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Nom du blog :
hermanogitano
Description du blog :
Las enseñanzas de la Biblia a la luz - El conocimiento que lleva a vida eterna
Catégorie :
Blog Religion
Date de création :
27.12.2007
Dernière mise à jour :
04.05.2008
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Las ensenansas de la Biblia a la luz

¿Quién es el Diablo?

Posté le 21.04.2008 par hermanogitano
La palabra “diablo” significa alguien que dice mentiras malvadas acerca de otra persona. “Satanás” significa enemigo u opositor. Estos términos califican al principal enemigo de Dios. Al principio era un ángel perfecto que vivía con Dios en el cielo, pero luego se hizo vanidoso y quiso recibir la adoración que por derecho le pertenece a Dios. (Mateo 4:8-10.)

Este ángel, Satanás, habló con Eva a través de una serpiente y, con sus mentiras, consiguió que desobedeciera a Dios. De esta manera Satanás atacó la “soberanía” de Dios, es decir, su posición como el Altísimo. Puso en duda que Dios gobernara de manera adecuada y para el bien de Sus súbditos. También insinuó que ningún ser humano se mantendría leal a Dios. Al actuar así se convirtió en enemigo de Dios. De ahí que recibiera el nombre de Satanás el Diablo. (Génesis 3:1-5; Job 1:8-11; Revelación 12:9.)

Satanás trata de engañar a las personas para que lo adoren. (2 Corintios 11:3, 14.) Una manera de hacerlo es mediante la religión falsa. Si una religión enseña mentiras acerca de Dios, en realidad cumple el propósito de Satanás. (Juan 8:44.) Las personas que pertenecen a religiones falsas tal vez crean sinceramente que adoran al Dios verdadero, pero en realidad sirven a Satanás, pues él es ‘el dios de este mundo’. (2 Corintios 4:4.)

El espiritismo es otro medio que usa Satanás para controlar a la gente. Algunas personas tal vez invoquen a los espíritus para que las protejan, perjudiquen a otros, predigan el futuro o hagan milagros. Satanás es la fuerza malvada que está detrás de todas esas prácticas. Si queremos agradar a Dios, no debemos tener nada que ver con el espiritismo. (Deuteronomio 18:10-12; Hechos 19:18, 19.)

Satanás también engaña a la gente por medio del orgullo de raza extremado y la adoración de organizaciones políticas. Algunas personas creen que su nación o raza es superior a las demás. Pero eso no es cierto. (Hechos 10:34, 35.) Otras esperan que las organizaciones políticas resuelvan los problemas de la humanidad. De esta forma rechazan el Reino de Dios, el cual es la única solución para nuestros problemas. (Daniel 2:44.)

Otra manera de engañar Satanás a las personas es tentándolas con deseos pecaminosos. Jehová nos dice que evitemos las prácticas pecaminosas porque sabe que nos perjudicarán. (Gálatas 6:7, 8.) Puede que algunas personas quieran que usted se les una en tal proceder. Pero recuerde que en realidad es Satanás quien desea que usted haga esas cosas. (1 Corintios 6:9, 10; 15:33.)

Satanás puede valerse de persecución u oposición para que usted abandone a Jehová. Tal vez algunos de sus seres queridos se enfaden mucho por el hecho de que esté estudiando la Biblia. Otros quizás se burlen de usted. Pero ¿a quién le debe la vida? Satanás quiere asustarlo para que deje de aprender de Jehová. No permita que venza. (Mateo 10:34-39; 1 Pedro 5:8, 9.) Al resistir al Diablo, puede alegrar a Jehová y demostrar que apoya Su soberanía. (Proverbios 27:11.)

Agrademos a Dios con nuestra conducta

Posté le 17.04.2008 par hermanogitano
Que aprendemos de la invitación que nos hace Jehová a vivir de acuerdo con sus normas ?

Dejemos hablar la Biblia :

Zacarías 6:15 “. . .Y los que están lejos vendrán y realmente edificarán en el templo de Jehová”. Y ustedes tendrán que saber que Jehová de los ejércitos mismo me ha enviado a ustedes. Y tiene que ocurrir... si ustedes sin falta escuchan la voz de Jehová su Dios’”.”

Malaquías 3:16, 18 “. . .En aquel tiempo los que estaban en temor de Jehová hablaron unos con otros, cada uno con su compañero, y Jehová siguió prestando atención y escuchando. Y un libro de recuerdo empezó a ser escrito delante de él para los que estaban en temor de Jehová y para los que pensaban en su nombre.” Y ustedes ciertamente verán de nuevo [la distinción] entre uno justo y uno inicuo, entre uno que sirve a Dios y uno que no le ha servido.”

Y que aprendemos al meditar en las características y las malas consecuencias del pecado?

Malaquías 4:1 “. . .“Porque, ¡miren!, viene el día que está ardiendo como el horno, y todos los presuntuosos y todos los que hacen iniquidad tienen que llegar a ser como rastrojo. Y el día que viene ciertamente los devorará —ha dicho Jehová de los ejércitos—, de modo que no les dejará raíz ni rama mayor.”

Romanos 6:12-14 “. . .Por lo tanto, no dejen que el pecado continúe reinando en su cuerpo mortal de modo que obedezcan los deseos de este. 13 Tampoco sigan presentando sus miembros al pecado como armas de la injusticia, sino preséntense a Dios como aquellos vivos de entre los muertos; también sus miembros a Dios como armas de la justicia. 14 Porque el pecado no debe ser amo sobre ustedes, puesto que no están bajo ley, sino bajo bondad inmerecida.”

1 Corintios 6:18 “. . .Huyan de la fornicación. Todo otro pecado que el hombre cometa está fuera de su cuerpo, pero el que practica la fornicación peca contra su propio cuerpo.”

Tambien, que aprendemos al examinar la decadencia moral del pueblo de Dios en la antigüedad?

La Biblia dice :

Oseas 8:7 “. . .”Porque es viento lo que siguen sembrando, y un viento de tempestad es lo que segarán. Nada tiene grano en pie. Ningún brote produce harina. Si algunos tal vez [la] producen, extraños mismos se la tragan.”

Oseas 10:12 “. . .Siembren semilla para ustedes en justicia; sieguen de acuerdo con bondad amorosa. Labren para ustedes tierra cultivable, cuando hay tiempo para buscar a Jehová, hasta que él venga y les dé instrucción en justicia.”

Oseas 14:9 “. . .¿Quién es sabio, para que entienda estas cosas? ¿Discreto, para que las sepa? Porque los caminos de Jehová son rectos, y los justos son los que andarán en ellos; pero los transgresores son los que tropezarán en ellos.”

Que béneficios obtenemos al adoptar el criterio de Jehová sobre la moralidad sexual?

Dejemos la Biblia hablar :

Oseas 3:3 “. . .Entonces le dije: “Por muchos días morarás como mía. No debes cometer fornicación, y no debes llegar a pertenecer a [otro] hombre; y yo también ciertamente seré para ti”.”

Oseas 4:11 “ Fornicación y vino y vino dulce son lo que quitan el buen motivo.”

Y que béneficios obtenemos al hacer caso de las advertencias de los ultimos doce profetas contra la codicia y el egoísmo?

Miqueas 7:5-7 “. . .No pongan su fe en un compañero. No cifren su confianza en un amigo íntimo. De la que se reclina en tu seno guarda las aperturas de tu boca. 6 Porque hijo desprecia a padre; hija se levanta contra su madre; nuera contra su suegra; los enemigos de un hombre son los hombres de su casa. 7 Pero en cuanto a mí, por Jehová me mantendré vigilante. Ciertamente mostraré una actitud de espera por el Dios de mi salvación. Mi Dios me oirá.”

Filipenses 2:4 “. . .no vigilando con interés personal solo sus propios asuntos, sino también con interés personal los de los demás.”

Tambien, que béneficios obtenemos al huir del espiritismo y el ocultismo?

La Biblia dice :

Miqueas 5:12 “. . .Y ciertamente cortaré de tu mano las hechicerías, y no continuarás teniendo practicantes de magia.”

Nahúm 3:4 “. . .debido a la abundancia de los actos de prostitución de la prostituta, atractiva con encanto, maestra de hechicerías, la que está cogiendo en lazo a las naciones por sus actos de prostitución, y a familias por sus hechicerías.”

Malaquías 3:5 “. . .”Y ciertamente me acercaré a ustedes para el juicio, y ciertamente llegaré a ser testigo veloz contra los hechiceros, y contra los adúlteros, y contra los que juran falsamente, y contra los que actúan fraudulentamente con el salario del trabajador asalariado, con [la] viuda y con [el] huérfano de padre, y los que apartan al residente forastero, mientras que no me han temido”, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

La oración nos acerca a Dios

Posté le 11.04.2008 par hermanogitano
EN COMPARACIÓN con el inmenso universo, nuestro planeta es muy pequeño. De hecho, para Jehová, “el Hacedor del cielo y de la tierra”, las naciones son como una diminuta gota de agua de un balde (Salmo 115:15; Isaías 40:15). Sin embargo, la Biblia dice que “Jehová está cerca de todos los que lo invocan, de todos los que lo invocan en apego a la verdad”, y que él cumplirá “el deseo de los que le temen, y oirá su clamor por ayuda” (Salmo 145:18, 19). Piense en el significado de estas palabras. El Creador todopoderoso está cerca de nosotros y nos oirá si “lo invoca[mos] en apego a la verdad”, es decir, con fidelidad. ¡Qué privilegio tenemos de poder orarle!

No obstante, si queremos que Jehová escuche nuestras oraciones, debemos orarle de la manera que él aprueba. Pero ¿cómo vamos a hacerlo si no sabemos lo que enseña la Biblia sobre la oración? Es vital que lo sepamos, pues la oración nos acerca a Jehová.

Una razón importante por la que debemos orar a Jehová es que él nos invita a hacerlo. Su Palabra dice: “No se inquieten por cosa alguna, sino que en todo, por oración y ruego junto con acción de gracias, dense a conocer sus peticiones a Dios; y la paz de Dios que supera a todo pensamiento guardará sus corazones y sus facultades mentales mediante Cristo Jesús” (Filipenses 4:6, 7). Seguramente, no queremos rechazar una invitación tan bondadosa del Gobernante Supremo del universo.

