En http://www.cincinnatichildrens.org/visit/spanish/info/blood/tests/transfusions-neonates.htm se habla de los riesgos de las transfusiónes de sangre y dice :
"Algunos virus pueden transmitirse por transfusión. El citomegalovirus (CMV) es uno de los que se transmite más fácilmente por la transfusión. Los pacientes con inmunodeficiencia severa están en riesgo de adquirir el CMV y pueden desarrollar complicaciones severas, incluyendo la neumonía. El riesgo de contraer CMV por transfusión, puede reducirse si se utilizan productos derivados de la sangre que han sido previamente filtrados (para remover los glóbulos blancos infectados), que han estado congelados o que han dado resultados negativos para las pruebas para CMV. Estos productos se llaman "seguros contra el CMV." En el RCNIC sólo utilizamos productos sanguíneos "seguros contra el CMV".
Los virus de las hepatitis (Hepatitis B y Hepatitis C) y los virus asociados con el SIDA, pueden también transmitirse a través de la transfusión. El riesgo es muy raro, debido al análisis minucioso que se hace de los productos derivados de la sangre antes de ser entregados para una transfusión. El riesgo de Hepatitis B puede reducirse con el uso de la vacuna para la hepatitis B en todos los pacientes que reciben transfusión de sangre. "
Tambien, en http://www.meridianhealth.com/index.cfm/HealthInfo/SPeds/P05441.cfm se dice :
"Los efectos secundarios graves no son frecuentes y pueden incluir dificultad para respirar y disminución repentina de la presión arterial. Una transfusión con un tipo incompatible de sangre puede ser fatal, no obstante, es poco probable que esto suceda porque el personal médico controla toda la sangre varias veces."
Tambien en http://www.cw.bc.ca/library/pdf/pamphlets/CW604SBlood.pdf se habla de las numerosas enfermedades que pueden surgir si aceptamos esa transfusion.
Pero vamos a responder ahora biblicamente.
Cuando Caín mató a Abel, Jehová le dijo: “La sangre de tu hermano está clamando a mí desde el suelo” (Génesis 4:10). Al mencionar Dios la sangre de Abel, se refería a su vida. Caín le había quitado la vida a su hermano y tenía que ser castigado. Era como si la sangre, o la vida, de Abel clamara a Jehová por justicia. La relación entre la vida y la sangre volvió a mostrarse después del Diluvio de Noé. Antes del Diluvio, los seres humanos solo comían frutas, verduras, cereales y frutos secos. Pero después hubo un cambio. Jehová les dijo a Noé y sus hijos: “Todo animal moviente que está vivo puede servirles de alimento. Como en el caso de la vegetación verde, de veras lo doy todo a ustedes”. Sin embargo, Dios añadió esta prohibición: “Solo carne con su alma [o vida] —su sangre— no deben comer” (Génesis 1:29; 9:3, 4). Está claro que, para Jehová, la vida y la sangre están muy relacionadas.
Un modo de mostrar respeto por la sangre es no comiéndola. En la Ley que dio a los israelitas, Jehová mandó: “En cuanto a cualquier hombre [...] que al cazar prenda una bestia salvaje o un ave que pueda comerse, en tal caso tiene que derramar la sangre de esta y cubrirla con polvo. Porque [...] dije yo a los hijos de Israel: ‘No deben comer la sangre de ninguna clase de carne [...]’” (Levítico 17:13, 14). La prohibición de comer sangre animal, que Dios ya había dado a Noé unos ochocientos años antes, aún era válida. Estaba claro lo que pensaba Jehová: sus siervos podían comer la carne de los animales, pero no la sangre. Tenían que derramarla en el suelo, lo cual era como devolver a Dios la vida del animal.
A los cristianos se nos ha dado un mandato parecido. En el siglo primero, los apóstoles y otros hombres que dirigían a los discípulos de Jesús se reunieron para decidir qué mandatos debían obedecer todos los cristianos. Esta fue la conclusión a la que llegaron: “Al espíritu santo y a nosotros mismos nos ha parecido bien no añadirles ninguna otra carga, salvo estas cosas necesarias: que sigan absteniéndose de cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de cosas estranguladas [animales no desangrados], y de fornicación” (Hechos 15:28, 29; 21:25). Así que debemos ‘abstenernos de sangre’. A los ojos de Dios, esto es tan importante como evitar la idolatría y la inmoralidad sexual.
¿Están incluidas las transfusiones en el mandato de abstenerse de sangre? Sí, lo están. Pongamos una comparación. Si el médico le dice que se abstenga del alcohol, ¿significa que no debe beberlo pero sí puede inyectárselo en las venas? Por supuesto que no. De la misma manera, abstenerse de sangre significa no introducirla en el cuerpo de ningún modo. Así que para obedecer ese mandato no debemos permitir que nos pongan una transfusión de sangre.
Pero ¿qué ocurre si un cristiano está gravemente herido o tiene que someterse a una operación seria? Supongamos que los médicos le dijeran que si no le ponen sangre, morirá. Lógicamente, el cristiano no quiere morir. Como desea conservar el valioso regalo divino de la vida, estaría dispuesto a recibir otros tratamientos médicos que no implicaran un mal uso de la sangre. Por eso, aceptaría alguna de las diversas alternativas a la sangre que estuvieran a su alcance.
¿Violaría el cristiano la ley de Dios para alargar un poco su vida en este sistema de cosas? Jesús dijo: “El que quiera salvar su alma [o su vida], la perderá; pero el que pierda su alma por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25). Ninguno de nosotros desea morir. Sin embargo, si tratamos de salvar nuestra vida actual violando la ley de Dios, nos arriesgamos a perder la vida eterna. De modo que lo más sensato es confiar plenamente en que la ley divina es para nuestro bien. Podemos estar seguros de que si llegamos a morir, el Dador de la vida nos recordará en la resurrección y nos devolverá ese precioso don (Juan 5:28, 29; Hebreos 11:6).
[Testigos Cristianos de Jehová]
http://www.marcosvidal.com/ ... el que yo prefiero !!!