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hermanogitano
Description du blog :
Las enseñanzas de la Biblia a la luz - El conocimiento que lleva a vida eterna
Catégorie :
Blog Religion
Date de création :
27.12.2007
Dernière mise à jour :
04.05.2008
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Veracidad de la Biblia

La Biblia, auténtica y veraz III

Posté le 24.01.2008 par hermanogitano
5) Cultura y costumbres.

Sobre el libro de Hechos, A. Rendle Short escribe en Modern Discovery and the Bible: “La costumbre romana era gobernar las provincias de su extenso imperio mediante la continuación, hasta el grado que pudiera hacerse con seguridad, del sistema de administración local, y la consecuencia de esto era que las autoridades de diferentes distritos eran designadas por muchos nombres diferentes. Nadie, a menos que fuera un viajero observador o un estudiante concienzudo de registros, podría dar a todas aquellas autoridades su denominación correcta. Una de las pruebas más escrutadoras del sentido histórico de Lucas es el hecho de que siempre se las arregla para lograr perfecta exactitud. En varios casos solo la prueba procedente de una moneda o una inscripción es lo que nos ha dado la información necesaria para verificar lo que él dice; los reconocidos historiadores romanos no se arriesgan en tan difícil terreno. Así que Lucas llama tetrarcas a Herodes y Lisanias; también lo hace Josefo. A Herodes Agripa, quien mató a Santiago con la espada y echó a Pedro en la prisión, se le llama rey; Josefo nos dice que este se hizo amigo de Gayo César (Calígula) en Roma y fue recompensado con un título real cuando Calígula subió al trono del imperio. Al gobernador de Chipre, Sergio Paulo, se le llama procónsul. [...] No mucho tiempo antes, Chipre había sido una provincia imperial, y gobernada por un propretor o legado, pero en el tiempo de Pablo, como lo muestran monedas chipriotas, tanto en griego como en latín, el título correcto era procónsul. Una inscripción griega que se halló en Soloi [o Soli], en la costa norte de Chipre, está fechada ‘en el proconsulado de Paulo’ [...] En Tesalónica los magnates de la ciudad adoptaron el título bastante raro de politarcas [gobernantes de la ciudad, Hech. 17:6, nota], un nombre desconocido en la literatura clásica. Sería bastante desconocido para nosotros, salvo por el uso que le da Lucas, si no fuera por el hecho de que aparece en inscripciones. [...] Acaya bajo Augusto era una provincia senatorial, bajo Tiberio estaba directamente a la órdenes del emperador, pero bajo Claudio, como nos dice Tácito, volvió al senado, y por eso el título correcto de Galión [Hech. 18:12] era procónsul. [...] Lucas muestra la misma fidelidad, la misma exactitud, en su geografía y en las experiencias de sus viajes”.

Las cartas de Pablo reflejan con exactitud el fondo histórico de su tiempo e indican que fue testigo ocular de las cosas que escribió. Por ejemplo, Filipos era una colonia militar cuyos ciudadanos se enorgullecían especialmente de su ciudadanía romana. Pablo recordó a los cristianos de aquel lugar que la ciudadanía de ellos estaba en los cielos. (Hech. 16:12, 21, 37; Fili. 3:20.) Éfeso era una ciudad famosa por las artes mágicas y las prácticas espiritistas. Pablo dio a los cristianos de aquella ciudad instrucción sobre cómo armarse para no ser presa de los demonios, y al mismo tiempo describió con exactitud la armadura del soldado romano. (Hech. 19:19; Efe. 6:13-17.) La costumbre de que los vencedores romanos fueran a la cabeza de una marcha triunfal con una procesión de cautivos, algunos desnudos, se usa como ilustración. (2 Cor. 2:14; Col. 2:15.) En 1 Corintios 1:22 se señala en qué puntos de vista diferían los judíos y los griegos. En asuntos de esa índole los escritores cristianos reflejan la exactitud de Moisés, el escritor del Pentateuco, del cual George Rawlinson dice: “La exactitud etológica del Pentateuco en lo que toca a modales y costumbres orientales en general nunca ha sido puesta en duda”.

6) Candor de los escritores de la Biblia.

El candor resuelto de los escritores de la Biblia, que se ve por toda ella, es prueba convincente de su confiabilidad. Por ejemplo, Moisés nos habla francamente de su propio pecado y el juicio divino de que él y su hermano, Aarón, no entrarían en la Tierra Prometida. (Núm. 20:7-13; Deu. 3:23-27.) Los pecados de David en dos ocasiones, así como la apostasía de su hijo Salomón, se ponen de manifiesto francamente. (2 Sam., caps. 11, 12, 24; 1 Rey. 11:1-13.) Jonás escribe sobre su propia desobediencia y el resultado que esto tuvo. La entera nación de Israel fue condenada por casi todos los escritores de las Escrituras Hebreas —todos judíos— debido a su desobediencia a Dios, en el mismísimo registro que los judíos estimaban y aceptaban como las declaraciones formales de Dios y la historia verdadera de su nación. Los escritores cristianos no fueron menos cándidos. Los cuatro evangelistas revelaron que Pedro negó a Cristo. Y Pablo llamó la atención al grave error que cometió Pedro sobre una cuestión de fe al causar una separación entre judíos y gentiles en la congregación cristiana de Antioquía. Edifica confianza en la Biblia como la verdad el comprender que sus escritores no perdonaron a nadie, ni siquiera a sí mismos, en pro de hacer un registro fiel. (Mat. 26:69-75; Mar. 14:66-72; Luc. 22:54-62; Juan 18:15-27; Gál. 2:11-14; Juan 17:17.)

7) Armonía de los escritores.

La Biblia fue escrita durante un período de más de 1.600 años por unos 40 escritores, en plena armonía. Hablemos de los Evangelios por ejemplo.
Aunque aparentemente el medico Lucas y Marcos no se conocían, nada en sus dichos se contradice.
Ahora piense es esto : si cuatro personas hubieran inventado un personaje, de seguro el personaje en cuestión y su historia seria diferente de un escritor al otro.

Ha sido extensamente distribuida en cantidades extraordinarias a pesar de la más enconada oposición y los más vigorosos esfuerzos por destruirla. Estos hechos contribuyen a probar que es lo que afirma ser, la Palabra del Dios Todopoderoso, y que de veras es “provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia”. (2 Tim. 3:16.)

