2) Exactitud geográfica y geológica.
Muchos escritores han comentado sobre lo notablemente exacta que es la descripción bíblica de la Tierra Prometida y los territorios vecinos. Por ejemplo, uno que ha viajado por el Oriente, el Dr. A. P. Stanley, dijo del viaje de los israelitas por el desierto: “Aunque no se conociera con exactitud su ruta, los rasgos peculiares del país tienen tanto en común que la historia todavía recibiría muchas ilustraciones notables. [...] Los manantiales, pozos y arroyos que de vez en cuando se presentan concuerdan con los informes de las ‘aguas’ de Marah; los ‘manantiales’ de [...] Elim, el ‘arroyo’ de Horeb; el ‘pozo’ de las hijas de Jetró, con su ‘pila’ o depósitos, en Madián. La vegetación todavía es la que deberíamos deducir de la historia mosaica”. En el relato sobre Egipto, la exactitud no solo se ve en la descripción general del territorio —sus abundantes tierras de granos, su río Nilo bordeado de cañas (Gén. 41:47-49; Éxo. 2:3), sus aguas procedentes de ‘ríos, canales, estanques llenos de cañas y aguas represadas’ (Éxo. 7:19), su ‘lino, cebada, trigo y espelta’ (Éxo. 9:31, 32)—, sino también en el nombre y la ubicación de las poblaciones.
Tanto confían en el registro geológico y geográfico de la Biblia algunos científicos de nuestros tiempos que lo han seguido como guía y han sido bien recompensados. Unos años atrás el eminente geólogo Dr. Ben Tor se guió por el texto que dice: “Porque Jehová tu Dios va a introducirte en una buena tierra, [...] tierra cuyas piedras son hierro”. (Deu. 8:7, 9.) A unos cuantos kilómetros de Beer-seba encontró inmensos despeñaderos saturados de mineral negro rojizo. Allí había, según cálculos, 13.600.000 toneladas métricas (15.000.000 de toneladas) de mineral de hierro de calidad inferior. Más tarde, unos ingenieros descubrieron un afloramiento de kilómetro y medio (una milla) de longitud de mineral excelente, de 60% a 65% hierro puro. El Dr. Joseph Weitz, célebre autoridad en la repoblación forestal de Israel, dijo: “El primer árbol que Abrahán plantó en el suelo de Beer-seba fue un tamarisco”. “Guiándonos por su ejemplo, hace cuatro años sembramos dos millones de esos árboles en la misma zona. Abrahán tenía razón. Hemos visto que el tamarisco es uno de los pocos árboles que medran en el sur, donde la lluvia anual es de menos de seis pulgadas [153 milímetros]”. El libro Tree and Shrub in Our Biblical Heritage, por Nogah Hareuveni, añade: “Parece que el patriarca Abrahán no sembró simplemente cualquier árbol al llegar a Beer-seba. [...] Escogió el árbol cuya sombra es más refrescante que la de otros árboles. Además, el [tamarisco] puede resistir el calor y sequías largas mediante enviar sus raíces a gran profundidad para hallar agua subterránea. No sorprende que el [tamarisco] permanezca hasta la actualidad en las inmediaciones de Beer-seba”. (Gén. 21:33.)
En cuanto a detalles como declaraciones cronológicas y geográficas en la Biblia, el profesor R. D. Wilson escribe en A Scientific Investigation of the Old Testament, páginas 213, 214: “Las declaraciones cronológicas y geográficas son más exactas y confiables que las de los demás documentos antiguos; y las narraciones biográficas y otras narraciones históricas armonizan maravillosamente con la prueba que suministran documentos extrabíblicos”.
3) Razas e idiomas de la humanidad.