Otra razón por la que debemos orar es que cuando lo hacemos con frecuencia, se estrecha nuestra relación con Jehová. Los buenos amigos no se comunican solo cuando necesitan algo, sino en cualquier momento, porque se interesan el uno en el otro. Su amistad se va fortaleciendo a medida que se expresan con toda libertad sus pensamientos, preocupaciones y sentimientos. En cierto sentido, algo parecido ocurre con nuestra relación con Jehová. Gracias a este libro, usted ha aprendido mucho sobre lo que la Biblia enseña acerca de Jehová, su personalidad y su propósito. Ha llegado a ver a Dios como una persona real. Pues bien, la oración le permite expresar a su Padre celestial sus pensamientos y sentimientos más íntimos. Y de esa forma se acercará más a él (Santiago 4:8).

¿Escucha Jehová todas las oraciones? Fíjese en lo que les dijo a los israelitas rebeldes que vivían en el tiempo del profeta Isaías: “Aunque hagan muchas oraciones, no escucho; sus mismas manos se han llenado de derramamiento de sangre” (Isaías 1:15). Así que si nos comportamos de una manera que Dios no aprueba, él no escuchará nuestras oraciones. Por tanto, para que sí las escuche, debemos cumplir algunas condiciones básicas.

Una condición esencial es tener fe (Marcos 11:24). El apóstol Pablo escribió: “Sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan” (Hebreos 11:6, Nueva Versión Internacional). Sin embargo, para tener fe verdadera no basta con saber que Dios existe y que escucha y responde las oraciones. La fe se demuestra con acciones. En nuestro modo de vida debe notarse claramente que tenemos fe (Santiago 2:26).

Otra condición que pone Jehová es que la oración se haga con humildad y sinceridad. ¿Y no es verdad que tenemos muchas razones para ser humildes al hablar con Dios? Cuando la gente tiene la oportunidad de conversar con un rey o un presidente, suele hacerlo con respeto, pues reconoce la elevada posición que ocupa esa persona. Sin duda, Jehová merece que nos dirijamos a él con mucho más respeto (Salmo 138:6). Al fin y al cabo, es el “Dios Todopoderoso” (Génesis 17:1). Nuestra forma de hablarle debe indicar que reconocemos humildemente que somos muy inferiores a él. Dicha humildad también nos impulsará a orarle con toda sinceridad y a no hacerlo mecánicamente ni repetir siempre lo mismo (Mateo 6:7, 8).

Otra condición para que Dios nos escuche es que hagamos todo lo posible por actuar de acuerdo con nuestras oraciones. Por ejemplo, si le pedimos a Jehová “nuestro pan para este día”, debemos trabajar duro en cualquier empleo que hallemos, siempre y cuando podamos realizarlo (Mateo 6:11; 2 Tesalonicenses 3:10). Igualmente, si le rogamos que nos ayude a vencer una debilidad, tenemos que evitar situaciones que pudieran someternos a una tentación (Colosenses 3:5). Pero además de conocer estas condiciones básicas para orar a Dios, necesitamos saber la respuesta a algunas preguntas sobre la oración.

¿A quién debemos orar?
Jesús enseñó a sus discípulos a orar así: “Padre nuestro que estás en los cielos” (Mateo 6:9). Por lo tanto, debemos dirigir nuestras oraciones únicamente a Jehová Dios. Sin embargo, él quiere que reconozcamos la posición que ocupa su Hijo unigénito, Jesucristo. Como vimos en el capítulo 5, Jehová envió a Jesús a la Tierra para que fuera el rescate que nos liberara del pecado y la muerte (Juan 3:16; Romanos 5:12). Además, lo nombró Sumo Sacerdote y Juez (Juan 5:22; Hebreos 6:20). Por eso, las Escrituras nos dicen que oremos mediante Jesús. Él mismo dijo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Para que nuestras oraciones sean escuchadas, deben ir dirigidas únicamente a Jehová por medio de su Hijo.

¿Hay que adoptar una postura especial?
No. Jehová no nos pide que pongamos de cierta manera las manos o el cuerpo entero. La Biblia enseña que hay varias posturas adecuadas para orar. Por ejemplo, la persona puede estar sentada, inclinada, arrodillada o de pie (1 Crónicas 17:16; Nehemías 8:6; Daniel 6:10; Marcos 11:25). Lo que de verdad importa no es adoptar una postura para que nos vean, sino tener la debida actitud. De hecho, podemos orar en silencio y en cualquier lugar, tanto si estamos realizando nuestras labores habituales como si surge una emergencia. Puede que nadie se dé cuenta de que estamos orando, pero Jehová sí nos escucha (Nehemías 2:1-6).

¿Qué asuntos podemos mencionar en nuestras oraciones?
La Biblia responde: “No importa [...] lo que pidamos”, siempre que sea “conforme a su voluntad, [Jehová] nos oye” (1 Juan 5:14). Así que podemos incluir cualquier asunto que esté de acuerdo con la voluntad de Dios. Por ejemplo, ¿desea él que le contemos nuestras preocupaciones? ¡Claro que sí! Orar a Jehová es como hablar con un amigo íntimo. Podemos ‘derramarle nuestro corazón’, es decir, expresarle con toda confianza lo que sentimos (Salmo 62:8). También es apropiado pedirle que nos ayude con su espíritu santo a hacer lo que está bien (Lucas 11:13). Además, le rogamos que nos guíe para tomar buenas decisiones y que nos dé fuerzas para aguantar las dificultades (Santiago 1:5). Cuando pecamos, debemos suplicarle que nos perdone, teniendo en cuenta nuestra fe en el sacrificio de Cristo (Efesios 1:3, 7). Pero no oremos solo por nosotros, sino también por otras personas, como nuestros familiares o hermanos cristianos (Hechos 12:5; Colosenses 4:12).

En nuestras oraciones debemos dar la máxima importancia a las cuestiones relacionadas con Jehová Dios. Tenemos razones de sobra para alabarlo y darle gracias de todo corazón por su gran bondad (1 Crónicas 29:10-13). En Mateo 6:9-13 encontramos la oración que Jesús dio como modelo. En ella se nos enseña a pedir que se santifique el nombre de Dios, es decir, que se trate como algo santo o sagrado. A continuación se pide que venga el Reino de Dios y que se haga la voluntad divina en la Tierra como se hace en el cielo. Notemos que Jesús incluye los asuntos personales después de mencionar estas cuestiones importantes relacionadas con Jehová. Si nosotros también dejamos que Dios ocupe el lugar más importante en nuestras oraciones, demostraremos que no estamos interesados solo en nuestro bienestar.

¿Cuánto deben durar nuestras oraciones?
La Biblia no pone límites a la duración de las oraciones, sean privadas o públicas. Pueden ser cortas, como las que hacemos antes de comer, o largas, como cuando le abrimos el corazón a Jehová en privado (1 Samuel 1:12, 15). No obstante, Jesús condenó a los santurrones que hacían oraciones interminables para llamar la atención (Lucas 20:46, 47). Eso no impresiona a Jehová. Lo importante es orar con sinceridad. Por lo tanto, la duración de las oraciones dependerá de las necesidades y las circunstancias.

¿Con qué frecuencia debemos orar?
La Biblia nos dice: “Oren de continuo”, “perseveren en la oración” y “oren incesantemente” (Mateo 26:41; Romanos 12:12; 1 Tesalonicenses 5:17). Eso no quiere decir que vamos a pasar las veinticuatro horas orando. Significa, más bien, que todos los días debemos ofrecer oraciones a Jehová para darle gracias por su bondad y para pedirle que nos guíe, consuele y dé fuerzas. ¡Qué bendición! Jehová nos permite orarle todas las veces que queramos y por tanto tiempo como deseemos. Si valoramos el privilegio de hablar con nuestro Padre celestial, encontraremos muchas ocasiones para hacerlo.

¿Por qué deberíamos terminar diciendo “amén”?
Esa palabra significa “así sea”, “ciertamente”. Hay ejemplos bíblicos que muestran que es conveniente finalizar las oraciones personales y públicas diciendo “amén” (1 Crónicas 16:36; Salmo 41:13). Cuando decimos “amén” en privado, confirmamos que nuestras palabras han sido sinceras. Cuando lo decimos en público (sea en silencio o en voz alta), manifestamos que estamos de acuerdo con lo que se ha expresado (1 Corintios 14:16).

¿De verdad responde Jehová nuestras oraciones? ¡Por supuesto que sí! Tenemos buenas razones para confiar en que el “Oidor de la oración” contesta las oraciones sinceras que le hacemos millones de personas (Salmo 65:2). Y su respuesta puede llegarnos de varias maneras.

Por ejemplo, para contestar las oraciones, Jehová utiliza a sus ángeles y a los seres humanos que le sirven (Hebreos 1:13, 14). Muchas personas que han orado pidiendo ayuda para entender la Biblia han recibido poco después la visita de un siervo de Jehová. Tales experiencias indican que los ángeles dirigen la predicación del Reino (Revelación [Apocalipsis] 14:6). Por otra parte, cuando nos encontramos en un momento de necesidad, Jehová puede contestar nuestras oraciones impulsando a un cristiano a que nos ayude (Proverbios 12:25; Santiago 2:16).

Jehová Dios también responde las oraciones de sus siervos mediante su espíritu santo y su Palabra, la Biblia. Cuando le pedimos ayuda para superar algún problema, él puede guiarnos y fortalecernos con su espíritu santo (2 Corintios 4:7). Y cuando le oramos para tomar buenas decisiones, muchas veces nos contesta mediante las Santas Escrituras. Tal vez encontremos versículos útiles durante nuestro estudio personal de la Biblia o al leer publicaciones cristianas, como este libro. Además, es posible que se nos recuerden los principios bíblicos que debemos tener en cuenta. Esto pudiera ocurrir, por ejemplo, cuando asistimos a una reunión cristiana o cuando nos aconseja un anciano de la congregación que se preocupa por nosotros (Gálatas 6:1).