Su inspiración se demuestra por la meticulosa consecuencia con que recalca el tema de la santificación del nombre de Jehová mediante su Reino bajo Cristo.

La Biblia, auténtica y veraz II

Posté le 24.01.2008 par hermanogitano
2) Exactitud geográfica y geológica.

Muchos escritores han comentado sobre lo notablemente exacta que es la descripción bíblica de la Tierra Prometida y los territorios vecinos. Por ejemplo, uno que ha viajado por el Oriente, el Dr. A. P. Stanley, dijo del viaje de los israelitas por el desierto: “Aunque no se conociera con exactitud su ruta, los rasgos peculiares del país tienen tanto en común que la historia todavía recibiría muchas ilustraciones notables. [...] Los manantiales, pozos y arroyos que de vez en cuando se presentan concuerdan con los informes de las ‘aguas’ de Marah; los ‘manantiales’ de [...] Elim, el ‘arroyo’ de Horeb; el ‘pozo’ de las hijas de Jetró, con su ‘pila’ o depósitos, en Madián. La vegetación todavía es la que deberíamos deducir de la historia mosaica”. En el relato sobre Egipto, la exactitud no solo se ve en la descripción general del territorio —sus abundantes tierras de granos, su río Nilo bordeado de cañas (Gén. 41:47-49; Éxo. 2:3), sus aguas procedentes de ‘ríos, canales, estanques llenos de cañas y aguas represadas’ (Éxo. 7:19), su ‘lino, cebada, trigo y espelta’ (Éxo. 9:31, 32)—, sino también en el nombre y la ubicación de las poblaciones.

Tanto confían en el registro geológico y geográfico de la Biblia algunos científicos de nuestros tiempos que lo han seguido como guía y han sido bien recompensados. Unos años atrás el eminente geólogo Dr. Ben Tor se guió por el texto que dice: “Porque Jehová tu Dios va a introducirte en una buena tierra, [...] tierra cuyas piedras son hierro”. (Deu. 8:7, 9.) A unos cuantos kilómetros de Beer-seba encontró inmensos despeñaderos saturados de mineral negro rojizo. Allí había, según cálculos, 13.600.000 toneladas métricas (15.000.000 de toneladas) de mineral de hierro de calidad inferior. Más tarde, unos ingenieros descubrieron un afloramiento de kilómetro y medio (una milla) de longitud de mineral excelente, de 60% a 65% hierro puro. El Dr. Joseph Weitz, célebre autoridad en la repoblación forestal de Israel, dijo: “El primer árbol que Abrahán plantó en el suelo de Beer-seba fue un tamarisco”. “Guiándonos por su ejemplo, hace cuatro años sembramos dos millones de esos árboles en la misma zona. Abrahán tenía razón. Hemos visto que el tamarisco es uno de los pocos árboles que medran en el sur, donde la lluvia anual es de menos de seis pulgadas [153 milímetros]”. El libro Tree and Shrub in Our Biblical Heritage, por Nogah Hareuveni, añade: “Parece que el patriarca Abrahán no sembró simplemente cualquier árbol al llegar a Beer-seba. [...] Escogió el árbol cuya sombra es más refrescante que la de otros árboles. Además, el [tamarisco] puede resistir el calor y sequías largas mediante enviar sus raíces a gran profundidad para hallar agua subterránea. No sorprende que el [tamarisco] permanezca hasta la actualidad en las inmediaciones de Beer-seba”. (Gén. 21:33.)

En cuanto a detalles como declaraciones cronológicas y geográficas en la Biblia, el profesor R. D. Wilson escribe en A Scientific Investigation of the Old Testament, páginas 213, 214: “Las declaraciones cronológicas y geográficas son más exactas y confiables que las de los demás documentos antiguos; y las narraciones biográficas y otras narraciones históricas armonizan maravillosamente con la prueba que suministran documentos extrabíblicos”.

3) Razas e idiomas de la humanidad.

En el libro After Its Kind, Byron C. Nelson dice: “Fue el hombre lo que fue hecho, no el negro, el chino, el europeo. Dos seres humanos a quienes en la Biblia se conoce como Adán y Eva fueron creados, de quienes por descendencia y variación naturales han provenido todas las variedades de hombres que hay sobre la faz de la Tierra. Todas las razas de los hombres, prescindiendo del color o del tamaño, son una sola especie natural. Todos piensan de modo parecido, sienten de modo parecido, son similares en estructura física, aunque sean de razas diferentes se casan unos con otros, y tienen prole que refleja sus características. Todas las razas descienden de dos antepasados comunes que provinieron plenamente formados de la mano del Creador”. De esto dan testimonio Génesis 1:27, 28; 2:7, 20-23; 3:20; Hechos 17:26 y Romanos 5:12.

En cuanto al relato bíblico del foco desde el cual empezaron a esparcirse los idiomas antiguos, el arqueólogo sir Henry Rawlinson dijo que “si nos dejáramos guiar así por la simple intersección de sendas lingüísticas, e independientemente de toda referencia al registro bíblico, todavía se nos llevaría a escoger las llanuras de Sinar como el foco desde el cual habían salido las diversas líneas”. (Gén. 11:1-9.)

4) Lo práctico de su contenido.

