Como reacciona Juan al ver a la gran ramera y su temible montura? Él mismo contesta: “Pues, al alcanzar yo a verla, me admiré con gran admiración”. (Revelación 17:6b.) La imaginación humana por sí sola nunca podría evocar una vista como aquella. Sin embargo, allí está —allá en un desierto—: ¡una ramera disoluta montada sobre una horrible bestia salvaje de color escarlata! (Revelación 17:3.) Hoy día la clase Juan también se admira con gran admiración a medida que los sucesos van cumpliendo la visión profética. Si la gente del mundo pudiera verla, exclamaría: ‘¡Increíble!’, y los gobernantes del mundo dirían algo parecido: ‘¡Inconcebible!’. Pero la visión se convierte en una sorprendente realidad en nuestros días. El pueblo de Dios ya ha participado notablemente en el cumplimiento de la visión, y esto les asegura que el cumplimiento de la profecía seguirá adelante hacia su sorprendente culminación.
El ángel nota el asombro de Juan. “De modo que el ángel me dijo —continúa Juan—: ‘¿Por qué te admiraste? Yo te diré el misterio de la mujer y de la bestia salvaje que la lleva y que tiene las siete cabezas y los diez cuernos’.” (Revelación 17:7.) ¡Ah, el ángel ahora descifrará el misterio! Explica al admirado Juan los varios rasgos de la visión y los sucesos dramáticos que están por tener lugar. De igual manera, a la vigilante clase Juan, mientras sirve bajo dirección angelical hoy, se le ha revelado el entendimiento de la profecía. “¿No pertenecen a Dios las interpretaciones?” Como el fiel José, creemos que así es. (Génesis 40:8; compárese con Daniel 2:29, 30.) El pueblo de Dios está situado, por decirlo así, en el centro del escenario a medida que Jehová les interpreta el significado de la visión y su efecto en la vida de ellos. (Salmo 25:14.) Precisamente a tiempo, él les ha hecho entender el misterio de la mujer y de la bestia salvaje. (Salmo 32:8.)
Del 18 al 20 de septiembre de 1942, en lo más recio de la II Guerra Mundial, en los Estados Unidos los testigos de Jehová celebraron su Asamblea Teocrática del Nuevo Mundo. La ciudad clave, Cleveland, Ohio, fue conectada por línea telefónica con otras ciudades —más de 50— donde se celebraban asambleas, lo que permitió una concurrencia máxima de 129.699 personas. Donde lo permitieron las circunstancias del tiempo de guerra, otras asambleas repitieron el programa por todo el mundo. En aquel tiempo muchos del pueblo de Jehová esperaban que la guerra desembocara en la guerra de Dios, Armagedón; por eso, el título del discurso público —“Paz... ¿será duradera?”— despertó mucha curiosidad. ¿Cómo podía el nuevo presidente de la Sociedad Watch Tower, N. H. Knorr, atreverse a hablar acerca de paz cuando parecía que precisamente lo contrario esperaba a las naciones? La razón era que la clase Juan estaba prestando “más de la acostumbrada atención” a la Palabra profética de Dios. (Hebreos 2:1; 2 Pedro 1:19.)
¿Qué luz arrojó aquel discurso, “Paz... ¿será duradera?”, sobre la profecía? N. H. Knorr indicó claramente que la bestia salvaje de color escarlata de Revelación 17:3 era la Sociedad de Naciones, y pasó a considerar la tempestuosa carrera de aquella bestia salvaje sobre la base de las siguientes palabras del ángel a Juan: “La bestia salvaje que viste era, pero no es, y, no obstante, está para ascender del abismo, y ha de irse a la destrucción”. (Revelación 17:8a.)
“La bestia salvaje [...] era.” Sí, había existido como la Liga o Sociedad de Naciones desde el 10 de enero de 1920 en adelante, y 63 naciones habían formado parte de ella en un tiempo u otro. Pero, una tras otra, Japón, Alemania e Italia se retiraron de aquella organización, y la ex Unión Soviética fue excluida de ella. En septiembre de 1939 el dictador nazi de Alemania dio comienzo a la II Guerra Mundial. La Sociedad de Naciones no había podido mantener la paz en el mundo, y virtualmente se sumió en un abismo de inactividad. Para 1942 se había hecho inservible. Ni antes de aquel año ni en fecha posterior, sino precisamente al tiempo crítico, ¡Jehová comunicó a su pueblo la interpretación de todo lo que significaba aquella visión! En la Asamblea Teocrática del Nuevo Mundo N. H. Knorr pudo declarar, en armonía con la profecía, que “la bestia salvaje [...] no es”. Entonces hizo la pregunta: “¿Permanecerá la Liga en el abismo?”. Tras de citar de Revelación 17:8, contestó: “La asociación de naciones mundanas surgirá de nuevo”. Así fue como al fin sucedió... ¡en vindicación de la Palabra profética de Jehová!
La bestia salvaje de color escarlata ciertamente salió del abismo. El 26 de junio de 1945, con ruidosa publicidad, en San Francisco, E.U.A., 50 naciones votaron a favor de aceptar la Carta constitucional de la Organización de las Naciones Unidas. Este cuerpo tenía el objetivo de “mantener la paz y la seguridad internacionales”. Había muchas similitudes entre la Sociedad anterior y la ONU. The World Book Encyclopedia dice: “En algunos aspectos la ONU se parece a la Sociedad de Naciones, que se organizó después de la I Guerra Mundial. [...] Muchas de las naciones que fundaron la ONU también habían fundado la Sociedad. Como la Sociedad, la ONU fue establecida para ayudar a mantener la paz entre las naciones. Los organismos principales de la ONU son muy parecidos a los de la Sociedad”. Como se ve, la ONU es en realidad una revivificación de la bestia salvaje de color escarlata. Sus más de 190 naciones miembros superan por mucho a las 63 de la Sociedad; también ha asumido responsabilidades más amplias que las de su predecesora.
Al principio se expresaron grandes esperanzas respecto a la ONU. Esto fue en cumplimiento de las palabras del ángel: “Y cuando vean como la bestia salvaje era, pero no es, y, no obstante, estará presente, los que moran en la tierra se maravillarán con admiración, pero sus nombres no han estado escritos en el rollo de la vida desde la fundación del mundo”. (Revelación 17:8b.) Los moradores de la Tierra han admirado a este nuevo coloso, que funciona desde su imponente sede a la orilla del río East de Nueva York. Pero la ONU no ha traído verdadera paz y seguridad. Durante gran parte del siglo XX, la paz mundial se mantuvo solo debido a la amenaza de “destrucción mutua asegurada”, y la carrera de armamentos ha continuado aumentando astronómicamente. Después de casi 40 años de esfuerzo por las Naciones Unidas, el entonces secretario general de la organización, Javier Pérez de Cuéllar, se lamentó en 1985 en el sentido de que ‘vivimos en otra era de fanáticos, y no sabemos qué hacer en cuanto a ello’.