A veces pudiera parecernos que Jehová tarda en contestar nuestras súplicas, pero eso no quiere decir que no pueda responderlas. Recordemos que Jehová nos contestará de la manera y en el momento que él crea convenientes. Él conoce bien nuestras necesidades y sabe cómo satisfacerlas mejor que nosotros mismos. Muchas veces deja que sigamos “pidiendo”, “buscando” y “tocando” (Lucas 11:5-10). Si así lo hacemos, le demostraremos que nuestro deseo es intenso y nuestra fe es auténtica. Además, tal vez Jehová nos conteste de una forma que no resulte evidente para nosotros. Por ejemplo, si le oramos porque se nos ha presentado cierta dificultad, es posible que en vez de eliminarla, nos dé las fuerzas para aguantarla (Filipenses 4:13).

Estamos muy agradecidos al Creador del inmenso universo, pues está cerca de todos los que lo invocamos orándole como él desea (Salmo 145:18). Aprovechemos bien el gran privilegio de la oración. Si lo hacemos, tendremos la satisfacción de saber que podremos acercarnos cada vez más a Jehová, el Oidor de la oración.

Nínive

Posté le 09.04.2008 par hermanogitano
Ciudad de Asiria que fundó Nemrod, “poderoso cazador en oposición a Jehová”. Junto con Rehobot-Ir, Cálah y Resen, constituía la “gran ciudad”. (Gé 10:9, 11, 12; Miq 5:6.) Mucho tiempo después llegó a ser la capital del Imperio asirio. Como tal, era una “ciudad de derramamiento de sangre” (Na 3:1), puesto que los asirios libraron muchas guerras de conquista y emplearon métodos brutales para matar a los guerreros que capturaban. Sin duda, las campañas militares contribuyeron notablemente a la riqueza de la ciudad. (Na 2:9.) La deidad principal de Nínive parece haber sido Istar, diosa del amor y de la guerra.

Quyunjiq y Nebi Yunus (“Profeta Jonás”), dos montículos situados en la orilla oriental del río Tigris, frente a Mosul, al N. de Irak, marcan el lugar de lo que en una ocasión fue la gran ciudad de Nínive. Hoy, un pueblo moderno, con un cementerio y una mezquita, ocupa Nebi Yunus. Por eso este montículo, que cubre un palacio de Esar-hadón, no se ha investigado a fondo. Sin embargo, en Quyunjiq las excavaciones han sacado a la luz muchos objetos que testifican de la gloria pasada de Nínive. Los hallazgos incluyen miles de tablillas cuneiformes de la biblioteca de Asurbanipal, así como las ruinas del palacio de Senaquerib y el de Asurbanipal. Estos palacios eran construcciones impresionantes. Tomando como base estos hallazgos, Austen Layard escribió:

“El interior del palacio asirio debe haber sido imponente a la par que majestuoso. He conducido al lector a través de sus ruinas, de modo que puede hacerse una idea de cómo estaban dispuestas sus salas a fin de impresionar al extraño de antaño que entraba por primera vez en la residencia de los soberanos asirios. Se le hacía penetrar a través de un portal custodiado por gigantescos leones o toros de alabastro albo. En la primera estancia se hallaba rodeado de los registros esculpidos del imperio. Batallas, sitios, triunfos, hazañas de caza, ceremonias religiosas..., todos ellos aparecían en las esculturas de alabastro que, coloreadas con magnificencia, recubrían las paredes. Debajo de cada escena había grabadas inscripciones con caracteres rellenos de cobre brillante que narraban los hechos. Sobre las esculturas había pintadas otras escenas: el rey, asistido por sus eunucos y guerreros, recibe a sus prisioneros, pacta alianzas con otros monarcas o realiza algún deber sagrado. Tales representaciones se hallaban enmarcadas por cenefas coloreadas de diseño elegante y complejo. Entre los diversos ornamentos sobresalían el árbol simbólico, los toros alados y los animales espantosos. En el extremo superior de la sala se hallaba la imagen colosal del rey, que adora al dios principal o recibe de mano de su eunuco la copa sagrada. Le asistían los guerreros que le llevaban las armas, así como los sacerdotes o los dioses principales. Su ropaje y el de sus seguidores estaba adornado con grupos de figuras, animales y flores, todo ello pintado con colores llamativos.

”El extranjero andaba sobre losas de alabastro, cada una con una inscripción que contenía los títulos, genealogía y logros del gran rey. Gran número de corredores, formados por colosales leones o toros alados, o por esculturas de dioses guardianes, conducían a otras estancias, que, a su vez, desembocaban en otros salones más distantes. En cada uno de ellos aparecían nuevas esculturas. Algunos de sus muros estaban decorados con procesiones de figuras colosales: hombres armados y eunucos que siguen al rey, guerreros que portan el despojo, conducen a los prisioneros o llevan presentes y ofrendas a los dioses. En otras paredes se representaban sacerdotes alados o divinidades principales, de pie ante los árboles sagrados.

”Los techos que quedaban sobre el espectador estaban divididos en compartimientos cuadrados, pintados con flores o con figuras de animales. Algunos tenían incrustaciones de marfil y cada uno de ellos estaba circundado por elegantes cenefas y molduras. Puede que las vigas y los laterales de las cámaras tuvieran un baño de oro y plata; y en el enmaderado se utilizaron las maderas más exquisitas, entre las que destacaba la de cedro. Las lucernas cuadradas de los techos de las cámaras permitían que entrase la luz diurna.” (Nineveh and Its Remains, 1856, parte II, págs. 207-209.)

Jonás, el profeta de Jehová, declaró en el siglo IX a. E.C. un juicio inminente contra Nínive como consecuencia de la iniquidad de sus habitantes. Sin embargo, debido al arrepentimiento del rey y del pueblo, Jehová perdonó a la ciudad. (Jon 1:1, 2; 3:2, 5-10.) En ese tiempo Nínive era una gran ciudad, “con distancia de tres días de camino” (Jon 3:3) y con una población que ascendía a más de 120.000 hombres. (Jon 4:11.) Estos datos bíblicos no contradicen los descubrimientos arqueológicos. André Parrot, conservador en jefe de los museos nacionales franceses, hace la siguiente observación:

“En la misma forma que el París actual, en lo que es interior de su antiguo recinto, difiere extraordinariamente de lo que acostumbra a denominarse ‘el gran París’ —fórmula que comprende todos los suburbios y engloba una superficie mucho más considerable—, ¿no es posible suponer también que muchos de los que vivían lejos de Asiria consideraban como ‘Nínive’ lo que llamamos hoy ‘el triángulo asirio’ [...], que comprendía, de Khorsabad, al norte, hasta Nimrud, al sur, el rosario casi ininterrumpido de sus aglomeraciones que alcanzaban la longitud de unos 40 kilómetros?

”[...] Félix Jones calculaba que la población de Nínive podía alcanzar la cifra de 174 000 habitantes, y últimamente, durante las excavaciones de Nimrud, M. E. L. Mallowan encontró una estela de Assurnazirpal en la que se daba cuenta de haber invitado en un banquete la cantidad fabulosa de 69 574 comensales. El arqueólogo inglés consideraba que, después de deducidos los forasteros, la población de Kālaḥ (Nimrud) debía estimarse en unos 65 000 habitantes. Pues bien, la superficie de Nínive es doble, y así puede constatarse que la cifra indicada en Jonás (4:[11]) obtiene con ello una confirmación indirecta aunque valiosa.” (Nínive y el Antiguo Testamento, traducción de Sebastián Bartina, 1962, págs. 68, 69)

Aunque los ninivitas se arrepintieron debido a la predicación de Jonás (Mt 12:41; Lu 11:30, 32), reincidieron, de modo que reemprendieron sus caminos inicuos. Algunos años después del asesinato del rey asirio Senaquerib en Nínive, en la casa de su dios Nisroc (2Re 19:36, 37; Isa 37:37, 38), Nahúm (1:1; 2:8–3:19) y Sofonías (2:13-15) predijeron la destrucción de esa malvada ciudad. Sus profecías se cumplieron cuando las fuerzas conjuntas del rey Nabopolasar de Babilonia y de Ciaxares el medo sitiaron y capturaron Nínive. Parece ser que la ciudad fue incendiada, puesto que muchos relieves asirios están estropeados o manchados por el fuego y el humo. Una crónica de Babilonia informa con referencia a Nínive: “Se llevaron el gran despojo de la ciudad y el templo y [convirtieron] la ciudad en un montículo de ruinas”. (Assyrian and Babylonian Chronicles, de A. Grayson, 1975, pág. 94; GRABADO, vol. 1, pág. 958.) Hasta este día Nínive es una extensión desolada, y en la primavera los rebaños pastan cerca o encima del montículo de Quyunjiq.

La fecha de la caída de Nínive —el año decimocuarto de Nabopolasar— está borrada de la tablilla cuneiforme existente que relata este acontecimiento, pero a pesar de eso, puede deducirse del contexto. También es posible situar la destrucción de Nínive en el marco de la cronología bíblica: según una crónica de Babilonia, los egipcios fueron derrotados en Carquemis en el año vigésimo primero del reinado de Nabopolasar, y la Biblia muestra que este acontecimiento tuvo lugar en el año cuarto del reinado de Jehoiaquim, en 625 a. E.C. (Jer 46:2.) Por lo tanto, la destrucción de Nínive (unos siete años antes), en el año decimocuarto del reinado de Nabopolasar, ocurrió en 632 a. E.C.

Un libro de profecias

Posté le 09.04.2008 par hermanogitano
La Biblia contiene numerosas profecías, muchas de las cuales ya se han cumplido. Veamos un ejemplo. Por medio del profeta Isaías —quien vivió más de setecientos años antes de nuestra era—, Jehová predijo lo que le ocurriría a la ciudad de Babilonia: sería destruida (Isaías 13:19; 14:22, 23). Pero además explicó cómo sucedería. Los ejércitos invasores secarían el río que pasaba por la ciudad y entrarían en ella sin tener que pelear. Y eso no es todo. La profecía reveló incluso el nombre del rey que conquistaría Babilonia: Ciro (Isaías 44:27–45:2).