Si no hubiera otras pruebas de autenticidad, los principios justos y las normas morales de la Biblia la separarían como producto de la mente divina. Además, lo práctico de su contenido se extiende a toda fase de la vida cotidiana. Ningún otro libro nos da un punto de vista racional del origen de todas las cosas, entre ellas la humanidad, y del propósito del Creador para la Tierra y el hombre. (Gén., cap. 1; Isa. 45:18.) La Biblia nos dice por qué muere el hombre y por qué existe la iniquidad. (Gén., cap. 3; Rom. 5:12; Job, caps. 1, 2; Éxo. 9:16.) Presenta la más elevada norma de justicia. (Éxo. 23:1, 2, 6, 7; Deu. 19:15-21.) Da consejo apropiado sobre tratos comerciales (Lev. 19:35, 36; Pro. 20:10; 22:22, 23; Mat. 7:12); la conducta moral limpia (Lev. 20:10-16; Gál. 5:19-23; Heb. 13:4); las relaciones con otros (Lev. 19:18; Pro. 12:15; 15:1; 27:1, 2, 5, 6; 29:11; Mat. 7:12; 1 Tim. 5:1, 2); el matrimonio (Gén. 2:22-24; Mat. 19:4, 5, 9; 1 Cor. 7:2, 9, 10, 39); las relaciones dentro del círculo familiar y los deberes del esposo, la esposa y los hijos (Deu. 6:4-9; Pro. 13:24; Efe. 5:21-33; 6:1-4; Col. 3:18-21; 1 Ped. 3:1-6); la actitud apropiada para con los gobernantes (Rom. 13:1-10; Tito 3:1; 1 Tim. 2:1, 2; 1 Ped. 2:13, 14); el trabajo honrado y la relación entre amos y esclavos y entre patronos y empleados (Efe. 4:28; Col. 3:22-24; 4:1; 1 Ped. 2:18-21); la compañía apropiada (Pro. 1:10-16; 5:3-11; 1 Cor. 15:33; 2 Tim. 2:22; Heb. 10:24, 25); el zanjar disputas (Mat. 18:15-17; Efe. 4:26); y muchas otras cosas que tienen efecto vital en nuestra vida cotidiana.

La Biblia también suministra valiosas indicaciones respecto a la salud física y mental. (Pro. 15:17; 17:22.) Durante los últimos años las investigaciones médicas han demostrado que la actitud mental de una persona de veras tiene efecto en su salud física. Por ejemplo, de unos estudios se desprende que los niveles más altos de tensión arterial corresponden a las personas que tienden a airarse a menudo. Algunos informaron que el encolerizarse produjo sensaciones cardíacas, dolores de cabeza, hemorragias nasales, mareos o incapacidad para articular. No obstante, mucho tiempo atrás la Biblia explicó: “Un corazón calmado es la vida del organismo de carne”. (Pro. 14:30; compárese con Mateo 5:9.)

La Biblia, auténtica y veraz I

Posté le 24.01.2008 par hermanogitano
Lo que informa la Biblia sobre historia, geografía y el origen de la humanidad; su exactitud en cuanto a ciencia, cultura y costumbres; el candor, la armonía y la integridad de sus escritores; y su profecía.

Por lo general se acepta que la Biblia es una gran obra maestra literaria de belleza poética trascendental y un logro extraordinario de los hombres que la escribieron. Pero es mucho más que eso. Los escritores mismos testifican que lo que escribieron provino de Jehová, el Dios Todopoderoso mismo. Esta es la razón fundamental de la belleza de expresión de la Biblia y, lo que es más importante, de su sobresaliente valor como el libro que contiene conocimiento y sabiduría vivificantes. Jesús, el Hijo de Dios, dio testimonio de que las palabras que habló “son espíritu y son vida”, y citó copiosamente de las antiguas Escrituras Hebreas. “Toda Escritura es inspirada de Dios”, dijo el apóstol Pablo, quien aseguró que las Escrituras Hebreas eran “las sagradas declaraciones formales de Dios”. (Juan 6:63; 2 Tim. 3:16; Rom. 3:1, 2.)

El apóstol Pedro testificó que los profetas de Dios fueron movidos por espíritu santo. El rey David escribió: “El espíritu de Jehová fue lo que habló por mí, y su palabra estuvo sobre mi lengua”. (2 Sam. 23:2.) Los profetas atribuyeron sus expresiones a Jehová. Con relación a las palabras sagradas que Jehová le había dado, Moisés advirtió que ni se les añadiera ni se les quitara nada. Pedro consideró inspirados los escritos de Pablo, y parece que Judas citó la declaración de Pedro como autoridad inspirada. Finalmente, Juan, el escritor de Revelación, escribió bajo la dirección del espíritu de Dios y advirtió que cualquiera que añadiera a esta revelación profética o quitara de ella tendría que rendir cuentas, no al hombre, sino directamente a Dios. (1 Ped. 1:10-12; 2 Ped. 1:19-21; Deu. 4:2; 2 Ped. 3:15, 16; Jud. 17, 18; Rev. 1:1, 10; 21:5; 22:18, 19.)

Todos esos esclavos devotos de Dios testificaron a favor de la inspiración y la veracidad de la Biblia. Hay muchas otras pruebas de la autenticidad de las Santas Escrituras, y consideraremos algunas bajo los 12 encabezamientos que siguen.


1) Exactitud histórica.

Desde los tiempos más remotos, los libros canónicos de las Escrituras Hebreas han sido aceptados por los judíos como obras inspiradas y como documentos dignos de toda confianza. Por eso en el tiempo de David se aceptaban de lleno los sucesos registrados desde Génesis hasta Primero de Samuel como la historia verdadera de su nación y de los tratos de Dios con ella, y una ilustración de esto es el Salmo 78, que hace más de 35 referencias a estos detalles.

Los opositores de la Biblia han atacado vigorosamente el Pentateuco, especialmente en cuanto a autenticidad y autoría. Sin embargo, al hecho de que los judíos acepten a Moisés como escritor del Pentateuco puede añadirse el testimonio de escritores antiguos, algunos de los cuales fueron enemigos de los judíos. Hecateo de Abdera, el historiador egipcio Manetón, Lisímaco de Alejandría, Eupólemo, Tácito y Juvenal atribuyen a Moisés la institución del código de leyes que distinguió de otras naciones a los judíos, y la mayoría señala claramente que él puso sus leyes por escrito. Numenio, filósofo pitagórico, hasta dice que Janes y Jambres fueron los sacerdotes egipcios que resistieron a Moisés. (2 Tim. 3:8.) Estos autores abarcan un período que se extiende desde el tiempo de Alejandro (siglo IV a.E.C.), cuando los griegos empezaron a expresar curiosidad por la historia judía, hasta el tiempo del emperador Aureliano (siglo III E.C.). Muchos otros escritores antiguos dicen que Moisés fue caudillo, gobernante o legislador. Como hemos visto en el estudio anterior, muchas veces los descubrimientos arqueológicos apoyan la exactitud histórica de sucesos mencionados en la Biblia como resultado de la interacción del pueblo de Dios y las naciones que lo rodeaban.

