En la profecía de Isaías 44:6 Jehová Dios dice: “Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios.” Y en Isaías 48:12, 13 dice: “Yo soy el Mismo. Yo soy el primero. Además, soy el último. Además, mi propia mano colocó el fundamento de la tierra, y mi propia diestra extendió los cielos.” También, en el alfabeto griego la primera letra se llama Alfa y la última letra Omega (O Grande); y por eso Jehová Dios de nuevo da énfasis al hecho de que es “el Primero y el Último” diciendo, en Revelación 1:8: “‘Yo soy el Alfa y la Omega,’ dice Jehová Dios, ‘El que es y que era y que viene, el Todopoderoso.’ Y en Revelación 22:13 él dice: “Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin.” Por lo tanto, al hablar de sí mismo como “el Primero y el Último,” ¿está el Señor Jesucristo alegando que es Jehová Dios el Todopoderoso? De ninguna manera, sino que está refiriéndose a sí mismo como el “Primero y el Último” en otro sentido, con relación a otra cosa. ¿Cómo se explica eso?
Esto era con relación a la muerte y la vida. El glorificado Jesucristo en el cielo era entonces, como dice, “el viviente.” Pero, ¿y antes de eso? “Llegué a estar muerto,” dice. Eso fue cuando llegó a ser hombre y vivió por treinta y tres años y medio aquí abajo en la Tierra. Sus enemigos entonces le dieron muerte fijándolo en un madero fuera de Jerusalén. Pero al tercer día el “Rey de la eternidad, incorruptible, invisible, el único Dios,” resucitó a Jesucristo de entre los muertos. (1 Timoteo 1:17) Desde entonces en adelante el resucitado Señor Jesucristo podía decir: “¡Mira! vivo para siempre jamás.” (Revelación 1:17, 18) Al resucitar fue vestido con inmortalidad en la región celestial de espíritus, y por lo tanto ya no puede morir. (1 Pedro 3:18, Val; HA; 1 Corintios 15:45-54; Romanos 6:9) Al morir Jesucristo en la Tierra fue al Hades, que es el sepulcro común de la humanidad. Al tercer día Jehová Dios usó la ‘llave del Hades’ y dejó salir a su Hijo fiel y lo restauró a la vida, para que viva para siempre, inmortal.—Hechos 2:22-36; 13:33-37; 26:23.
¿Podemos ver ahora por qué, con relación a esto, Jesucristo podía hablar de sí mismo como “el Primero y el Último”? Él fue el primero a quien Jehová Dios el Todopoderoso levantó directamente, sin otra agencia, de entre los muertos, no para vivir un poquito de tiempo más y entonces volver a morir, sino para vivir para siempre. Por eso el apóstol Juan podía llamarlo “Jesucristo, ‘el Testigo Fiel,’ ‘El primogénito de los muertos.’” (Revelación 1:5) Además, él fue el primero que fue resucitado de la muerte humana a la vida como espíritu en la región celestial. El propósito de Jehová Dios el Todopoderoso no es el de levantar a otros de la muerte directamente, sin alguna agencia, ni siquiera de la muerte humana a la vida espiritual, celestial. Por esa razón Jesucristo es también “el Último” en tener esta intervención divina directa. ¿Es que no habrá, pues, ninguna otra resurrección de entre los muertos que la de Jesucristo? No, sino que desde entonces en adelante Dios usará a su Hijo resucitado para levantar a todos los demás por los cuales él dio su vida humana perfecta en sacrificio.—Juan 5:21-29.
Esto explica por qué Jesús, después de decir: “¡Mira! vivo para siempre jamás,” añadió las palabras: “Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” Jehová Dios le ha encargado a Jesús desde entonces en adelante el empleo de esa llave de la muerte y esa llave del Hades. Él es a quien Jehová Dios usará para soltar a la humanidad de la muerte que ha heredado de su primer padre humano pecaminoso, Adán, y también del sepulcro común de la humanidad, es decir, el Hades, al cual la generalidad de la humanidad va al morir.
Muy apropiadamente Jesús podía decir: “Yo soy la resurrección y la vida. El que ejerce fe en mí, aunque muera, llegará a vivir; y todo el que vive y ejerce fe en mí no morirá jamás.” (Juan 11:25, 26) Jesús, cuando estuvo en la Tierra como hombre de carne y sangre, también dijo: “A menos que coman la carne del Hijo del hombre y beban su sangre, no tienen vida en ustedes. El que se alimenta de mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día; porque mi carne es verdadero alimento, y mi sangre es verdadera bebida. . . . Así como me envió el Padre viviente y yo vivo a causa del Padre, así también el que se alimenta de mí, sí, ese mismo vivirá a causa de mí. Este es el pan que bajó del cielo. . . . El que se alimenta de este pan vivirá para siempre.”—Juan 6:53-58.
Debido a que el glorificado Jesucristo está vivo de entre los muertos para siempre y tiene poder para eliminar la muerte y el sepulcro a los cuales la humanidad pecaminosa está sujeta, había base sólida para que él dijera al apóstol Juan: “Por lo tanto escribe las cosas que viste, y las cosas que son y las cosas que se efectuarán después de éstas.” (Revelación 1:19) Jesucristo, con vida para siempre y habiendo recibido gran poder, se encargará de que todas las cosas que deben acontecer según el propósito de Jehová Dios ‘se efectúen después de éstas.’