Unos doscientos años después, en la noche del 5 al 6 de octubre del año 539 antes de nuestra era, un ejército se hallaba acampado cerca de Babilonia. ¿Quién lo comandaba? Un rey persa llamado Ciro. En efecto, todo estaba dispuesto para que se cumpliera la asombrosa profecía. Pero ¿conseguiría el ejército de Ciro conquistar la ciudad sin siquiera pelear, como se había predicho?

Los babilonios estaban celebrando una fiesta aquella noche y se sentían seguros tras las enormes murallas de la ciudad. Mientras tanto, Ciro ingeniosamente desvió las aguas del río que cruzaba Babilonia, de modo que el nivel del agua bajó lo suficiente como para que sus hombres se acercaran a las murallas avanzando por el cauce. Sin embargo, ¿cómo lograron atravesar las murallas? ¡Las puertas de la ciudad se habían dejado abiertas por descuido!

Jehová había dicho lo siguiente acerca de Babilonia: “Nunca será habitada, ni residirá por generación tras generación. Y allí el árabe no asentará su tienda, y no habrá pastores que dejen que sus rebaños se echen allí” (Isaías 13:20). La profecía no solo indicó que la ciudad caería, sino también que quedaría deshabitada para siempre. Usted puede comprobar que estas palabras se han cumplido. A unos 80 kilómetros al sur de Bagdad, la capital de Irak, se encuentran los restos de la antigua Babilonia. El lugar está deshabitado, lo que da prueba de que se realizó la predicción que Jehová había hecho mediante Isaías: “La barreré con la escoba de la aniquilación” (Isaías 14:22, 23).

¿Verdad que fortalece la fe comprobar que la Biblia es un libro de profecías confiables? Ciertamente, el que Jehová Dios haya cumplido sus promesas en el pasado nos da la seguridad de que también cumplirá su promesa de convertir la Tierra en un paraíso (Números 23:19). En efecto, tenemos la “esperanza de la vida eterna que Dios, que no puede mentir, prometió antes de tiempos de larga duración” (Tito 1:2).

[La destrucción de Babilonia es solo un ejemplo de cómo se han cumplido muchas profecías bíblicas. Otros ejemplos son la destrucción de las ciudades de Tiro y Nínive (Ezequiel 26:1-5; Sofonías 2:13-15). Además, el profeta Daniel predijo cuáles serían los imperios mundiales que surgirían después de Babilonia, entre ellos Medopersia y Grecia (Daniel 8:5-7, 20-22). Para mas informacion vean aqui : http://hermanogitano.centerblog.net/3531995-Las-potencias-mundiales-en-la-Biblia ; http://hermanogitano.centerblog.net/4450822-Que-dicen-ellos-acerca-de-Tiro- ]

Nefilim

Posté le 08.04.2008 par hermanogitano
(Derribadores; Los que Hacen Caer [a Otros])

Transliteración de la palabra hebrea nefi·lím, que está en plural las tres veces que aparece en la Biblia. (Gé 6:4; Nú 13:33 [dos ocasiones].) Seguramente proviene de la forma causativa del verbo hebreo na·fál (caer), que se emplea, por ejemplo, en 2 Reyes 3:19; 19:7.

El relato de la Biblia que explica que Dios desaprobó a la sociedad humana en los días de Noé antes del Diluvio, dice que “los hijos del Dios verdadero” tomaron para sí esposas de entre las atractivas hijas de los hombres. Luego menciona la presencia de los “nefilim”: “Los nefilim se hallaban en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos del Dios verdadero continuaron teniendo relaciones con las hijas de los hombres y ellas les dieron a luz hijos, estos fueron los poderosos [heb. hag·guib·bo·rím] que eran de la antigüedad, los hombres de fama”. (Gé 6:1-4.)

Los comentaristas bíblicos han ofrecido varias explicaciones sobre la identidad de los nefilim mencionados en el versículo 4. Algunos creen que la etimología del nombre indica que los nefilim habían caído del cielo, es decir, que eran ‘ángeles caídos’ que mantuvieron relaciones con las mujeres, relaciones de las que nacerían “los poderosos [...] los hombres de fama”. Otros doctos han reparado particularmente en la expresión “y también después” (vs. 4), y han afirmado que los nefilim no eran los ‘ángeles caídos’ o “los poderosos”, puesto que los nefilim “se hallaban en la tierra en aquellos días”, antes de que los hijos de Dios tuviesen relaciones con mujeres. Sostienen la opinión de que los nefilim eran simplemente hombres malvados como Caín —ladrones, intimidadores y tiranos—, que vagaron por la tierra hasta que se les aniquiló en el Diluvio. Por último, también hay quienes han tomado en consideración el contexto del versículo 4 y han llegado a la conclusión de que los nefilim no eran ellos mismos ángeles, sino la prole híbrida que resultó de las relaciones que mantuvieron los ángeles materializados con las hijas de los hombres.

Ciertas traducciones bíblicas ajustan el lugar donde aparece la frase “y también después”, y la colocan cerca del principio del versículo 4, de manera que identifican a los nefilim con “los poderosos”, los guib·bo·rím, mencionados en la última parte del versículo. Por ejemplo: “En aquel entonces había gigantes [heb. han·nefi·lím] en la tierra (y también después), cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres, y ellas les daban hijos. Estos son los héroes [heb. hag·guib·bo·rím] de antaño, hombres famosos”. (Gé 6:4, EMN, 1988; véanse también BJ, LT, PIB.)

La Septuaginta griega también indica que los “nefilim” y los “poderosos” son los mismos, pues utiliza la palabra guí·gan·tes (gigantes) para traducir ambas expresiones.

Un repaso del relato permite ver que en los versículos del 1 al 3 se habla de que “los hijos del Dios verdadero” tomaron esposas y se registra la declaración de Jehová de que iba a poner fin a su paciencia con los hombres al cabo de ciento veinte años. Luego, el versículo 4 menciona que los nefilim se hallaban en la tierra “en aquellos días”, los días en que Jehová hizo la declaración. A continuación pasa a mostrar que esta situación continuó “después, cuando los hijos del Dios verdadero continuaron teniendo relaciones con las hijas de los hombres”, y explica con más detalle los resultados de la unión de “los hijos del Dios verdadero” con las mujeres.

¿Quiénes fueron esos “hijos del Dios verdadero”? ¿Eran hombres que adoraban a Jehová (para distinguirlos de la humanidad inicua en general), como algunos afirman? Es obvio que no. De lo que dice la Biblia se deduce que su matrimonio con las hijas de los hombres resultó en un avivamiento de la maldad en la tierra. Noé y sus tres hijos, junto con sus esposas, fueron los únicos que tuvieron el favor de Dios, por lo que se les conservó con vida durante el Diluvio. (Gé 6:9; 8:15, 16; 1Pe 3:20.)

Por lo tanto, si esos “hijos del Dios verdadero” fueron tan solo hombres, surge la pregunta: ¿por qué sus descendientes llegaron a ser “hombres de fama”, aún más que la prole de los inicuos o del fiel Noé? También podría hacerse la pregunta: ¿por qué mencionar su matrimonio con las hijas de los hombres como algo especial? El matrimonio y el nacimiento de niños había tenido lugar por más de mil quinientos años.

Por lo tanto, los hijos de Dios mencionados en Génesis 6:2 deben haber sido ángeles, “hijos de Dios” celestiales. Esta misma expresión se aplica a los ángeles en Job 1:6 y 38:7. Pedro apoya este punto de vista cuando habla de “los espíritus en prisión, que en un tiempo habían sido desobedientes cuando la paciencia de Dios estaba esperando en los días de Noé”. (1Pe 3:19, 20.) También Judas escribe acerca de “los ángeles que no guardaron su posición original, sino que abandonaron su propio y debido lugar de habitación”. (Jud 6.) Los ángeles tenían el poder de materializarse en forma humana, y algunos lo hicieron para llevar mensajes procedentes de Dios. (Gé 18:1, 2, 8, 20-22; 19:1-11; Jos 5:13-15.) Pero la morada propia de los espíritus es el cielo, y los ángeles tienen allí posiciones de servicio bajo Jehová. (Da 7:9, 10.) El abandonar esta morada para habitar en la tierra y dejar su servicio asignado a fin de tener relaciones carnales, era una rebelión contra las leyes de Dios y una perversión.

La Biblia dice que los ángeles desobedientes son en la actualidad “espíritus en prisión”, que han sido arrojados “en el Tártaro” y se les ha “reservado con cadenas sempiternas bajo densa oscuridad para el juicio del gran día”. Estas palabras parecen indicar que están muy restringidos, sin poder materializarse de nuevo como lo hicieron antes del Diluvio. (1Pe 3:19; 2Pe 2:4; Jud 6.)

Los “poderosos que eran de la antigüedad, los hombres de fama” producto de esos matrimonios, no eran hombres de fama para Dios, puesto que no sobrevivieron al Diluvio, como Noé y su familia. Eran “nefilim”, intimidadores, tiranos que sin duda propiciaron que empeoraran las condiciones. Sus padres angélicos, que conocían la formación del cuerpo humano y podían materializarse, no estaban creando vida, sino que vivían en esos cuerpos humanos y engendraron hijos al cohabitar con las mujeres. Sus hijos, “poderosos”, eran por lo tanto híbridos, una forma de vida desaprobada por Dios. Al parecer los nefilim no tuvieron hijos.

La fama de los nefilim y el temor que inspiraron parece ser que constituyeron la base de muchas mitologías de los pueblos paganos que se esparcieron por toda la tierra después de la confusión de lenguas en Babel. Y aunque el contexto histórico del relato del Génesis quedó notablemente distorsionado y adornado, guarda una considerable semejanza con dichas mitologías antiguas (la de los griegos es solo un ejemplo), según las cuales los dioses y las diosas se emparejaron con los humanos para producir héroes sobrehumanos y temibles semidioses que tenían características humanas y divinas.