Pero ¿qué hay de las Escrituras Griegas Cristianas? No solo verifican el relato de las Escrituras Hebreas, sino que ellas mismas resultan ser históricamente exactas, auténticas y de igual inspiración que las Escrituras Hebreas. Los escritores nos dicen lo que oyeron y vieron, porque fueron testigos oculares de los mismísimos sucesos que pusieron por escrito, y muchas veces participaron en ellos. Millares de sus contemporáneos les creyeron. El testimonio de ellos cuenta con abundante confirmación en las referencias a ellos hechas por escritores de la antigüedad, entre ellos Juvenal, Tácito, Séneca, Suetonio, Plinio el Joven, Luciano, Celso y el historiador judío Josefo.

En The Union Bible Companion, S. Austin Allibone escribe: “Sir Isaac Newton [...] también fue eminente como crítico de escritos antiguos, y examinó con gran cuidado las Santas Escrituras. ¿Cuál es su veredicto sobre este punto? ‘Hallo —dice él— más señales seguras de autenticidad en el Nuevo Testamento que en cualquier historia profana [seglar].’ El Dr. Johnson dice que tenemos más prueba de la muerte de Jesucristo en el Calvario, como dicen los Evangelios, que de la muerte de Julio César en el Capitolio. Es verdad que tenemos mucha más. Pregúntele a cualquiera que cuestiona la veracidad histórica del Evangelio qué razón tiene para creer que César murió en el Capitolio, o que el emperador Carlomagno fue coronado emperador de Occidente por el papa León III en 800 [...] ¿Cómo sabe usted que el hombre llamado Carlos I [de Inglaterra] vivió, y fue decapitado, y que Oliver Cromwell gobernó en su lugar? [...] A sir Isaac Newton se le atribuye el descubrimiento de la ley de la gravitación [...] Creemos todas las aserciones ya mencionadas respecto a estos hombres; y eso porque tenemos prueba histórica de su veracidad. [...] Si algunos se niegan a creer aunque presentemos prueba como esta, los damos por estúpidamente obstinados o irremediablemente ignorantes. ¿Qué diremos, pues, de los que, a pesar de la abundante prueba que ahora se ha presentado de la autenticidad de las Santas Escrituras, afirman que no han quedado convencidos? [...] De seguro tenemos razón para concluir que donde algo está mal es en el corazón más bien que en la cabeza;... que no desean creer lo que humilla su orgullo, y los obligaría a llevar vidas diferentes”.

George Rawlinson hizo resaltar la superioridad del cristianismo como una religión cuyos seguidores adoran con verdad cuando escribió: “El cristianismo —incluida en él la religión del Antiguo Testamento, que fue su primera etapa— en nada se distingue más de las demás religiones del mundo que en su carácter objetivo o histórico. Las religiones de Grecia y Roma, de Egipto, India, Persia y Oriente generalmente eran sistemas especulativos, que ni siquiera alegaron en serio que tuvieran base histórica. [...] Pero en el caso de la religión de la Biblia sucede lo contrario. Ahí, sea que acudamos al Antiguo Testamento o al Nuevo Testamento, a la religión judía o a la cristiana, hallamos una estructura doctrinal enlazada con hechos; que depende absolutamente de ellos; que es nula y carece de valor sin ellos; y que puede considerarse establecida en sentido práctico si se muestra que esos hechos merecen aceptación”.

La arqueología y el registro inspirado III

Posté le 24.01.2008 par hermanogitano
Como lo hizo con respecto a las Escrituras Hebreas, la arqueología ha sacado a luz muchos artefactos interesantes que apoyan el registro inspirado que se encuentra en las Escrituras Griegas Cristianas.

La Biblia muestra claramente que el ministerio de Jesús se efectuó durante la gobernación de Tiberio César. Algunos opositores de Jesús trataron de entramparlo al preguntar sobre el pago de la capitación a César. El registro dice: “Echando de ver su hipocresía, él les dijo: ‘¿Por qué me ponen a prueba? Tráiganme un denario para verlo’. Trajeron uno. Y él les dijo: ‘¿De quién es esta imagen e inscripción?’. Ellos le dijeron: ‘De César’. Jesús entonces dijo: ‘Paguen a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios’. Y se maravillaban de él”. (Mar. 12:15-17.) ¡Los arqueólogos han encontrado un denario de plata con la imagen de la cabeza de Tiberio César! Se puso en circulación alrededor de 15 E.C. Esto es consecuente con el período de gobernación de Tiberio como emperador, que empezó en 14 E.C., y añade apoyo al registro que indica que el ministerio de Juan el Bautizante empezó en el decimoquinto año de Tiberio, o en la primavera de 29 E.C. (Luc. 3:1, 2.)

En 1961 se hizo el primer hallazgo arqueológico relacionado con Poncio Pilato. Consistió en una losa hallada en Cesarea, en la cual aparecía en latín el nombre de Poncio Pilato.

Pablo pronunció en Atenas, Grecia, en 50 E.C., uno de sus más famosos discursos de que hay registro. (Hech. 17:16-34.) Esto fue cuando ciertos atenienses se apoderaron de Pablo y lo condujeron al Areópago. El Areópago, o Colina de Ares (Colina de Marte), es el nombre de una colina sin árboles, rocosa, de unos 113 metros (370 pies) de altura, inmediatamente al noroeste de la Acrópolis de Atenas. Escalones labrados en la roca conducen a la cúspide, donde todavía se pueden ver bancas toscas, hechas de roca, que forman tres lados de un cuadrado. El Areópago todavía existe, algo que confirma el marco de circunstancias registrado en la Biblia para el discurso histórico de Pablo.