En el libro After Its Kind, Byron C. Nelson dice: “Fue el hombre lo que fue hecho, no el negro, el chino, el europeo. Dos seres humanos a quienes en la Biblia se conoce como Adán y Eva fueron creados, de quienes por descendencia y variación naturales han provenido todas las variedades de hombres que hay sobre la faz de la Tierra. Todas las razas de los hombres, prescindiendo del color o del tamaño, son una sola especie natural. Todos piensan de modo parecido, sienten de modo parecido, son similares en estructura física, aunque sean de razas diferentes se casan unos con otros, y tienen prole que refleja sus características. Todas las razas descienden de dos antepasados comunes que provinieron plenamente formados de la mano del Creador”. De esto dan testimonio Génesis 1:27, 28; 2:7, 20-23; 3:20; Hechos 17:26 y Romanos 5:12.
En cuanto al relato bíblico del foco desde el cual empezaron a esparcirse los idiomas antiguos, el arqueólogo sir Henry Rawlinson dijo que “si nos dejáramos guiar así por la simple intersección de sendas lingüísticas, e independientemente de toda referencia al registro bíblico, todavía se nos llevaría a escoger las llanuras de Sinar como el foco desde el cual habían salido las diversas líneas”. (Gén. 11:1-9.)
4) Lo práctico de su contenido.
Si no hubiera otras pruebas de autenticidad, los principios justos y las normas morales de la Biblia la separarían como producto de la mente divina. Además, lo práctico de su contenido se extiende a toda fase de la vida cotidiana. Ningún otro libro nos da un punto de vista racional del origen de todas las cosas, entre ellas la humanidad, y del propósito del Creador para la Tierra y el hombre. (Gén., cap. 1; Isa. 45:18.) La Biblia nos dice por qué muere el hombre y por qué existe la iniquidad. (Gén., cap. 3; Rom. 5:12; Job, caps. 1, 2; Éxo. 9:16.) Presenta la más elevada norma de justicia. (Éxo. 23:1, 2, 6, 7; Deu. 19:15-21.) Da consejo apropiado sobre tratos comerciales (Lev. 19:35, 36; Pro. 20:10; 22:22, 23; Mat. 7:12); la conducta moral limpia (Lev. 20:10-16; Gál. 5:19-23; Heb. 13:4); las relaciones con otros (Lev. 19:18; Pro. 12:15; 15:1; 27:1, 2, 5, 6; 29:11; Mat. 7:12; 1 Tim. 5:1, 2); el matrimonio (Gén. 2:22-24; Mat. 19:4, 5, 9; 1 Cor. 7:2, 9, 10, 39); las relaciones dentro del círculo familiar y los deberes del esposo, la esposa y los hijos (Deu. 6:4-9; Pro. 13:24; Efe. 5:21-33; 6:1-4; Col. 3:18-21; 1 Ped. 3:1-6); la actitud apropiada para con los gobernantes (Rom. 13:1-10; Tito 3:1; 1 Tim. 2:1, 2; 1 Ped. 2:13, 14); el trabajo honrado y la relación entre amos y esclavos y entre patronos y empleados (Efe. 4:28; Col. 3:22-24; 4:1; 1 Ped. 2:18-21); la compañía apropiada (Pro. 1:10-16; 5:3-11; 1 Cor. 15:33; 2 Tim. 2:22; Heb. 10:24, 25); el zanjar disputas (Mat. 18:15-17; Efe. 4:26); y muchas otras cosas que tienen efecto vital en nuestra vida cotidiana.
La Biblia también suministra valiosas indicaciones respecto a la salud física y mental. (Pro. 15:17; 17:22.) Durante los últimos años las investigaciones médicas han demostrado que la actitud mental de una persona de veras tiene efecto en su salud física. Por ejemplo, de unos estudios se desprende que los niveles más altos de tensión arterial corresponden a las personas que tienden a airarse a menudo. Algunos informaron que el encolerizarse produjo sensaciones cardíacas, dolores de cabeza, hemorragias nasales, mareos o incapacidad para articular. No obstante, mucho tiempo atrás la Biblia explicó: “Un corazón calmado es la vida del organismo de carne”. (Pro. 14:30; compárese con Mateo 5:9.)