Los diez espías que regresaron a los israelitas en el desierto con un informe falso acerca de la tierra de Canaán declararon: “Toda la gente que vimos en medio de ella son hombres de tamaño extraordinario. Y allí vimos a los nefilim, los hijos de Anaq, que son de los nefilim; de modo que llegamos a ser a nuestros propios ojos como saltamontes, y así mismo llegamos a ser a los ojos de ellos”. Sin duda había algunos hombres altos en Canaán, como lo muestran otros textos, pero nunca —excepto en este “informe malo”, que fue cuidadosamente expresado en términos aterradores con el fin de causar pánico entre los israelitas— se les llama nefilim. (Nú 13:31-33; 14:36, 37.)

¡“El Primero y el Último”!

Posté le 08.04.2008 par hermanogitano
En la profecía de Isaías 44:6 Jehová Dios dice: “Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios.” Y en Isaías 48:12, 13 dice: “Yo soy el Mismo. Yo soy el primero. Además, soy el último. Además, mi propia mano colocó el fundamento de la tierra, y mi propia diestra extendió los cielos.” También, en el alfabeto griego la primera letra se llama Alfa y la última letra Omega (O Grande); y por eso Jehová Dios de nuevo da énfasis al hecho de que es “el Primero y el Último” diciendo, en Revelación 1:8: “‘Yo soy el Alfa y la Omega,’ dice Jehová Dios, ‘El que es y que era y que viene, el Todopoderoso.’ Y en Revelación 22:13 él dice: “Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin.” Por lo tanto, al hablar de sí mismo como “el Primero y el Último,” ¿está el Señor Jesucristo alegando que es Jehová Dios el Todopoderoso? De ninguna manera, sino que está refiriéndose a sí mismo como el “Primero y el Último” en otro sentido, con relación a otra cosa. ¿Cómo se explica eso?

Esto era con relación a la muerte y la vida. El glorificado Jesucristo en el cielo era entonces, como dice, “el viviente.” Pero, ¿y antes de eso? “Llegué a estar muerto,” dice. Eso fue cuando llegó a ser hombre y vivió por treinta y tres años y medio aquí abajo en la Tierra. Sus enemigos entonces le dieron muerte fijándolo en un madero fuera de Jerusalén. Pero al tercer día el “Rey de la eternidad, incorruptible, invisible, el único Dios,” resucitó a Jesucristo de entre los muertos. (1 Timoteo 1:17) Desde entonces en adelante el resucitado Señor Jesucristo podía decir: “¡Mira! vivo para siempre jamás.” (Revelación 1:17, 18) Al resucitar fue vestido con inmortalidad en la región celestial de espíritus, y por lo tanto ya no puede morir. (1 Pedro 3:18, Val; HA; 1 Corintios 15:45-54; Romanos 6:9) Al morir Jesucristo en la Tierra fue al Hades, que es el sepulcro común de la humanidad. Al tercer día Jehová Dios usó la ‘llave del Hades’ y dejó salir a su Hijo fiel y lo restauró a la vida, para que viva para siempre, inmortal.—Hechos 2:22-36; 13:33-37; 26:23.

¿Podemos ver ahora por qué, con relación a esto, Jesucristo podía hablar de sí mismo como “el Primero y el Último”? Él fue el primero a quien Jehová Dios el Todopoderoso levantó directamente, sin otra agencia, de entre los muertos, no para vivir un poquito de tiempo más y entonces volver a morir, sino para vivir para siempre. Por eso el apóstol Juan podía llamarlo “Jesucristo, ‘el Testigo Fiel,’ ‘El primogénito de los muertos.’” (Revelación 1:5) Además, él fue el primero que fue resucitado de la muerte humana a la vida como espíritu en la región celestial. El propósito de Jehová Dios el Todopoderoso no es el de levantar a otros de la muerte directamente, sin alguna agencia, ni siquiera de la muerte humana a la vida espiritual, celestial. Por esa razón Jesucristo es también “el Último” en tener esta intervención divina directa. ¿Es que no habrá, pues, ninguna otra resurrección de entre los muertos que la de Jesucristo? No, sino que desde entonces en adelante Dios usará a su Hijo resucitado para levantar a todos los demás por los cuales él dio su vida humana perfecta en sacrificio.—Juan 5:21-29.

Esto explica por qué Jesús, después de decir: “¡Mira! vivo para siempre jamás,” añadió las palabras: “Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” Jehová Dios le ha encargado a Jesús desde entonces en adelante el empleo de esa llave de la muerte y esa llave del Hades. Él es a quien Jehová Dios usará para soltar a la humanidad de la muerte que ha heredado de su primer padre humano pecaminoso, Adán, y también del sepulcro común de la humanidad, es decir, el Hades, al cual la generalidad de la humanidad va al morir.

Muy apropiadamente Jesús podía decir: “Yo soy la resurrección y la vida. El que ejerce fe en mí, aunque muera, llegará a vivir; y todo el que vive y ejerce fe en mí no morirá jamás.” (Juan 11:25, 26) Jesús, cuando estuvo en la Tierra como hombre de carne y sangre, también dijo: “A menos que coman la carne del Hijo del hombre y beban su sangre, no tienen vida en ustedes. El que se alimenta de mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día; porque mi carne es verdadero alimento, y mi sangre es verdadera bebida. . . . Así como me envió el Padre viviente y yo vivo a causa del Padre, así también el que se alimenta de mí, sí, ese mismo vivirá a causa de mí. Este es el pan que bajó del cielo. . . . El que se alimenta de este pan vivirá para siempre.”—Juan 6:53-58.

Debido a que el glorificado Jesucristo está vivo de entre los muertos para siempre y tiene poder para eliminar la muerte y el sepulcro a los cuales la humanidad pecaminosa está sujeta, había base sólida para que él dijera al apóstol Juan: “Por lo tanto escribe las cosas que viste, y las cosas que son y las cosas que se efectuarán después de éstas.” (Revelación 1:19) Jesucristo, con vida para siempre y habiendo recibido gran poder, se encargará de que todas las cosas que deben acontecer según el propósito de Jehová Dios ‘se efectúen después de éstas.’

¿Cómo influyen en nosotros las criaturas espirituales?

Posté le 04.04.2008 par hermanogitano
Normalmente, conocer a alguien implica saber algunas cosas sobre su familia. De igual modo, conocer a Jehová Dios implica tener cierta información sobre su familia celestial. Esta se compone de ángeles, pues la Biblia los llama “hijos de Dios” (Job 38:7). Pero ¿cómo los utiliza Jehová para realizar su propósito? ¿Han cumplido alguna función en la historia de la humanidad? ¿Influyen los ángeles en nuestra vida? Si así es, ¿cómo?

La Biblia menciona a los ángeles cientos de veces. Analicemos algunas de ellas para conocerlos mejor. ¿Qué origen tienen los ángeles? Colosenses 1:16 responde: “Por medio de [Jesucristo] todas las otras cosas fueron creadas en los cielos y sobre la tierra”. Así pues, todos los seres espirituales llamados ángeles fueron creados individualmente por Jehová Dios mediante su Hijo primogénito. ¿Cuántos ángeles hay? La Biblia indica que hay cientos de millones y que todos ellos son poderosos (Salmo 103:20).

La Palabra de Dios, la Biblia, nos informa que cuando Jehová creó la Tierra, “todos los hijos de Dios empezaron a gritar en aplauso” (Job 38:4-7). Este pasaje bíblico nos enseña que los ángeles ya existían mucho antes de la creación del hombre, pues existían incluso antes de la creación de la Tierra. También muestra que los ángeles tienen sentimientos, porque dice que “gozosamente clamaron a una”. Note que “todos los hijos de Dios” se alegraron “a una”, es decir, a la vez. Así que en aquel entonces, todos los ángeles formaban parte de una sola familia que servía unida a Jehová.

Desde que observaron la creación de nuestros primeros padres, las criaturas espirituales fieles han demostrado mucho interés en la creciente familia humana y en el cumplimiento del propósito de Dios (Proverbios 8:30, 31; 1 Pedro 1:11, 12). Sin embargo, con el paso del tiempo han visto cómo la mayor parte de la humanidad ha decidido no servir a su amoroso Creador. Sin duda, esto ha entristecido a los ángeles fieles. Por otra parte, cuando regresa a Jehová aunque sea una sola persona, “surge gozo entre los ángeles” (Lucas 15:10). Como hemos visto, a ellos les importa mucho el bienestar de los siervos de Dios. Por eso no nos sorprende que Jehová los haya utilizado en muchas ocasiones para fortalecer y proteger a quienes le son fieles en la Tierra (Hebreos 1:7, 14). Veamos algunos ejemplos.

Cuando Dios destruyó las malvadas ciudades de Sodoma y Gomorra, el justo Lot y sus hijas sobrevivieron gracias a que dos ángeles los sacaron de la zona (Génesis 19:15, 16). Siglos después, el profeta Daniel fue arrojado a un foso en el que había leones, pero no sufrió ningún daño. Él explicó así la razón: “Mi propio Dios envió a su ángel y cerró la boca de los leones” (Daniel 6:22). En el siglo primero de nuestra era, un ángel liberó al apóstol Pedro de la prisión (Hechos 12:6-11). También Jesús recibió ayuda angélica cuando comenzaba su servicio a Dios en la Tierra (Marcos 1:13). Y poco antes de su muerte, se le apareció un ángel y “lo fortaleció” (Lucas 22:43). ¡Cuánto debió de animar a Jesús recibir ese apoyo en momentos tan importantes de su vida!

Hoy en día no vemos a estas criaturas espirituales, pues ya no se aparecen a los siervos de Jehová en la Tierra. Sin embargo, los poderosos ángeles siguen protegiendo al pueblo de Dios, sobre todo de las cosas que ponen en peligro su espiritualidad. La Biblia dice: “El ángel de Jehová está acampando todo en derredor de los que le temen, y los libra” (Salmo 34:7). ¿Por qué deberían animarnos mucho esas palabras? Porque hay peligrosos espíritus malignos, los cuales quieren acabar con nosotros. ¿Quiénes son? ¿De dónde salieron? ¿De qué formas tratan de perjudicarnos? Para averiguarlo, veamos brevemente algo que sucedió en los comienzos de la historia de la humanidad.

