre los ángeles” (Lucas 15:10). Como hemos visto, a ellos les importa mucho el bienestar de los siervos de Dios. Por eso no nos sorprende que Jehová los haya utilizado en muchas ocasiones para fortalecer y proteger a quienes le son fieles en la Tierra (Hebreos 1:7, 14). Veamos algunos ejemplos.

Cuando Dios destruyó las malvadas ciudades de Sodoma y Gomorra, el justo Lot y sus hijas sobrevivieron gracias a que dos ángeles los sacaron de la zona (Génesis 19:15, 16). Siglos después, el profeta Daniel fue arrojado a un foso en el que había leones, pero no sufrió ningún daño. Él explicó así la razón: “Mi propio Dios envió a su ángel y cerró la boca de los leones” (Daniel 6:22). En el siglo primero de nuestra era, un ángel liberó al apóstol Pedro de la prisión (Hechos 12:6-11). También Jesús recibió ayuda angélica cuando comenzaba su servicio a Dios en la Tierra (Marcos 1:13). Y poco antes de su muerte, se le apareció un ángel y “lo fortaleció” (Lucas 22:43). ¡Cuánto debió de animar a Jesús recibir ese apoyo en momentos tan importantes de su vida!

Hoy en día no vemos a estas criaturas espirituales, pues ya no se aparecen a los siervos de Jehová en la Tierra. Sin embargo, los poderosos ángeles siguen protegiendo al pueblo de Dios, sobre todo de las cosas que ponen en peligro su espiritualidad. La Biblia dice: “El ángel de Jehová está acampando todo en derredor de los que le temen, y los libra” (Salmo 34:7). ¿Por qué deberían animarnos mucho esas palabras? Porque hay peligrosos espíritus malignos, los cuales quieren acabar con nosotros. ¿Quiénes son? ¿De dónde salieron? ¿De qué formas tratan de perjudicarnos? Para averiguarlo, veamos brevemente algo que sucedió en los comienzos de la historia de la humanidad.

Como aprendimos en el capítulo 3, hubo un ángel que se dejó llevar por el deseo de gobernar a otras personas, y de ese modo se puso en contra de Dios. Más tarde se le llegó a conocer por los nombres de Satanás y Diablo (Revelación 12:9). Después de engañar a Eva, durante un período de mil seiscientos años consiguió que casi todos los seres humanos se apartaran de Dios. Solo unos cuantos fueron fieles; por ejemplo, Abel, Enoc y Noé (Hebreos 11:4, 5, 7).

En tiempos de Noé hubo otros ángeles que se rebelaron contra Jehová. Dejaron su lugar en la familia celestial de Dios, bajaron a la Tierra y tomaron cuerpos de carne y hueso. ¿Por qué? Génesis 6:2 nos explica: “Los hijos del Dios verdadero empezaron a fijarse en las hijas de los hombres, que ellas eran bien parecidas; y se pusieron a tomar esposas para sí, a saber, todas las que escogieron”. Aquellos ángeles estaban corrompiendo a la humanidad, pero Jehová Dios no iba a tolerarlo por mucho tiempo. De modo que mandó un diluvio que acabó con toda la gente mala del mundo; solo se salvaron sus siervos fieles (Génesis 7:17, 23). Para sobrevivir, los ángeles rebeldes, o demonios, se vieron obligados a abandonar sus cuerpos humanos y regresar al cielo como seres espirituales. Con sus acciones demostraron que se habían puesto del lado del Diablo, quien de esa forma se convirtió en “el gobernante de los demonios” (Mateo 9:34).

Cuando los ángeles desobedientes regresaron al cielo, Dios no les permitió que siguieran formando parte de su familia celestial, igual que había hecho con Satanás (2 Pedro 2:4). Aunque ahora no pueden tomar cuerpos de carne y hueso, estos demonios todavía ejercen una terrible influencia en los humanos. De hecho, con su ayuda, Satanás “está extraviando a toda la tierra habitada” (Revelación 12:9; 1 Juan 5:19). ¿Cómo? Los demonios tienen varios métodos para extraviar, o engañar, a la gente (2 Corintios 2:11). Analicemos algunos de ellos.

Los demonios utilizan el espiritismo para engañar a la gente. El espiritismo es el conjunto de prácticas con las que se establece relación con los demonios, sea directamente o a través de un médium. La Biblia condena estas prácticas y nos advierte que evitemos todo lo relacionado con ellas (Gálatas 5:19-21). Se podría comparar el espiritismo al cebo, o carnada, que usan los pescadores. El pescador emplea diversos tipos de cebo para atrapar distintos tipos de peces. De igual modo, los malos espíritus utilizan diferentes formas de espiritismo para que distintos tipos de personas caigan bajo su control.

Un tipo de cebo que usan los demonios es la adivinación. ¿Qué abarca la adivinación? Todas las prácticas con las que se intenta conocer el futuro o lo oculto. Algunas formas de adivinación son la astrología, el uso de la bola de cristal, el empleo de cartas —como las del tarot—, la lectura de la palma de la mano y la búsqueda de revelaciones o señales misteriosas en los sueños. Aunque muchos creen que estas prácticas son inofensivas, la Biblia muestra que los adivinos trabajan en colaboración con los espíritus malos. Por ejemplo, Hechos 16:16-18 dice que “un demonio de adivinación” hacía posible que una muchacha practicara “el arte de la predicción”. Por eso, tan pronto como fue librada del demonio, la muchacha perdió esa habilidad.