Jerusalén y su templo fueron destruidos por los romanos bajo Tito en 70 E.C. El año siguiente, en Roma, Tito celebró su triunfo junto con su padre, el emperador Vespasiano. Se hizo que 700 prisioneros judíos escogidos marcharan en aquella procesión triunfal. También se exhibieron muchísimos despojos de la guerra, entre ellos tesoros del templo. Tito mismo subió al trono de emperador y sirvió en aquel puesto de 79 a 81 E.C., y después de su muerte se completó y dedicó un monumento grande, el Arco de Tito, divo Tito (al Tito deificado). Su procesión triunfal se representa en bajorrelieve, esculpida a ambos lados del interior del arco. En un lado se representa a los soldados romanos, con lanzas sin punta y coronados con laureles, que cargan el moblaje sagrado del templo de Jerusalén. Esto incluye el candelabro de siete brazos y la mesa del pan de la proposición, sobre la cual se ven las trompetas sagradas. El relieve del otro lado del interior del arco muestra al victorioso Tito de pie en un carro tirado por cuatro caballos y conducido por una mujer que representa a la ciudad de Roma. Cada año millares de turistas ven el Arco triunfal de Tito, que todavía subsiste en Roma como testimonio mudo del cumplimiento de la profecía de Jesús y de la terrible ejecución del juicio de Jehová sobre la Jerusalén rebelde. (Mat. 23:37–24:2; Luc. 19:43, 44; 21:20-24.)

Tal como el descubrimiento de manuscritos antiguos ha ayudado a restablecer el texto original y puro de la Biblia, así el descubrimiento de la multitud de artefactos ha demostrado vez tras vez que lo que el texto de la Biblia expresa es confiable en sus aspectos históricos, cronológicos y geográficos, hasta en los menores detalles. Con todo, sería un error creer que la arqueología concuerda con la Biblia en todo caso. Hay que recordar que la arqueología no es un campo de estudio infalible. Los hallazgos arqueológicos están sujetos a la interpretación humana, y algunas de esas interpretaciones han cambiado de vez en cuando. A veces la arqueología ha suministrado apoyo no solicitado a la veracidad de la Palabra de Dios. Además, como declaró el ahora difunto sir Frederic Kenyon, quien fue director y bibliotecario principal del Museo Británico por muchos años, la arqueología ha hecho que la Biblia sea “más inteligible mediante un conocimiento más pleno de su trasfondo y escenario”. Pero la fe debe ponerse en la Biblia, no en la arqueología. (Rom. 10:9; Heb. 11:6.)

La Biblia contiene en sí misma prueba incontrovertible de que en verdad es la auténtica “palabra del Dios vivo y duradero”.

La arqueología y el registro inspirado II

Posté le 24.01.2008 par hermanogitano
La Biblia registra con muchos detalles la invasión de los asirios bajo el rey Senaquerib en el año 732 a.E.C. (2 Rey. 18:13–19:37; 2 Cró. 32:1-22; Isa. 36:1–37:38.) Durante 1847-1851 el arqueólogo inglés A. H. Layard excavó las ruinas del gran palacio de Senaquerib en Nínive, en el territorio de la antigua Asiria. Se halló que el palacio tenía unas 70 habitaciones, con más de 3.000 metros (10.000 pies) de muros revestidos de losas esculpidas. Los informes anuales de sucesos, o anales, de Senaquerib se registraban en cilindros o prismas de arcilla. La edición final de estos anales, aparentemente hecha poco antes de su muerte, aparece en lo que se conoce como el Prisma Taylor, conservado en el Museo Británico, pero el Instituto Oriental de la Universidad de Chicago tiene una copia mucho mejor en un prisma que se descubrió cerca de donde estaba la antigua Nínive, la capital del Imperio Asirio.

En esos últimos anales Senaquerib da su propia versión jactanciosa de su invasión de Judá: “En cuanto a Ezequías, el judío, no se sometió a mi yugo. Puse sitio a 46 de sus ciudades fuertes, baluartes e innumerables aldehuelas de sus inmediaciones, y (las) conquisté mediante terraplenes bien construidos y arietes acercados (a los muros), (combinados con) el ataque de soldados de infantería, y (usando) minas, brechas y trabajo de zapa. Saqué (de ellas) 200.150 personas, jóvenes y ancianos, varones y hembras, caballos, mulas, asnos, camellos, ganado mayor y menor sin cuento, y (los) consideré botín. A él mismo [Ezequías] hice prisionero en Jerusalén, su residencia real, como a un pájaro en una jaula. [...] Las ciudades que había pasado a saco desgajé de su país y las entregué a Mitinti, rey de Asdod, a Padi, rey de Eqrón, y a Sillibel, rey de Gaza. [...] El propio Ezequías [...] me envió más tarde a Nínive, mi ciudad señorial, además de 30 talentos de oro, 800 talentos de plata, piedras preciosas, antimonio, grandes bloques de piedra roja, lechos (ataraceados) con marfil, sillas nimedu (ataraceadas) con marfil, cueros de elefante, madera de ébano, madera de boj (y) toda clase de valiosos tesoros, sus hijas, concubinas, músicos y músicas. Para entregar el tributo y rendir obediencia como un esclavo envió su mensajero (personal)”. En cuanto a este tributo impuesto por Senaquerib a Ezequías, la Biblia confirma los 30 talentos de oro, pero solo menciona 300 talentos de plata. Además, muestra que esto fue antes de que Senaquerib amenazara con un asedio a Jerusalén. En el informe torcido de Senaquerib para la historia asiria, él evita a propósito mencionar su aplastante derrota en Judá, cuando en una sola noche el ángel de Jehová destruyó a 185.000 de sus soldados, lo cual le obligó a huir de regreso a Nínive como un perro vapuleado. No obstante, ese registro jactancioso escrito en el Prisma de Senaquerib indica una inmensa invasión de Judá antes de que Jehová hiciera retroceder a los asirios después que ellos amenazaron Jerusalén. (2 Rey. 18:14; 19:35, 36.)

La famosa ciudad y fortaleza de Lakís se menciona más de 20 veces en la Biblia. Estaba situada a unos 44 kilómetros (27 millas) al oeste-sudoeste de Jerusalén. Se han hecho muchas excavaciones en sus ruinas. En 1935, en una habitación de una casa doble de guardas se hallaron 18 fragmentos de cerámica con escritura inscrita (se encontraron otros 3 en 1938). Estos resultaron ser varias cartas escritas en caracteres hebreos antiguos. Ahora se da el nombre de Cartas de Lakís a esta colección de 21 cartas. Lakís fue una de las últimas fortalezas de Judá que resistió a Nabucodonosor, y fue reducida a un montón de ruinas quemadas durante el período de 609-607 a.E.C. Las cartas reflejan el apremio de los tiempos. Parecen cartas escritas desde avanzadas restantes de tropas judías a Yaosh, un comandante militar en Lakís. Una de estas (la número IV) dice en parte: “Que YHWH [Tetragrámaton, “Jehová”] permita que mi señor oiga aun ahora noticias de bien. [...] estamos esperando las señales de fuego de Lakís, de acuerdo con todas las señales que mi señor dé, porque no vemos a Azeqá”. Esto es una impresionante confirmación de Jeremías 34:7, que menciona a Lakís y Azeqá como las últimas dos ciudades fortificadas que todavía quedaban. Parece que esta carta indica que Azeqá había caído. El nombre divino, en la forma del Tetragrámaton, aparece frecuentemente en las cartas, lo que muestra que el nombre Jehová se usaba en la vida cotidiana de los judíos en aquel tiempo.