Como aprendimos en el capítulo 3, hubo un ángel que se dejó llevar por el deseo de gobernar a otras personas, y de ese modo se puso en contra de Dios. Más tarde se le llegó a conocer por los nombres de Satanás y Diablo (Revelación 12:9). Después de engañar a Eva, durante un período de mil seiscientos años consiguió que casi todos los seres humanos se apartaran de Dios. Solo unos cuantos fueron fieles; por ejemplo, Abel, Enoc y Noé (Hebreos 11:4, 5, 7).

En tiempos de Noé hubo otros ángeles que se rebelaron contra Jehová. Dejaron su lugar en la familia celestial de Dios, bajaron a la Tierra y tomaron cuerpos de carne y hueso. ¿Por qué? Génesis 6:2 nos explica: “Los hijos del Dios verdadero empezaron a fijarse en las hijas de los hombres, que ellas eran bien parecidas; y se pusieron a tomar esposas para sí, a saber, todas las que escogieron”. Aquellos ángeles estaban corrompiendo a la humanidad, pero Jehová Dios no iba a tolerarlo por mucho tiempo. De modo que mandó un diluvio que acabó con toda la gente mala del mundo; solo se salvaron sus siervos fieles (Génesis 7:17, 23). Para sobrevivir, los ángeles rebeldes, o demonios, se vieron obligados a abandonar sus cuerpos humanos y regresar al cielo como seres espirituales. Con sus acciones demostraron que se habían puesto del lado del Diablo, quien de esa forma se convirtió en “el gobernante de los demonios” (Mateo 9:34).

Cuando los ángeles desobedientes regresaron al cielo, Dios no les permitió que siguieran formando parte de su familia celestial, igual que había hecho con Satanás (2 Pedro 2:4). Aunque ahora no pueden tomar cuerpos de carne y hueso, estos demonios todavía ejercen una terrible influencia en los humanos. De hecho, con su ayuda, Satanás “está extraviando a toda la tierra habitada” (Revelación 12:9; 1 Juan 5:19). ¿Cómo? Los demonios tienen varios métodos para extraviar, o engañar, a la gente (2 Corintios 2:11). Analicemos algunos de ellos.

Los demonios utilizan el espiritismo para engañar a la gente. El espiritismo es el conjunto de prácticas con las que se establece relación con los demonios, sea directamente o a través de un médium. La Biblia condena estas prácticas y nos advierte que evitemos todo lo relacionado con ellas (Gálatas 5:19-21). Se podría comparar el espiritismo al cebo, o carnada, que usan los pescadores. El pescador emplea diversos tipos de cebo para atrapar distintos tipos de peces. De igual modo, los malos espíritus utilizan diferentes formas de espiritismo para que distintos tipos de personas caigan bajo su control.

Un tipo de cebo que usan los demonios es la adivinación. ¿Qué abarca la adivinación? Todas las prácticas con las que se intenta conocer el futuro o lo oculto. Algunas formas de adivinación son la astrología, el uso de la bola de cristal, el empleo de cartas —como las del tarot—, la lectura de la palma de la mano y la búsqueda de revelaciones o señales misteriosas en los sueños. Aunque muchos creen que estas prácticas son inofensivas, la Biblia muestra que los adivinos trabajan en colaboración con los espíritus malos. Por ejemplo, Hechos 16:16-18 dice que “un demonio de adivinación” hacía posible que una muchacha practicara “el arte de la predicción”. Por eso, tan pronto como fue librada del demonio, la muchacha perdió esa habilidad.

Otra forma que tienen los demonios de engañar a la gente es animándola a comunicarse con los muertos. A los que lloran la muerte de seres queridos, a menudo se les hace creer cosas sobre los muertos que no son ciertas. Puede que un médium les dé información poco conocida sobre el difunto o hable con una voz que parezca la suya. Esto ha llevado a muchas personas a pensar que los muertos en realidad están vivos y que si se comunican con ellos recibirán consuelo. Pero tal consuelo es falso y, además, peligroso. ¿Por qué? Porque los demonios pueden imitar la voz de los muertos y dar a los médium información sobre ellos (1 Samuel 28:3-19). Por otra parte, como aprendimos en el capítulo 6, cuando alguien fallece, deja de existir (Salmo 115:17). De modo que todo el que “pregunt[a] a los muertos” ha sido engañado por los malos espíritus y actúa en contra de la voluntad de Dios (Deuteronomio 18:10, 11; Isaías 8:19). Por lo tanto, haga todo lo posible por evitar esa peligrosa carnada de los demonios.

Los espíritus malignos no solo engañan a la gente, sino que también la asustan. Satanás y sus demonios saben que solo les queda “un corto espacio de tiempo” para que los eliminen de la escena; por eso actúan con más crueldad que nunca (Revelación 12:12, 17). Aun así, miles de personas que antes vivían atemorizadas por esos espíritus han podido librarse de ellos. ¿Cómo lo han logrado? ¿Cómo puede uno librarse de los demonios, incluso si ha estado practicando el espiritismo?

La Biblia nos dice cómo oponernos a los espíritus malos y cómo librarnos de ellos. Veamos el ejemplo de los cristianos que vivían en la ciudad de Éfeso en el siglo primero. Antes de hacerse cristianos, algunos de ellos habían practicado el espiritismo. Cuando decidieron dejar de hacerlo, ¿qué paso dieron? La Palabra de Dios indica: “Buen número de los que habían practicado artes mágicas juntaron sus libros y los quemaron delante de todos” (Hechos 19:19). Aquellos nuevos cristianos destruyeron sus libros de magia, y así dieron el ejemplo a la gente de la actualidad que quiera oponerse a los espíritus malos. Quienes deseen servir a Jehová tienen que deshacerse de todos los objetos relacionados con el espiritismo. Eso incluye libros, revistas, películas, carteles y grabaciones musicales que animen a practicar el espiritismo o lo presenten como algo atractivo y emocionante. También incluye los amuletos u otros objetos que suele llevar la gente para protegerse del mal (1 Corintios 10:21).

Unos años después de que los cristianos de Éfeso destruyeron sus libros de magia, el apóstol Pablo les escribió: “Tenemos una lucha [...] contra las fuerzas espirituales inicuas [o malvadas]” (Efesios 6:12). Eso indica que los demonios no se habían rendido. Aún intentaban tener a los cristianos bajo su control. Así pues, ¿qué más tenían que hacer estos? “Sobre todo —les dijo Pablo—, tomen el escudo grande de la fe, con el cual podrán apagar todos los proyectiles encendidos del inicuo”, es decir, de Satanás (Efesios 6:16). Cuanto más fuerte sea nuestro escudo de la fe, mejor podremos oponernos a las fuerzas espirituales malvadas (Mateo 17:20).

Entonces, ¿cómo podemos fortalecer la fe? Estudiando la Biblia. Para que un muro sea sólido, es muy importante que tenga cimientos fuertes. Del mismo modo, para que nuestra fe sea sólida, debe tener un fundamento fuerte: el conocimiento exacto de la Palabra de Dios. Si leemos y estudiamos la Biblia todos los días, nuestra fe se fortalecerá. Como un muro sólido, esa fe nos servirá de escudo contra la influencia de los espíritus malos (1 Juan 5:5).

¿Qué más tenían que hacer los cristianos de Éfeso? Como vivían en una ciudad llena de demonismo, necesitaban más protección aún. Por eso, Pablo les dijo: “Con toda forma de oración y ruego, [oren] en toda ocasión en espíritu” (Efesios 6:18). Como nosotros también vivimos en un mundo lleno de demonismo, para hacer frente a los ataques de los malos espíritus es esencial que le roguemos a Jehová que nos proteja. Algo fundamental es que mencionemos el nombre de Jehová en las oraciones (Proverbios 18:10). Además, tenemos que pedirle constantemente que ‘nos libre del inicuo’, Satanás (Mateo 6:13). Sin duda alguna, Dios contestará esos ruegos (Salmo 145:19).

Es cierto que los espíritus malignos son peligrosos. Pero no tenemos por qué vivir atemorizados por ellos si nos oponemos al Diablo y nos acercamos a Dios haciendo Su voluntad (Santiago 4:7, 8). El poder de los malos espíritus tiene límites. En tiempos de Noé, los demonios fueron castigados, y en el futuro recibirán su juicio final (Judas 6). Recuerde también que contamos con la protección de los poderosos ángeles de Jehová (2 Reyes 6:15-17). Ellos están muy pendientes de nuestra lucha contra los espíritus malos y desean que la ganemos. Por así decirlo, nos aplauden para animarnos. Por lo tanto, sigamos unidos a Jehová y a su familia de criaturas espirituales fieles. Además, evitemos todo tipo de espiritismo y pongamos siempre en práctica los consejos de la Palabra de Dios (1 Pedro 5:6, 7; 2 Pedro 2:9). De esa forma, seguro que venceremos en nuestra lucha contra los seres espirituales malvados.

¿Quién es Jesucristo?

Posté le 04.04.2008 par hermanogitano
En el mundo hay muchas personas famosas. Algunas son muy conocidas en su propia comunidad, ciudad o nación, y otras en el mundo entero. Pero el hecho de que usted sepa el nombre de alguien famoso no significa que conozca a esa persona, es decir, que esté enterado de los detalles de su pasado o de cómo es en realidad.

Aunque ya han pasado unos dos mil años desde que Jesucristo vivió en la Tierra, en todo el mundo se habla de él. Sin embargo, existe mucha confusión sobre quién fue en realidad. Algunos dicen que fue tan solo un hombre bueno. Otros piensan que no fue más que un profeta. Y hay quienes creen que Jesús es Dios y debemos adorarlo. ¿Será esto cierto?

Es importante que usted sepa la verdad sobre Jesús. ¿Por qué? Porque la Biblia dice: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo” (Juan 17:3). En efecto, conocer la verdad sobre Jehová Dios y sobre Jesucristo puede llevarle a vivir para siempre en un paraíso terrestre (Juan 14:6). Además, Jesús dio el mejor ejemplo de cómo se debe vivir y tratar al prójimo (Juan 13:34, 35). En el primer capítulo de este libro vimos cuál es la verdad acerca de Dios. Veamos ahora lo que enseña la Biblia acerca de Jesucristo.