Otra forma que tienen los demonios de engañar a la gente es animándola a comunicarse con los muertos. A los que lloran la muerte de seres queridos, a menudo se les hace creer cosas sobre los muertos que no son ciertas. Puede que un médium les dé información poco conocida sobre el difunto o hable con una voz que parezca la suya. Esto ha llevado a muchas personas a pensar que los muertos en realidad están vivos y que si se comunican con ellos recibirán consuelo. Pero tal consuelo es falso y, además, peligroso. ¿Por qué? Porque los demonios pueden imitar la voz de los muertos y dar a los médium información sobre ellos (1 Samuel 28:3-19). Por otra parte, como aprendimos en el capítulo 6, cuando alguien fallece, deja de existir (Salmo 115:17). De modo que todo el que “pregunt[a] a los muertos” ha sido engañado por los malos espíritus y actúa en contra de la voluntad de Dios (Deuteronomio 18:10, 11; Isaías 8:19). Por lo tanto, haga todo lo posible por evitar esa peligrosa carnada de los demonios.

Los espíritus malignos no solo engañan a la gente, sino que también la asustan. Satanás y sus demonios saben que solo les queda “un corto espacio de tiempo” para que los eliminen de la escena; por eso actúan con más crueldad que nunca (Revelación 12:12, 17). Aun así, miles de personas que antes vivían atemorizadas por esos espíritus han podido librarse de ellos. ¿Cómo lo han logrado? ¿Cómo puede uno librarse de los demonios, incluso si ha estado practicando el espiritismo?

La Biblia nos dice cómo oponernos a los espíritus malos y cómo librarnos de ellos. Veamos el ejemplo de los cristianos que vivían en la ciudad de Éfeso en el siglo primero. Antes de hacerse cristianos, algunos de ellos habían practicado el espiritismo. Cuando decidieron dejar de hacerlo, ¿qué paso dieron? La Palabra de Dios indica: “Buen número de los que habían practicado artes mágicas juntaron sus libros y los quemaron delante de todos” (Hechos 19:19). Aquellos nuevos cristianos destruyeron sus libros de magia, y así dieron el ejemplo a la gente de la actualidad que quiera oponerse a los espíritus malos. Quienes deseen servir a Jehová tienen que deshacerse de todos los objetos relacionados con el espiritismo. Eso incluye libros, revistas, películas, carteles y grabaciones musicales que animen a practicar el espiritismo o lo presenten como algo atractivo y emocionante. También incluye los amuletos u otros objetos que suele llevar la gente para protegerse del mal (1 Corintios 10:21).

Unos años después de que los cristianos de Éfeso destruyeron sus libros de magia, el apóstol Pablo les escribió: “Tenemos una lucha [...] contra las fuerzas espirituales inicuas [o malvadas]” (Efesios 6:12). Eso indica que los demonios no se habían rendido. Aún intentaban tener a los cristianos bajo su control. Así pues, ¿qué más tenían que hacer estos? “Sobre todo —les dijo Pablo—, tomen el escudo grande de la fe, con el cual podrán apagar todos los proyectiles encendidos del inicuo”, es decir, de Satanás (Efesios 6:16). Cuanto más fuerte sea nuestro escudo de la fe, mejor podremos oponernos a las fuerzas espirituales malvadas (Mateo 17:20).

Entonces, ¿cómo podemos fortalecer la fe? Estudiando la Biblia. Para que un muro sea sólido, es muy importante que tenga cimientos fuertes. Del mismo modo, para que nuestra fe sea sólida, debe tener un fundamento fuerte: el conocimiento exacto de la Palabra de Dios. Si leemos y estudiamos la Biblia todos los días, nuestra fe se fortalecerá. Como un muro sólido, esa fe nos servirá de escudo contra la influencia de los espíritus malos (1 Juan 5:5).

¿Qué más tenían que hacer los cristianos de Éfeso? Como vivían en una ciudad llena de demonismo, necesitaban más protección aún. Por eso, Pablo les dijo: “Con toda forma de oración y ruego, [oren] en toda ocasión en espíritu” (Efesios 6:18). Como nosotros también vivimos en un mundo lleno de demonismo, para hacer frente a los ataques de los malos espíritus es esencial que le roguemos a Jehová que nos proteja. Algo fundamental es que mencionemos el nombre de Jehová en las oraciones (Proverbios 18:10). Además, tenemos que pedirle constantemente que ‘nos libre del inicuo’, Satanás (Mateo 6:13). Sin duda alguna, Dios contestará esos ruegos (Salmo 145:19).

Es cierto que los espíritus malignos son peligrosos. Pero no tenemos por qué vivir atemorizados por ellos si nos oponemos al Diablo y nos acercamos a Dios haciendo Su voluntad (Santiago 4:7, 8). El poder de los malos espíritus tiene límites. En tiempos de Noé, los demonios fueron castigados, y en el futuro recibirán su juicio final (Judas 6). Recuerde también que contamos con la protección de los poderosos ángeles de Jehová (2 Reyes 6:15-17). Ellos están muy pendientes de nuestra lucha contra los espíritus malos y desean que la ganemos. Por así decirlo, nos aplauden para animarnos. Por lo tanto, sigamos unidos a Jehová y a su familia de criaturas espirituales fieles. Además, evitemos todo tipo de espiritismo y pongamos siempre en práctica los consejos de la Palabra de Dios (1 Pedro 5:6, 7; 2 Pedro 2:9). De esa forma, seguro que venceremos en nuestra lucha contra los seres espirituales malvados.
Ce blog est hébérgé par centerblog. Créer un blog c'est simple, rapide et gratuit sur centerblog.net !
Signaler un abus