Otra carta (la número III) comienza como sigue: “¡Que YHWH [es decir, Jehová] haga que mi señor oiga noticias de paz! [...] Y se le ha informado a tu siervo diciendo: ‘El comandante del ejército, Conías hijo de Elnatán, ha descendido para entrar en Egipto y a Hodavías hijo de Ahíya y a sus hombres los ha enviado para obtener [abastecimientos] de él’”. Esta carta parece confirmar que Judá bajó a Egipto por ayuda, en violación del mandato de Jehová y para su propia destrucción. (Isa. 31:1; Jer. 46:25, 26.) Los nombres Elnatán y Hosaya, que aparecen en el texto completo de esta carta, también se encuentran en Jeremías 36:12 y Jeremías 42:1. Otros tres nombres mencionados en las cartas también aparecen en el libro bíblico de Jeremías. Estos son: Guemarías, Nerías y Jaazanías. (Jer. 32:12; 35:3; 36:10.)

En la segunda mitad del siglo XIX, unas excavaciones hechas cerca de Bagdad rindieron muchos hallazgos de tablillas y cilindros de arcilla que esclarecieron mucho la historia de la antigua Babilonia. Uno de estos fue el muy valioso documento conocido como la Crónica de Nabonides, que ahora se encuentra en el Museo Británico. El rey Nabonides (Nabonid) de Babilonia era el padre de su corregente, Belsasar. Sobrevivió a su hijo, quien fue muerto la noche en que las tropas de Ciro el Persa tomaron Babilonia, el 5 de octubre de 539 a.E.C. (Dan. 5:30, 31.) La Crónica de Nabonides, un registro extraordinariamente bien fechado de la caída de Babilonia, ayuda a establecer en qué día tuvo lugar este suceso. A continuación se da una traducción de una pequeña parte de la Crónica de Nabonides: “En el mes de Tashritu [Tisri (septiembre-octubre)], cuando Ciro atacó al ejército de Akkad en Opis, junto al Tigris [...] el día 14, Sippar fue capturada sin combate. Nabonides huyó. El día 16 [11 de octubre de 539 a.E.C., calendario juliano, o 5 de octubre, calendario gregoriano] Gobryas (Ugbaru), el gobernador de Gutium y el ejército de Ciro entraron en Babilonia sin batalla. Después Nabonides fue arrestado en Babilonia cuando regresó (allí). [...] En el mes de Arahshamnu [Marjesván (octubre-noviembre)], el día 3 [28 de octubre, calendario juliano], Ciro entró en Babilonia, se extendieron ramitas verdes ante él... se impuso en la ciudad el estado de ‘Paz’ (sulmu). Ciro envió saludos a toda Babilonia. Gobryas, su gobernador, instaló (sub)gobernadores en Babilonia”.

Puede notarse que en esta crónica no se menciona a Darío el Medo, y hasta ahora no se ha hallado mención alguna de este Darío en ninguna inscripción no bíblica, ni se le menciona en algún documento seglar o histórico antes del período de Josefo (historiador judío del primer siglo E.C.). Por eso algunos han sugerido que pudiera ser el Gobryas mencionado en el relato ya citado. Aunque parece haber un paralelo entre la información disponible respecto a Gobryas y la que se refiere a Darío, tal identificación no puede considerarse concluyente. De todos modos, la historia seglar establece definitivamente que Ciro fue una figura clave en la conquista de Babilonia y que después gobernó allí como rey.

Algún tiempo después que Ciro subió al trono de la Potencia Mundial Persa, en un cilindro de arcilla se registró su toma de Babilonia en 539 a.E.C. Este sobresaliente documento se conserva también en el Museo Británico. He aquí una parte del texto traducido: “Soy Ciro, rey del mundo, gran rey, rey legítimo, rey de Babilonia, rey de Sumer y Akkad, rey de los cuatro extremos (de la tierra), [...] devolví a ciudades sagradas [mencionadas antes por nombre], del otro lado del Tigris, cuyos santuarios habían sido ruinas por largo tiempo, las imágenes que (solían) vivir en ellas, y establecí para ellas santuarios permanentes. (También) reuní a todos sus habitantes (del pasado) y (les) devolví sus solares”.

15 Así el Cilindro de Ciro da a conocer la norma de este rey acerca de hacer que los pueblos cautivos volvieran a sus lugares anteriores. En armonía con esta norma, Ciro emitió su decreto que permitió que los judíos regresaran a Jerusalén y reedificaran la casa de Jehová allí. Es interesante que 200 años antes Jehová había mencionado proféticamente a Ciro como el que tomaría Babilonia y efectuaría la restauración del pueblo de Jehová. (Isa. 44:28; 45:1; 2 Cró. 36:23.)

La arqueología y el registro inspirado I

Posté le 24.01.2008 par hermanogitano
Según la Biblia, la Torre de Babel fue una enorme obra de construcción. (Gén. 11:1-9.) Es interesante el hecho de que los arqueólogos han desenterrado en las ruinas de la antigua Babilonia y alrededor de ellas los lugares donde estaban varios zigurat o torres-templos escalonados parecidos a pirámides, entre ellos el templo de Etemenanki en ruinas, en la zona protegida por los muros de Babilonia. Registros antiguos acerca de estos templos suelen contener las palabras: “Su cima llegará a los cielos”. Cierto informe dice que el rey Nabucodonosor dijo: “Elevé la cúspide de la Torre escalonada de Etemenanki de modo que su cúspide rivalizara con los cielos”. Un fragmento relata así el derrumbe de un zigurat como ese: “La construcción de este templo ofendió a los dioses. En una noche derribaron lo que se había construido. Los esparcieron, e hicieron extraña su habla. Impidieron el progreso”.

