¿Qué significa ‘no ser parte del mundo’?
¿Indica que los seguidores de Jesús tienen que evitar todo contacto con las personas no cristianas?
No, pues los cristianos no pueden practicar el aislamiento.
Ciertamente Jesús no esperaba que sus seguidores se aislaran en comunidades religiosas exclusivas. Más bien, les mandó hacer una obra que había de abarcar toda la Tierra, pues les dijo: “Recibirán poder cuando el espíritu santo llegue sobre ustedes, y serán testigos de mí tanto en Jerusalén como en toda Judea y en Samaria y hasta la parte más lejana de la tierra” (Hechos 1:8). También les dio el siguiente mandato: “Por lo tanto vayan y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del espíritu santo, enseñándoles a observar todas las cosas que yo les he mandado. Y, ¡miren! estoy con ustedes todos los días hasta la conclusión del sistema de cosas” (Mateo 28:19, 20).
1 Juan 2:15, 16 dice : "No estén amando ni al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él; porque todo lo que hay en el mundo —el deseo de la carne y el deseo de los ojos y la exhibición ostentosa del medio de vida de uno— no se origina del Padre, sino que se origina del mundo."
Tambien, 1 Juan 5:19 dice que "el mundo entero yace en el [poder del] inicuo."
Puesto que el mundo de Satanás está por terminar, ¡qué vital es asegurarnos de que realmente estamos buscando primero el Reino de Dios! (Mateo 6:33.)
Recuerde que “la amistad con el mundo es enemistad con Dios” (Santiago 4:4).
Por lo tanto, para no llegar a ser enemigos de Dios, ¿cómo podemos evitar la contaminación mundana? ¿Cuáles son algunas de las cosas del mundo que debemos evitar?
El apóstol Juan escribió: “No estén amando ni al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él; porque todo lo que hay en el mundo —el deseo de la carne y el deseo de los ojos y la exhibición ostentosa del medio de vida de uno— no se origina del Padre, sino que se origina del mundo” (1 Juan 2:15, 16). Aquí Juan menciona tres cosas básicas de este mundo que el pueblo de Jehová no debe amar.
“El deseo de la carne” podría conducirnos a muchas prácticas dañinas y mortíferas, que son muy comunes en este mundo inicuo que está bajo el control de Satanás. Entre éstas figuran las “obras” de la carne pecaminosa... “fornicación, inmundicia, conducta relajada, idolatría, práctica de espiritismo, enemistades, contiendas, celos, enojos, altercaciones, divisiones, sectas, envidias, borracheras, diversiones estrepitosas y cosas semejantes a éstas”. Simplemente no podemos pasar por alto impunemente la advertencia del apóstol Pablo de que “los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21).
“El deseo de los ojos” es otra característica de los que son parte de este mundo. A medida que van acumulando riqueza y posesiones, parece que jamás quedan satisfechos. Su deseo de tener ropa nueva, automóviles, casas, aparatos eléctricos y muchas otras cosas que agradan a la vista se hace tan poderoso que, como dijo Jesús, “el poder engañoso de las riquezas y los deseos de las demás cosas van entrando y ahogan la palabra, y ésta se hace infructífera” (Marcos 4:18, 19). En Lucas 4:5-8 se dice que cuando Satanas ofrecio los poderes de este mundo a Jesus, el rehuso su oferta. ¿Está usted siguiendo el excelente ejemplo de Jesús, o consume tanto de su tiempo, atención y energía el satisfacer “el deseo de los ojos” que usted está descuidando los intereses del Reino?
“La exhibición ostentosa del medio de vida de uno” también es algo que los siervos de Jehová deben evitar. En muchos casos dicho deseo malo no solo lleva a que uno trate de mantenerse al paso con otros, sino también a que uno se esfuerce por ir mucho más allá que ellos en sentido material.A la raíz del ambicionar una posición social y hacer una exhibición ostentosa está el orgullo pecaminoso (Proverbios 8:13; 16:18; 21:4). Además, puesto que la mayor parte de los seres humanos están siguiendo el camino ancho que conduce a la destrucción, ¡qué oportunas son las palabras de Jesús: “Ay, cuando todos los hombres hablen bien de ustedes”! (Lucas 6:26.)
Juan nos proporciona una razón fundamental por la cual ‘no debemos ser parte del mundo’, al agregar: “Además, el mundo va pasando y también su deseo, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17). “El mundo”, la sociedad humana injusta, se está acercando a su fin en la “grande tribulación”, que se aproxima rápidamente (Mateo 24:21). Durante ese período será destruido todo vestigio de los elementos políticos, comerciales y de la religión falsa de este mundo. Por eso, ¿cómo podría un verdadero siervo de Dios dedicar todo su tiempo, energía y recursos a estos elementos que dentro de poco quedarán en nada? Más bien, los cristianos leales se esfuerzan principalmente por adelantar los intereses del Reino y las cosas que son duraderas, eternas. Sí, las personas que ahora fueron equilibradas en cuanto a los placeres que nos ofrecen este mundo, sobrevivirán cuando la destrucción divina le sobrevenga a esta sociedad humana injusta, al igual que Noé y su familia sobrevivieron al Diluvio. (2 Pedro 2:5.)