Mucho antes de que Jesús naciera, la Biblia predijo la llegada del enviado de Dios, el llamado Mesías o Cristo. Los títulos Mesías (derivado de una palabra hebrea) y Cristo (derivado de una palabra griega) significan “Ungido”. De modo que el enviado prometido sería ungido, es decir, nombrado por Dios para ocupar una posición especial. En otros capítulos de este libro veremos con más detalle que el Mesías tiene un importantísimo papel en el cumplimiento de las promesas divinas. También veremos que Jesús puede bendecirnos incluso hoy en día. Seguramente, ya antes de que Jesús naciera, muchas personas se preguntaban: “¿Quién será el Mesías?”.

En el siglo primero de nuestra era, los discípulos de Jesús de Nazaret estaban totalmente convencidos de que él era el Mesías predicho (Juan 1:41). Uno de ellos, Simón Pedro, le dijo sin rodeos: “Tú eres el Cristo” (Mateo 16:16). Ahora bien, ¿por qué estaban tan seguros aquellos discípulos de que Jesús era en verdad el Mesías prometido? ¿Y por qué podemos estar seguros nosotros?

Los profetas de Dios que vivieron antes que Jesús predijeron muchos detalles que ayudarían a identificar al Mesías. Por poner una comparación: suponga que usted tuviera que ir a buscar a un desconocido a una concurrida estación de autobuses o de trenes, o a un aeropuerto. ¿Verdad que le vendría bien conocer algunas características de la persona? Pues bien, mediante los profetas bíblicos, Jehová dio una descripción bastante detallada de lo que haría el Mesías y de las cosas que le sucederían. De este modo, las personas fieles podrían reconocerlo sin ninguna duda cuando vieran cumplirse todas esas profecías.

Veamos un par de ejemplos. El primero es el siguiente: más de setecientos años antes de que ocurriera, el profeta Miqueas predijo que el enviado prometido nacería en Belén, un pequeño pueblo de la tierra de Judá (Miqueas 5:2). Pues bien, ¿dónde nació Jesús? Justo en ese lugar (Mateo 2:1, 3-9). El segundo ejemplo es la profecía de Daniel 9:25, que con muchos siglos de antelación permitía calcular el año exacto en que se presentaría el Mesías: el año 29 de nuestra era. El cumplimiento de estas y otras profecías demuestra que Jesús era el Mesías prometido.

A finales del año 29 se demostró aún más claramente que Jesús era el Mesías. Fue entonces cuando él le pidió a Juan el Bautista que lo bautizara en el río Jordán. Jehová había prometido a Juan que le daría una señal para que pudiera reconocer al Mesías, y se la dio en el bautismo de Jesús. La Biblia relata: “Después que Jesús fue bautizado, inmediatamente salió del agua; y, ¡mire!, los cielos se abrieron, y él vio descender como paloma el espíritu de Dios que venía sobre él. ¡Mire! También hubo una voz desde los cielos que decía: ‘Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado’” (Mateo 3:16, 17). Cuando Juan vio y escuchó aquello, no tuvo ninguna duda de que Jesús era el enviado de Dios (Juan 1:32-34). Aquel día, cuando el espíritu santo —es decir, la fuerza activa de Dios— se derramó sobre él, Jesús llegó a ser el Mesías, o Cristo, la persona elegida para ser Caudillo y Rey (Isaías 55:4).

Las profecías bíblicas que se han cumplido y el testimonio que Jehová mismo dio prueban claramente que Jesús era el Mesías prometido. Pero la Biblia contesta otras dos preguntas importantes sobre Jesucristo: de dónde vino y qué clase de persona fue.

La Biblia enseña que Jesús vivió en el cielo antes de venir a la Tierra. Por ejemplo, además de predecir que el Mesías nacería en Belén, el profeta Miqueas indicó que su origen tuvo lugar en “tiempos tempranos” (Miqueas 5:2). De hecho, el propio Jesús dijo en muchas ocasiones que antes de nacer como hombre había vivido en el cielo (Juan 3:13; 6:38, 62; 17:4, 5). Allí era una criatura espiritual que disfrutaba de una relación especial con Jehová.

Por muchas razones, Jesús es el hijo más querido de Jehová. La Biblia lo llama “el primogénito de toda la creación”, pues él fue lo primero que Dios creó (Colosenses 1:15). Otra cosa que lo hace especial es el hecho de ser el “Hijo unigénito” (Juan 3:16). Esto significa que es el único a quien Dios creó directamente. También es el único que colaboró con Jehová en la creación de todas las demás cosas (Colosenses 1:16). Además, se le llama “la Palabra” (Juan 1:14). Este título muestra que era el encargado de hablar en nombre de su Padre. Seguramente daba mensajes e instrucciones a los demás hijos de Dios, tanto a ángeles como a seres humanos.

¿Es el Hijo primogénito igual a Dios, como algunos creen? Eso no es lo que la Biblia enseña. Como vimos en el párrafo anterior, el Hijo fue creado. Por lo tanto, es obvio que tuvo un principio, mientras que Jehová no tiene ni principio ni fin (Salmo 90:2). Al Hijo unigénito ni siquiera se le ocurrió tratar de igualarse a su Padre. La Biblia enseña claramente que el Padre es mayor que el Hijo (Juan 14:28; 1 Corintios 11:3). Solo Jehová es el “Dios Todopoderoso” (Génesis 17:1). Por consiguiente, no tiene igual.

Jehová y su Hijo primogénito disfrutaron de una relación muy estrecha durante millones y millones de años, mucho antes de la creación de las estrellas y la Tierra. ¡Qué gran amor deben de haberse tenido! (Juan 3:35; 14:31.) Este Hijo querido era tal como su Padre. Por esa razón, la Biblia dice que él es “la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15). En efecto, igual que los hijos suelen parecerse a sus padres de muchas maneras, este Hijo celestial de Dios también reflejaba las cualidades y la personalidad de su Padre.

El Hijo unigénito de Jehová dejó voluntariamente el cielo para venir a la Tierra y ser hombre. Pero quizá usted se pregunte: “¿Cómo fue posible que un espíritu naciera como ser humano?”. Pues bien, Jehová realizó un milagro. Hizo que la vida de su Hijo primogénito, que estaba en el cielo, pasara a la matriz de una virgen judía llamada María. Puesto que no intervino ningún padre humano, ella dio a luz un hijo perfecto, al que puso por nombre Jesús (Lucas 1:30-35).

Todo lo que Jesús hizo y dijo mientras estuvo en la Tierra nos ayuda a conocerlo bien. Y, lo que es más, por medio de él podemos conocer mejor a Jehová. ¿De qué manera? Recuerde que este Hijo es la viva imagen de su Padre. Por eso le dijo a uno de sus discípulos: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre también” (Juan 14:9). En los cuatro libros de la Biblia que se conocen como los Evangelios —Mateo, Marcos, Lucas y Juan—, hallamos mucha información sobre la vida, las obras y las cualidades de Jesucristo.

A Jesús se le llamaba “Maestro” (Juan 1:38; 13:13). ¿Qué era lo que enseñaba? Principalmente, proclamaba el mensaje de “las buenas nuevas del reino”, es decir, las buenas noticias sobre el Reino de Dios. Este gobierno regirá toda la Tierra desde el cielo y derramará un sinfín de bendiciones sobre los seres humanos que sean fieles a Dios (Mateo 4:23). ¿De quién procedía este mensaje? Jesús mismo lo dijo: “Lo que yo enseño no es mío, sino que pertenece al que me ha enviado”, o sea, a Jehová (Juan 7:16). El Hijo sabía que su Padre deseaba que la gente oyera las buenas nuevas del Reino de Dios. En el capítulo 8 veremos más detalles acerca de este gobierno y de lo que logrará.

¿Dónde enseñaba Jesús? En cualquier lugar donde hubiera gente: tanto en el campo como en las ciudades, los pueblos, los mercados y las casas. Jesús no se sentaba a esperar a que las personas acudieran a él, sino que iba a buscarlas (Marcos 6:56; Lucas 19:5, 6). ¿Por qué dedicó tanto tiempo y esfuerzo a predicar y enseñar? Porque esa era la voluntad de su Padre, y Jesús siempre la cumplió (Juan 8:28, 29). Pero había otra razón, y era que sentía compasión por las multitudes que iban a verlo (Mateo 9:35, 36). Los líderes religiosos deberían haberles enseñado la verdad sobre Dios y sus propósitos, pero las habían dejado abandonadas. Sin embargo, Jesús sabía cuánto necesitaban escuchar el mensaje del Reino.

Jesús fue un hombre tierno, cariñoso y de gran corazón. Trataba a la gente con sencillez y amabilidad, y hasta los niños se sentían cómodos a su lado (Marcos 10:13-16). No mostraba favoritismo. Odiaba la corrupción y la injusticia (Mateo 21:12, 13). En una época en la que se mostraba poco respeto y consideración a las mujeres, él las trató con dignidad (Juan 4:9, 27). Jesús era humilde de verdad. En cierta ocasión les lavó los pies a los apóstoles, una tarea que solían realizar los criados de menor categoría.

Jesús sentía compasión por las personas que sufrían, como lo demostró especialmente cuando realizó curaciones milagrosas con el poder del espíritu de Dios (Mateo 14:14). Por ejemplo, un leproso lo buscó y le dijo: “Si tan solo quieres, puedes limpiarme”. Jesús sintió en su propio corazón el sufrimiento de aquel hombre. Compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo: “Quiero. Sé limpio”. ¡Y el enfermo sanó! (Marcos 1:40-42.) ¿Se imagina usted cómo debió sentirse aquella persona?

Jesús es el mejor ejemplo de obediencia y lealtad a Dios. En toda circunstancia permaneció fiel a su Padre celestial, a pesar de soportar todo tipo de oposición y sufrimientos. Rechazó con firmeza las tentaciones de Satanás (Mateo 4:1-11). Hubo un tiempo en que algunos de sus propios parientes no creyeron en él. Incluso llegaron a decir: “Ha perdido el juicio” (Marcos 3:21). Pero Jesús no se desanimó y siguió efectuando la obra de Dios. Cuando sus adversarios lo insultaron y agredieron, siempre supo contenerse y no intentó hacerles daño (1 Pedro 2:21-23).