En 1867, en la zona de Jerusalén, Charles Warren descubrió un canal para aguas que corría desde la fuente (manantial) de Guihón hacia atrás a la colina y por un conducto hacia arriba a la Ciudad de David. Parece que por allí entraron originalmente los hombres de David en la ciudad. (2 Sam. 5:6-10.) Fue en 1909-1911 cuando se despejó todo el sistema de túneles que venía desde la fuente de Guihón. Un túnel imponente, con un promedio de 1,8 metros (6 pies) de altura, fue cincelado a través de 533 metros (1.749 pies) de roca sólida. Este iba desde Guihón hasta el Estanque de Siloam en el valle del Tiropeón (dentro de la ciudad) y parece que fue el que construyó Ezequías. En uno de los muros del estrecho túnel se halló una inscripción en hebreo antiguo. En parte dice: “Y así es como se perforó:—Mientras [...] (había) todavía [...] hacha(s), cada hombre hacia su compañero, y mientras todavía había que perforar tres codos, [se oyó] la voz de un hombre que llamaba a su compañero, pues hubo un traslapo en la roca a la derecha [y a la izquierda]. Y cuando quedó completamente perforado el túnel, los canteros labraron (la roca), cada hombre hacia su compañero, hacha contra hacha; y el agua fluyó de la fuente hacia el depósito por 1.200 codos, y la altura de la roca por encima de la(s) cabeza(s) de los canteros era de 100 codos”. ¡Qué gran hazaña de ingeniería para aquellos tiempos! (2 Rey. 20:20; 2 Cró. 32:30.)

A Sisaq, rey de Egipto, se le menciona siete veces en la Biblia. Debido a que el rey Rehoboam abandonó la ley de Jehová, Jehová permitió que Sisaq invadiera Judá (en 993 a.E.C.), pero no para arruinarla por completo. (1 Rey. 14:25-28; 2 Cró. 12:1-12.) Hasta años recientes parecía que solo había el registro bíblico de esta invasión. Entonces salió a luz un documento grande del faraón a quien la Biblia llama Sisaq (Sesonq I). Esto consistió en un imponente relieve en jeroglíficos y dibujos en el muro sur del inmenso templo egipcio de Karnak (la antigua Tebas). En ese gigantesco relieve está representado el dios egipcio Amón, quien lleva en la diestra una espada en forma de guadaña. Él le trae al faraón Sisaq 156 prisioneros palestinos maniatados, sujetados por cuerdas a su mano izquierda. Cada prisionero representa una ciudad o aldea cuyo nombre aparece en jeroglíficos. Entre las que todavía se pueden leer e identificar están: Rabit (Jos. 19:20); Taanac, Bet-seán y Meguidó (Jos. 17:11); Sunem (Jos. 19:18); Rehob (Jos. 19:28); Hafaraim (Jos. 19:19); Gabaón (Jos. 18:25); Bet-horón (Jos. 21:22); Ayalón (Jos. 21:24); Socoh (Jos. 15:35) y Arad (Jos. 12:14). El documento también se refiere al “Campo de Abrán”, y esta es la mención más antigua de Abrahán en registros egipcios.


En 1868 el misionero alemán F. A. Klein hizo el extraordinario descubrimiento de una antigua inscripción en Dibán (Dibón). Esta ha llegado a conocerse como la Estela Moabita. Se hizo un molde de su escrito, pero la estela misma fue hecha pedazos por los beduinos antes de que pudiera ser trasladada. Sin embargo, la mayoría de los pedazos se recobraron, y ahora se conserva esta estela en el Louvre, París, y hay una copia en el Museo Británico, Londres. Originalmente fue erigida en Dibón, Moab, y da la versión del rey Mesá sobre su revuelta contra Israel. (2 Rey. 1:1; 3:4, 5.) Dice en parte: “Soy Mesá, hijo de Kemós [...], rey de Moab, el dibonita [...] Respecto a Omrí, rey de Israel, él humilló a Moab por muchos años (literalmente, días), porque Kemós [el dios de Moab] estaba encolerizado con su país. Y su hijo le sucedió y también dijo: ‘Humillaré a Moab’. En mis días habló (así), pero ¡he triunfado sobre él y sobre su casa, mientras que Israel ha perecido para siempre! [...] Y Kemós me dijo: ‘¡Ve, quítale Nebo a Israel!’. Así que fui de noche y peleé contra ella desde que despuntó el alba hasta el mediodía; la tomé y maté a todos [...] Y tomé de allí los [vasos] de Yahveh, y los arrastré ante Kemós”. Note la mención del nombre divino en la última oración.
(La Estela Moabita también menciona los siguientes lugares bíblicos: Atarot y Nebo (Núm. 32:34, 38); el Arnón, Aroer, Medebá y Dibón (Jos. 13:9); Bamot-baal, Bet-baal-meón, Jáhaz y Quiryataim (Jos. 13:17-19); Bézer (Jos. 20:8), Horonaim (Isa. 15:5); Bet-diblataim y Queriyot (Jer. 48:22, 24). Así confirma la historicidad de esos lugares.)

La sabiduria científica de la Biblia

Posté le 21.01.2008 par hermanogitano
Es verdad, que la Biblia, no es un libro de ciencia; pero cuando ella trata de ciencia, es extraordinariamente verdadera.

Esto no quiere decir que la Biblia está en completa armonía con lo que dicen los libros de texto científicos.
Pero, son tantos los puntos en común que es necesario preguntarnos: ‘¿Cómo es que sabían tanto aquellos primeros escritores de la Biblia?’.
Considerando que el nivel de conocimiento científico en aquellos días lejanos era rudimentario, solo pudo deberse a que alguien les transmitiera esa información... un sólido apoyo al hecho de que la Biblia es realmente la Palabra de Dios.

Veamos una de las pruebas de que la Biblia es extraordinariamente verdadera cuando habla de ciencia.

“[Dios] está extendiendo el norte sobre el lugar vacío, colgando la tierra sobre nada." (Job 26:7)
Sí, más de 3.000 años atrás la Biblia señaló, correctamente, que la Tierra no tiene apoyo visible, un hecho que está en armonía con las leyes de la gravitación y la moción, que han sido entendidas en tiempos relativamente recientes.

