“Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; así como yo los he amado, que ustedes también se amen los unos a los otros. En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí.” (Juan 13:34, 35.)
Con esas palabras Jesús estableció una norma que sirve para juzgar a los que dicen que son sus verdaderos seguidores. El amor cristiano tendría que vencer toda división racial, tribual y nacional. Requeriría que los verdaderos cristianos ‘no fueran parte del mundo’, tal como Jesús ‘no fue, ni es, parte del mundo’. (Juan 17:14, 16; Romanos 12:17-21.)
¿Cómo muestra el cristiano que él ‘no es parte del mundo’? Por ejemplo, ¿cómo debería actuar con relación a la turbulencia política, revolucionaria y guerrera de nuestros tiempos? El apóstol cristiano Juan escribió en conformidad con las palabras de Jesús citadas arriba: “Todo el que no se ocupa en la justicia no se origina de Dios, tampoco el que no ama a su hermano. Porque este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio, que debemos tener amor unos para con otros”. Y Jesús mismo explicó por qué sus discípulos no pelearon para librarlo a él, así: “Mi reino no es parte de este mundo. Si mi reino fuera parte de este mundo, mis servidores habrían peleado [...] Pero, como es el caso, mi reino no es de esta fuente”. Aun cuando la vida de Jesús estuvo en juego, aquellos servidores no se envolvieron en resolver la controversia con guerra como acostumbra hacerlo el mundo. (1 Juan 3:10-12; Juan 18:36.)
Más de 700 años antes de Cristo, Isaías había profetizado que gente de todas las naciones acudiría a la adoración verdadera de Jehová y no aprendería más la guerra. Dijo: “Y en la parte final de los días tiene que suceder que la montaña de la casa de Jehová llegará a estar firmemente establecida por encima de la cumbre de las montañas, [...] y a ella tendrán que afluir todas las naciones. Y muchos pueblos ciertamente irán y dirán: ‘Vengan, y subamos a la montaña de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y él nos instruirá acerca de sus caminos, y ciertamente andaremos en sus sendas’. Porque de Sión saldrá ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él ciertamente dictará el fallo entre las naciones y enderezará los asuntos respecto a muchos pueblos. Y tendrán que batir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra”. (Isaías 2:2-4.)
De todas las religiones del mundo, ¿cuál ha sobresalido entre las demás respecto a satisfacer estos requisitos? ¿Quiénes han rehusado aprender la guerra a pesar de enfrentarse a castigos como las prisiones, los campos de concentración y sentencias de muerte?
A los testigos de Jehová se les conoce por todo el mundo porque individualmente adoptan una postura de neutralidad cristiana por los dictados de su conciencia. Han aguantado prisiones, campos de concentración, tortura, deportaciones y persecución durante todo el siglo XX por negarse a sacrificar su amor y unidad como congregación mundial de cristianos que han sido atraídos a Dios. En la Alemania nazi, durante los años 1933-1945 unos mil Testigos murieron y miles fueron llevados a prisión porque rehusaron cooperar con el esfuerzo de guerra de Hitler. De igual manera, bajo Franco en la España fascista del pasado centenares de jóvenes Testigos fueron a prisión y muchos pasaron como promedio diez años cada uno en prisiones militares por negarse a aprender la guerra. En varios países, muchos jóvenes testigos de Jehová languidecen en prisión hasta el día de hoy debido a su postura de neutralidad cristiana. Sin embargo, los testigos de Jehová no interfieren en los programas militares de los gobiernos. La firme neutralidad cristiana de los Testigos en asuntos políticos ha constituido parte constante de sus creencias durante todos los conflictos y las guerras del siglo XX. Esto los sella como verdaderos seguidores de Cristo y los separa de las religiones de la cristiandad. (Juan 17:16; 2 Corintios 10:3-5.)
Por su apego a la Biblia y al ejemplo de Cristo los testigos de Jehová dan prueba de que practican la adoración del Dios verdadero, Jehová. Han llegado a apreciar el amor de Dios como se reflejó en la vida y el sacrificio de Jesús. Comprenden que el resultado del verdadero amor cristiano es una hermandad mundial indivisible... por encima de las divisiones políticas, raciales y nacionales. En otras palabras, el cristianismo es más que simplemente internacional; es supranacional, pues va más allá de los límites, la autoridad o los intereses nacionales. Ve a la raza humana como una sola familia con un progenitor en común y con un Creador en común, Jehová Dios. (Hechos 17:24-28; Colosenses 3:9-11.) Mientras que casi toda otra religión se ha envuelto en guerras —fratricidas y homicidas— los testigos de Jehová han mostrado que toman a pecho la profecía de Isaías 2:4, citada anteriormente.