Jesús fue fiel hasta la muerte, una muerte cruel y dolorosa a manos de sus enemigos (Filipenses 2:8). Piense en lo que soportó el último día de su vida como hombre. Tuvo que aguantar que las autoridades lo arrestaran, que testigos falsos lo acusaran, que jueces corruptos lo condenaran, que la gente se burlara de él y que los soldados lo torturaran. Clavado en el madero, exclamó con su último aliento: “¡Se ha realizado!” (Juan 19:30). Tres días después, su Padre celestial lo resucitó como criatura espiritual (1 Pedro 3:18). Al cabo de pocas semanas regresó al cielo, donde “se sentó a la diestra de Dios” a la espera de recibir el poder para reinar (Hebreos 10:12, 13).

¿Qué logró Jesús al permanecer fiel hasta el final? Su muerte abrió el camino para que podamos vivir eternamente en un paraíso terrestre, tal como Jehová se propuso desde un principio.

El Tetragrámaton

Posté le 02.04.2008 par hermanogitano
( Arriba : El Nombre de Dios Jehová, en una Iglesia Católica Romana en St. Martinskirche at Olten, Suiza (1521) )

El término Jehová se discute principalmente por tres motivos, su origen, si corresponde a la pronunciación original, y si es correcto su uso en idiomas como el español.

Para muchos el término Jehová se considera una traducción, e incluso otros grupos han postulado que no tendría relación con el nombre en hebreo. En cambio otros lo han calificado como la forma más común y frecuente de traducción a idioma español que usamos al traducir otros nombres del hebreo a idiomas como el español, en el que se realiza el cambio de Y a J; y otros grupos incluso indican que sería la pronunciación original.

El término dentro de las iglesias cristianas se caracteriza por ser defendido principalmente por las iglesias protestantes, mientras que entre quienes lo rechazan o critican se encuentra la iglesia católica y personas afines a ella.

Con respecto al uso del término Jehováh (Jehová), la Enciclopedia Católica explica:
"Algunos eruditos han sostenido recientemente que la palabra Jehováh data sólo del año 1520. Drusisus pone a Peter Galatinus como el inventor de la palabra Jehováh, y a Fagius como propagador en el mundo de los eruditos y comentadores. Pero los escritores del siglo dieciséis, católicos y protestantes están perfectamente familiarizados con la palabra. Galatinus mismo pone la forma como conocida y recibida en su tiempo. Además, Drusius la descubrió en Porchetus, un teólogo del siglo catorce. Finalmente la palabra es encontrada incluso en la Pugio fidei de Raymund Martin, una obra escrita cerca de 1270. Probablemente la introducción del nombre de Jehováh predata incluso a R. Martin. [...] No sorprende entonces que esta forma haya sido considerada como la verdadera pronunciación del Nombre Divino por eruditos como Michaelis, Sier y otros."

“Jehová”, o “Jehovah”, ha llegado a ser extensamente conocido como el nombre de Dios hasta en contextos NO bíblicos.

* Franz Schubert compuso la música para el poema lírico titulado “La Omnipotencia”, escrito por Johann Ladislav Pyrker, en el cual el nombre Jehová aparece dos veces.
* También se utiliza al fin de la última escena de la ópera “Nabucco”, de Giuseppe Verdi.
* Además, el oratorio “El rey David”, del compositor francés Arthur Honegger, da prominencia al nombre Jehová, y el renombrado autor francés Victor Hugo lo usó en más de 30 obras suyas. Tanto él como Lamartine escribieron poemas que llevaron el título Jehová.
* En el libro Deutsche Taler ('el tálero alemán'), publicado en 1967 por el Banco Federal de Alemania, hay una ilustración de una moneda de las más antiguas con el nombre “Jehovah”, un Reichstaler de 1634 del ducado de Silesia. Respecto a lo representado en el reverso de la moneda, dice: “Bajo el radiante nombre JEHOVAH, levantándose de en medio de nubes, hay un escudo coronado que lleva el blasón silesiano”.
* En un museo de Rudolstadt, Alemania Oriental, puede verse sobre el cuello de la armadura que usaba Gustavo Adolfo II, un rey sueco del siglo XVII, el nombre JEHOVAH en letras mayúsculas.
* El nombre de Jehová aparece en un monasterio de Bordesholm, Alemania;
* En una moneda alemana con fecha de 1635;
* Sobre la puerta de una iglesia en Fehmarn, Alemania.
* En una lápida de 1845 en Harmannschlag, Baja Austria.
* El escritor inglés Robert Graves, en su novela histórica Rey Jesús, conjetura una pronunciación similar a [ʒjevoā] ([yievoáa]), basado en los comentarios de varios autores, entre ellos el mitógrafo Cayo Julio Higinio (Fábulas 277), el padre de la Iglesia Clemente de Alejandría, Orígenes y Filón de Biblos.

Así, por siglos la forma Jehová (Jehovah) ha sido la forma de pronunciar el nombre de Dios que cuenta con reconocimiento internacional, y la gente que oye esta forma del nombre reconoce instantáneamente de quién se habla. Como dijo el profesor Oehler: “Este nombre ahora ha llegado a estar más naturalizado en nuestro vocabulario, y no puede ser reemplazado”. (Theologie des Alten Testaments [Teología del Antiguo Testamento]).

El profesor francés Gérard Gertoux —quien se presenta como especialista en el tetragrámaton, y que además fue presidente de la Association Biblique de Recherche d'Anciens Manuscrits (Asociación Bíblica de Investigación de Manuscritos Antiguos)— considera que la pronunciación más cercana sería [Y.eH.oW.aH] y que la forma Yahweh sólo sería una manera teológica y no lingüística de transliterar el nombre usada en contra de la verdadera pronunciación.

Veamos la traduccion que han hecho todos los tradictores de la Biblia :

YAEL convertido en JOEL
YEHUDA convertido en JUDAS
YEHESHUA convertido en JOSUE
YUSUF convertido en JOSEPH
YUNUS convertido en JONAS
YESUS convertido en JESUS

Éste es el comentario de los traductores de la American Standard Version (Versión Normal Americana) de 1901:
“[Los traductores] llegaron a la convicción unánime de que una superstición judía, que consideraba al Nombre Divino como demasiado sagrado para pronunciarlo, ya no debe dominar en la versión en inglés del Antiguo Testamento, ni en ninguna otra [...] Este Nombre Conmemorativo, explicado en Éx. III, 14, 15, y enfatizado vez tras vez como tal en el texto original del Antiguo Testamento, designa a Dios como el Dios personal, como el Dios del pacto, el Dios de la revelación, el Libertador, el Amigo de su pueblo [...] Este nombre personal, con su caudal de asociaciones sagradas, se restaura ahora al lugar a que tiene derecho indiscutible en el texto sagrado”.

De modo similar, en el prólogo de la Elberfelder Bibel original alemana leemos:
“Jehova. Hemos retenido este nombre del Dios del Pacto de Israel porque el lector ha estado acostumbrado a él por años”.

Steven T. Byington, traductor de The Bible in Living English (La Biblia en inglés vivo), explica por qué usa el nombre de Dios:
“La grafía y la pronunciación no son de gran importancia. Lo que es de gran importancia es mantener claro el punto de que éste es un nombre personal. Hay varios textos que no pueden ser entendidos debidamente si traducimos este nombre por un sustantivo común como ‘Señor’ o, mucho peor, un adjetivo sustantivado [por ejemplo: el Eterno]”.

El caso de otra traducción, por J. B. Rotherham, es interesante. Él usó el nombre de Dios en su traducción, pero prefirió la forma Yahweh. Sin embargo, en una obra posterior, Studies in the Psalms (Estudios sobre los Salmos), publicada en 1911, regresó a la forma Jehovah. ¿Por qué? Explica:
“JEHOVAH.—El empleo de esta forma inglesa del nombre Conmemorativo (Éxo. 3:18) en la actual versión del Salterio no brota de duda alguna en cuanto a que la pronunciación más correcta sea Yahwéh; más bien, únicamente de evidencia práctica, seleccionada personalmente, de lo deseable que es mantener la comunicación con el oído y el ojo públicos en un asunto de esta clase, en que lo principal es la intención de que se reconozca fácilmente el nombre Divino”.

En la introducción de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras (con Referencias), en español, edición de 1987,editada por los Testigos de Jehová se da la siguiente razón para el uso del nombre divino:
MÉTODO: Puesto que la Biblia expone la sagrada voluntad del Señor Soberano del universo, sería una gran ofensa —en realidad, una afrenta a su majestad y autoridad— eliminar o esconder su singular nombre divino, que aparece claramente en el texto hebreo casi 7.000 veces como יהוה (YHWH). Por lo tanto, la característica principal de esta traducción es que restituye el nombre divino al lugar que legítimamente le corresponde en el texto en español. Esto se ha realizado empleando 6.973 veces en las Escrituras Hebreas y 237 veces en las Escrituras Griegas Cristianas la forma “Jehová”, de aceptación general en español

Puesto que Jehova y Yahveh son aceptables, es importante usarlo.

Zacarías 13:9 “. . .Y ciertamente traeré la tercera [parte] por el fuego; y realmente los refinaré como al refinar la plata, y los examinaré como al examinar el oro. Ella, por su parte, invocará mi nombre, y yo, por mi parte, le responderé. Ciertamente diré: ‘Es mi pueblo’, y ella, a su vez, dirá: ‘Jehová es mi Dios’.””

Jesus dijo : (Juan 17:6) “He puesto tu nombre de manifiesto a los hombres que me diste del mundo. . . .”

Tambien dijo : (Juan 17:26) “. . .Y yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos, y yo en unión con ellos.”

El salmista escribio : (Salmo 9:10) “. . .Y los que conocen tu nombre confiarán en ti, porque ciertamente no dejarás a los que te buscan, oh Jehová.”

[Las enseñansas de la Biblia a la luz]
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