Unos 2.700 años atrás, la Biblia dijo: “Hay Uno que mora por encima del círculo de la tierra, los moradores de la cual son como saltamontes” (Isaías 40:22).
La palabra hebrea chugh, traducida “círculo”, también puede significar “esfera”.
Como se ve, la Biblia no estuvo bajo la influencia del concepto erróneo de una Tierra plana, que era el punto de vista general cuando la Biblia fue escrita. La Biblia fue exacta.

“Los ríos desembocan en el mar y éste nunca se llena, y el agua vuelve a los ríos y nuevamente fluye hacia el mar”. (Eclesiastés 1:7, La Biblia al Día.)
Por mucho tiempo los humanos han notado que los ríos fluyen a los mares y a los océanos y sin embargo la profundidad de los mares y los océanos no aumenta.
Algunos creían, hasta cuando se aprendió que la Tierra es esférica, que esto se debía a que desde los extremos de la Tierra se estaba derramando y perdiendo una cantidad igual de agua.
Sin embargo, la Biblia ya daba la verdadera explicacion mucho antes que el hombre se diera cuenta de ello.

La Biblia dice que en los días de Noé un gran diluvio cubrió las más altas montañas de la Tierra y destruyó toda la vida humana que se hallaba fuera de la enorme arca construida por Noé (Génesis 7:1-24).
Muchas personas se han mofado de este relato.
Sin embargo, no pueden explicar porque en elevadas montañas se hallan caparazones de organismos marinos.
La gran cantidad de fósiles y cuerpos muertos depositados en lodo congelado es prueba adicional de que un diluvio de proporciones inmensas ocurrió en el pasado no muy distante.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. (Génesis 1:1.)
Esta declaración, de que hubo un principio, armoniza con las observaciones científicas actuales.
Luego, según la Biblia, hubo un período en que la Tierra estaba “sin forma y desierta”, deshabitada e inhabitable. (Génesis 1:2.)
Los geólogos que tratan de reconstruir la historia primitiva de la Tierra indican que hubo un tiempo en que esa fue la condición de la Tierra.
Después de esto, la Biblia pasa a describir cómo se formaron los mares y las masas de tierra.
Apareció la vida vegetal, las criaturas marinas, las aves y, luego, los animales terrestres. Finalmente apareció el hombre.
En líneas generales, esto es muy similar a lo que los científicos han descubierto al examinar el estrato geológico más antiguo de la Tierra, y hasta concuerda con el orden general de aparición de la vida en la Tierra. (Génesis 1:1-28.)

“Cuando te agaches fuera, entonces tienes que cavar un hoyo con [un instrumento de cavar] y volverte y cubrir tu excremento” (Deuteronomio 23:13).
Así, lejos de prescribir excremento para tratamiento médico, la Biblia dio instrucciones de disponer apropiadamente de los desechos humanos.
Hasta el siglo actual, por lo general no se conocía el peligro de dejar los excrementos expuestos a las moscas.
Esto resultó en que se esparcieran graves enfermedades portadas por las moscas, y en la muerte de muchas personas.
Sin embargo, el remedio sencillo estaba registrado en la Biblia durante todo ese tiempo, y los israelitas lo seguían más de 3.000 años atrás.

Durante el siglo pasado, el personal médico pasaba directamente de estar manejando cadáveres en el cuarto de disección a la sala de maternidad para efectuar exámenes, y ni siquiera se lavaban las manos.
Así se transferían infecciones de los muertos a los vivos, y muchas otras personas morían. Hasta cuando se demostró el valor de lavarse las manos, muchos miembros de la comunidad médica opusieron resistencia a estas medidas higiénicas.
Indudablemente sin que lo supieran, estaban rechazando la sabiduría de la Biblia, puesto que la ley de Jehová a los israelitas decretaba que cualquier persona que tocara a un cadáver se hacía inmunda y tenía que lavarse y lavar su ropa. (Números 19:11-22.)

“Todo varón de ustedes que tenga ocho días de edad tiene que ser circuncidado”. (Génesis 17:12)
No se explicó por qué se había especificado el día octavo, pero ahora lo entendemos.
La investigación médica ha descubierto que la vitamina K, un elemento coagulador de la sangre, sube a un nivel adecuado únicamente para entonces.
Fundándose en esta evidencia, el Dr. S. I. McMillen llegó a esta conclusión: “El día perfecto para ejecutar una circuncisión es el octavo día”.
¿Fue esto simple coincidencia? De ninguna manera. Fue conocimiento que comunicó un Dios que sabía lo implicado.

Otro descubrimiento de la ciencia moderna es el grado a que la actitud mental y las emociones afectan la salud.
Una enciclopedia explica: “Desde 1940 se ha hecho cada vez más claro que la función fisiológica de los órganos así como los sistemas de órganos están estrechamente relacionados con el estado mental del individuo, y que hasta pueden ocurrir cambios en los tejidos de un órgano que haya sido afectado de ese modo”.
Sin embargo, mucho tiempo atrás en la Biblia se hizo referencia a esta estrecha relación entre la actitud mental y la salud física.
Por ejemplo, la Biblia dice: “Un corazón calmado es la vida del organismo de carne, pero los celos son podredumbre a los huesos”. (Proverbios 14:30)
Tambien dice : "Un corazón que está gozoso hace bien como sanador, pero un espíritu que está herido seca los huesos." (Proverbios 17:22.)

En verdad la sabiduría de la Biblia aventaja por mucho a los descubrimientos modernos. Como una vez escribió el doctor James T. Fisher: “Si se fuera a tomar la suma de todos los artículos autoritativos escritos por los más capacitados sicólogos y siquiatras en el asunto de la higiene mental —si se fuera a combinarlos, y refinarlos, y a echar fuera la verbosidad excesiva— si se tomara toda la carne y nada del perejil, y si estas porciones no adulteradas de conocimiento científico puro hubieran de ser concisamente expresadas por el más capacitado de los poetas vivientes, se tendría un resumen inadecuado e incompleto del Sermón del Monte”.

Todo eso da prueba de la veracidad del texto Biblico :
"Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia, para que el hombre de Dios sea enteramente competente [y esté] completamente equipado para toda buena obra."
(2 Timoteo 3:16-17)
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