Según la Biblia, la Torre de Babel fue una enorme obra de construcción. (Gén. 11:1-9.) Es interesante el hecho de que los arqueólogos han desenterrado en las ruinas de la antigua Babilonia y alrededor de ellas los lugares donde estaban varios zigurat o torres-templos escalonados parecidos a pirámides, entre ellos el templo de Etemenanki en ruinas, en la zona protegida por los muros de Babilonia. Registros antiguos acerca de estos templos suelen contener las palabras: “Su cima llegará a los cielos”. Cierto informe dice que el rey Nabucodonosor dijo: “Elevé la cúspide de la Torre escalonada de Etemenanki de modo que su cúspide rivalizara con los cielos”. Un fragmento relata así el derrumbe de un zigurat como ese: “La construcción de este templo ofendió a los dioses. En una noche derribaron lo que se había construido. Los esparcieron, e hicieron extraña su habla. Impidieron el progreso”.
En 1867, en la zona de Jerusalén, Charles Warren descubrió un canal para aguas que corría desde la fuente (manantial) de Guihón hacia atrás a la colina y por un conducto hacia arriba a la Ciudad de David. Parece que por allí entraron originalmente los hombres de David en la ciudad. (2 Sam. 5:6-10.) Fue en 1909-1911 cuando se despejó todo el sistema de túneles que venía desde la fuente de Guihón. Un túnel imponente, con un promedio de 1,8 metros (6 pies) de altura, fue cincelado a través de 533 metros (1.749 pies) de roca sólida. Este iba desde Guihón hasta el Estanque de Siloam en el valle del Tiropeón (dentro de la ciudad) y parece que fue el que construyó Ezequías. En uno de los muros del estrecho túnel se halló una inscripción en hebreo antiguo. En parte dice: “Y así es como se perforó:—Mientras [...] (había) todavía [...] hacha(s), cada hombre hacia su compañero, y mientras todavía había que perforar tres codos, [se oyó] la voz de un hombre que llamaba a su compañero, pues hubo un traslapo en la roca a la derecha [y a la izquierda]. Y cuando quedó completamente perforado el túnel, los canteros labraron (la roca), cada hombre hacia su compañero, hacha contra hacha; y el agua fluyó de la fuente hacia el depósito por 1.200 codos, y la altura de la roca por encima de la(s) cabeza(s) de los canteros era de 100 codos”. ¡Qué gran hazaña de ingeniería para aquellos tiempos! (2 Rey. 20:20; 2 Cró. 32:30.)
A Sisaq, rey de Egipto, se le menciona siete veces en la Biblia. Debido a que el rey Rehoboam abandonó la ley de Jehová, Jehová permitió que Sisaq invadiera Judá (en 993 a.E.C.), pero no para arruinarla por completo. (1 Rey. 14:25-28; 2 Cró. 12:1-12.) Hasta años recientes parecía que solo había el registro bíblico de esta invasión. Entonces salió a luz un documento grande del faraón a quien la Biblia llama Sisaq (Sesonq I). Esto consistió en un imponente relieve en jeroglíficos y dibujos en el muro sur del inmenso templo egipcio de Karnak (la antigua Tebas). En ese gigantesco relieve está representado el dios egipcio Amón, quien lleva en la diestra una espada en forma de guadaña. Él le trae al faraón Sisaq 156 prisioneros palestinos maniatados, sujetados por cuerdas a su mano izquierda. Cada prisionero representa una ciudad o aldea cuyo nombre aparece en jeroglíficos. Entre las que todavía se pueden leer e identificar están: Rabit (Jos. 19:20); Taanac, Bet-seán y Meguidó (Jos. 17:11); Sunem (Jos. 19:18); Rehob (Jos. 19:28); Hafaraim (Jos. 19:19); Gabaón (Jos. 18:25); Bet-horón (Jos. 21:22); Ayalón (Jos. 21:24); Socoh (Jos. 15:35) y Arad (Jos. 12:14). El documento también se refiere al “Campo de Abrán”, y esta es la mención más antigua de Abrahán en registros egipcios.
En 1868 el misionero alemán F. A. Klein hizo el extraordinario descubrimiento de una antigua inscripción en Dibán (Dibón). Esta ha llegado a conocerse como la Estela Moabita. Se hizo un molde de su escrito, pero la estela misma fue hecha pedazos por los beduinos antes de que pudiera ser trasladada. Sin embargo, la mayoría de los pedazos se recobraron, y ahora se conserva esta estela en el Louvre, París, y hay una copia en el Museo Británico, Londres. Originalmente fue erigida en Dibón, Moab, y da la versión del rey Mesá sobre su revuelta contra Israel. (2 Rey. 1:1; 3:4, 5.) Dice en parte: “Soy Mesá, hijo de Kemós [...], rey de Moab, el dibonita [...] Respecto a Omrí, rey de Israel, él humilló a Moab por muchos años (literalmente, días), porque Kemós [el dios de Moab] estaba encolerizado con su país. Y su hijo le sucedió y también dijo: ‘Humillaré a Moab’. En mis días habló (así), pero ¡he triunfado sobre él y sobre su casa, mientras que Israel ha perecido para siempre! [...] Y Kemós me dijo: ‘¡Ve, quítale Nebo a Israel!’. Así que fui de noche y peleé contra ella desde que despuntó el alba hasta el mediodía; la tomé y maté a todos [...] Y tomé de allí los [vasos] de Yahveh, y los arrastré ante Kemós”. Note la mención del nombre divino en la última oración.
(La Estela Moabita también menciona los siguientes lugares bíblicos: Atarot y Nebo (Núm. 32:34, 38); el Arnón, Aroer, Medebá y Dibón (Jos. 13:9); Bamot-baal, Bet-baal-meón, Jáhaz y Quiryataim (Jos. 13:17-19); Bézer (Jos. 20:8), Horonaim (Isa. 15:5); Bet-diblataim y Queriyot (Jer. 48:22, 24). Así confirma la historicidad de esos lugares.)